Detrás del récord

El índice S&P 500, que representa el valor de las empresas de mayor capitalización bursátil en EE.UU., volvió a “romper” su máximo nivel histórico al cierre de agosto, llegando al récord de 2.914 puntos. Debido a esto, los inversionistas globales ponen el foco en la bolsa norteamericana y miran con cautela su desempeño futuro.
Vale la pena entonces entender la real magnitud de este nuevo récord y los posibles efectos que pueda tener en términos del desempeño de la bolsa de la principal economía mundial.
En primer lugar, el S&P 500, como la mayoría de los índices bursátiles globales, se calcula en base a las variaciones de precio de cada uno de sus miembros. Por lo tanto, lo lógico es que suba en la medida que aumentan las utilidades de las compañías, lo que ocurre naturalmente en la medida que crece la economía en general. Así, no tiene demasiado sentido sacar conclusiones respecto de sus niveles absolutos. Esto sería equivalente a decir que el crecimiento en EE.UU. se ve amenazado ya que el nivel del PIB alcanzó su máximo histórico. Mejores métricas son las que incorporan valorizaciones relativas al flujo que generan las compañías o al valor de los activos. Ejemplos de esto son el ratio precio/utilidad y el precio sobre valor libro. Ambos indicadores se encuentran en niveles sobre el promedio histórico pero están lejos de sus máximos históricos.
Alguien escéptico del análisis anterior podría decir que, aún cuando sea un índice que crece con los precios, podría tener efecto en el sentimiento de los inversionistas y por ende condicionar, en alguna medida, los retornos futuros. De hecho, es cierto que algunas crisis históricas como la “Burbuja punto com” del 2000 y la “Crisis subprime” de 2008 estuvieron precedidas de máximos históricos nominales del índice. Sin embargo, al analizar desde 1871 a la fecha, vemos que el retorno promedio del S&P500 en los 12 meses posteriores a alcanzar un nuevo máximo es 7,8%, lo que no tiene diferencia estadísticamente significativa con el retorno promedio de largo plazo.
Por lo tanto, lo importante es no dejarse alarmar por los titulares, no tomar decisiones apresuradas ni intentar hacer timing al mercado ya que la probabilidad de equivocarse es muy alta. Todo portafolio bien estructurado debe tener exposición a la bolsa de EE.UU. como parte de una estrategia de renta variable internacional diversificada. En el largo plazo, eso es lo único que paga.
Publicado originalmente en La Segunda el 06-sept-2018 [LINK]
