No me muestres tu Garmin

La verdadera historia de un corredor no está en sus marcas. Está en las marcas de sus pies.

Los corredores somos una manada de sujetos aplicados, metódicos, cuidadosos y detallistas; todas cualidades que aplicamos no solo al entrenamiento, la dieta y la planificación de una carrera o temporada completa sino que invariablemente trasladamos al resto de nuestras vidas.

Sin embargo aquello que mas satisfacciones nos da también a menudo es lo menos prolijo: nuestros propios cuerpos. No hablamos de higiene, si existe una persona en plena conciencia de los aromas corpóreos sin duda se trata de un corredor; hablamos del cuerpo en si mismo. El permanente contacto con el frío o el calor extremos, la tierra y las piedras, las zapatillas muy ajustadas o muy sueltas, la indumentaria que estrenamos y que resultó incómoda en cada costura, la malla del cronómetro, esa rama de un árbol que terminó impactando contra nuestra anatomía tras un cálculo erróneo de su altura, esa raiz del mismo árbol que se colocó frente a nuestros pies como venganza por los insultos que arrojamos hacia la rama de hace un par de renglones… nada que esté expuesto cotidianamente a semejantes condiciones puede resistir demasiado tiempo en condiciones de cero kilómetro.

Así, el cuerpo del corredor es un muestrario de moretones, lastimaduras, raspones, ampollas y marcas de bronceado multicapa. Pero lo peorcito de nuestra anatomía aparece cuando nos sacamos las zapatillas y las medias: los pies de un corredor son el espectáculo menos agradable para acompañar la sobremesa. Al menos, conscientes del repertorio de uñas negras, callos y ampollas, los escondemos tanto como es posible.

Sin embargo, hay una categoría de corredor que no se ve afectado por ninguno de estos achaques. El querido corredor golondrina tiene todo el invierno para descansar, crecer uñas nuevas, visitar la pedicura para arreglar uñas encarnadas y limar asperezas. Sus pies, agradecidos de la falta de actividad, se regeneran y cobran nueva vida en una especie de hibernación podológica que los deja como nuevos.

Por eso, si te considerás un verdadero corredor y estás orgulloso de serlo, no me digas cual fue tu mejor marca en 10K, no me muestres una selfie que te sacaste en la largada de tal o cual carrera multitudinaria ni la medalla finisher de cuando te fuiste a correr al exterior.


No me muestres tu Garmin.

Mostrame tus pies los primeros días de la primavera,
toda la evidencia que necesito está ahí.
Cuando realmente pones
garra,
no se pueden tener las
patas prolijitas.


Los pies mas feos del mundo.


Abrazo De Finisher

Correr es para valientes

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