Tiempo, enemigo del diseño y la creatividad.

Eloy Rodriguez
May 28, 2018 · 4 min read

El tiempo, esa dimensión no natural que el humano se ha inventado para contar los eventos que ocurren en la materia del universo, se ha convertido en un elemento muy peligroso en nuestra vida laboral y personal.

Tiempo es dinero, y dinero compra tiempo. Esta es la máxima de un sistema capitalista que ha generado beneficio cuantificando esta medida, y que nos ha llevado a un mundo rápido y taquicárdico con consecuencias cada vez más notables especialmente en el sector socio-económico, donde este valor es la moneda de cambio transaccional, aunque a priori no lo parezca.

En términos laborales, cuando alguien te paga un sueldo o un servicio, está pagando por tus capacidades y conocimientos, es decir, te pagan por el tiempo que inviertes en producir algo, o la experiencia que has acumulado durante años para aplicarla en necesidades concretas. Si nos paramos a pensar, generalmente nuestro trabajo se mide en horas laborales y jornadas.

En términos de proyectos, estos tienen un presupuesto, o una inversión. Este cómputo no es más que relaciones de dinero/tiempo/recursos para contabilizar la rentabilidad de una o varias tareas.

Obviamente, las empresas deben ser rentables, y por ello es normal que el tiempo se convierta en un valor y, en consecuencia, la falta de este conlleva a procesos de fabricación y rentabilidad cada vez más rápidos y eficientes.

Pero en la búsqueda de esta eficiencia es fácil que dejemos de lado algo aún más importante: la creatividad y la calidad.

La democratización del Diseño Rápido.

Parece que hoy en día hay que ser muy ágil, iterar lo antes posible y sacar un MVP en unos meses para llegar al mercado y empezar a vender. Trabajamos en proyectos que se convierten en maratones únicamente porque el mercado (o el cliente) así lo pide. Pero los usuarios probablemente no.

Correr, hay que correr. El mundo es muy rápido y hay que seguirle el ritmo.

Hay que diseñar por sprints, entregar cuanto antes, sin perder ni un día de descanso y cumplir las fechas de entrega. Utilizar metodologías de producción, para que cada semana el proceso de diseñar se convierta en una cadena de fabricación con resultados cuantificables para ser rentabilizados. Cada día una función y una meta a cumplir.

No me malinterpretes. Soy un claro defensor de las metodologías que ayuden a mejorar los procesos y el propio trabajo. Pero soy un enemigo de las prisas innecesarias y las gestiones que no permiten equivocarse o, simplemente, disfrutar el proceso.

La ‘procastinación’ es un elemento clave en cualquier proceso creativo. Una idea no puede ser buena si no se trabaja, se debate colectivamente y se macera. Las cosas hay que dejar que se cuezan a su tiempo. No todo se puede meter en la freidora.

Recordemos que los jefes y/o empresas de mierda, hablando en plata, asumirán máximas como “hay que tener una propuesta para este viernes, sí o sí”, “lo ha pedido el cliente”; o mi frase preferida: “si tienes que quedarte más horas, te quedas”.

La diferencia entre hacer horas extra para mejorar y perfeccionar una tarea, a hacerlo constantemente porque no se dispone de tiempo suficiente para hacerla, es la divergencia entre calidad y rentabilidad rápida. Es la diferencia entre una buena y una mala gestión del tiempo.

La creatividad es un proceso complejo, y como tal, es necesario buscar el equilibrio en las horas, días o meses que se necesita para generar una respuesta innovadora. Por eso es necesario aceptar que el tiempo es un elemento intrínseco en cualquier tarea creativa:

  1. Tener poco tiempo dará lugar a un proceso apretado, en el que las opciones de equivocarse se ven reducidas y, por tanto, la propia creatividad, innovación y calidad del trabajo (y el bienestar de las personas).
  2. Tener tiempo de sobra quiere decir que algo no es rentable, y alguno de los involucrados estará perdiendo, probablemente, dinero o más tiempo.

Personalmente, creo que el tiempo es el elemento más peligroso para el diseño y un enemigo a tener en cuenta. Es algo totalmente externo a la necesidad de solucionar un problema concreto, y muchas veces se convierte en el principal contratiempo. Pongamos un ejemplo:

En el año 63, Dieter Rams, con su equipo de Braun, tenía que diseñar la mejor radio de la historia para el gobierno alemán. Le dieron un año, y presupuesto ilimitado.

Lo consiguió.*

Lo más importante no era crear la radio perfecta, era entregarla al cliente lo antes posible por necesidades políticas. La circunstancia temporal se convirtió en el principal problema. No tenían tiempo, pero al menos lo equilibraron con un presupuesto ilimitado.

En nuestro días, creo que ningún colgao le daría presupuesto ilimitado a un proyecto pero, al menos alguno, otorga el tiempo suficiente como para asegurar que el producto final sea prácticamente inmejorable.

Si queremos encontrar la creatividad, la calidad y la excelencia (esa palabra que tanto se usa pero que muy pocos consiguen) más nos vale defender el tiempo y gestionarlo como un valor muy preciado. Aunque también hay que admitir que la falta de este, de forma puntual, puede ser un atenuante y un reto que puede disparar la creatividad.

Debemos pelear contra este enemigo y exigir tiempo en cualquier proyecto y, probablemente, en cualquier aspecto de la vida. No debemos tener tanta prisa, el mundo no la tiene, tan solo el dinero.

Aunque siempre podrás ‘vivir rápido y dejar un mediocre proyecto.’

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Above the Folk

Artículos sobre UX, UI y Service Design en español.

Eloy Rodriguez

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Escribo sobre cosas que a veces pienso. www.eloyrs.com

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