Por qué desarrollar un proyecto de periodismo social sobre accesibilidad en Montevideo

Un experimento de un año sobre ir al grano en un tema, conversar en serio y tratar de ofrecer un servicio.

Fuente: Wikipedia

Desde hace ya casi once años, cuando puse por primera vez un pie dentro de una redacción, empecé a responderme una pregunta que me asaltó durante toda mi vida previa como lector. ¿Cuál es el efecto de lo que un medio produce sobre la gente? ¿Cómo sabemos que lo que hacemos desde un medio tiene efectivamente el efecto que buscamos en el tejido social? ¿Cómo podemos reducir el margen de error de nuestras coberturas en ese sentido? ¿Estamos cubriendo los enfoques que son relevantes para la gente a la que aludimos en nuestro trabajo?

Estas preguntas se mantuvieron en mi cabeza tanto durante el tiempo en que fui periodista cultural como durante mis breves periodos en áreas de periodismo de ciudades o incluso cuando hice reseñas para las campañas electorales. Pasé a ser editor de un suplemento de cultura, ciencia y tecnología, y la duda seguía ahí. Trabajé en medios que avanzaban hacia lo digital y tenían sus espacios de comentarios, pero más allá de lo que escribiera la gente, el intercambio no aparecía. El bache enorme entre lector y medio persistía.

En 2013 tuve una oportunidad que me ayudó a ver mi trabajo de una forma diferente: me encomendaron encargarme de la gestión de las redes sociales del medio en el que trabajo, de desarrollar nuevos canales allí y de pensar en formatos que aludieran mucho más al lector y a atraer su interés conforme se acercaban más y más al contenido del medio por esta vía. Una de las primeras y obvias medidas fue responder todos los mensajes que enviaban y ofrecer a los periodistas aquellos temas o datos que nos enviaran. En la redacción de El Observador, el editor de redes sociales se sienta apenas a pocos metros de los editores jefe. Con sus mensajes privados, sus reclamos y sus datos, los lectores estaban posicionados en un sitio ideal para influir en la cobertura de un medio masivo, al menos, en los papeles.

Pero por muy cerca que estuvieran los lectores de los editores jefe, su lugar en el proceso periodístico (al final, como simples consumidores, cuando la nota ya está publicada) no se había modificado salvo algunos casos puntuales en los que algún “pique” enviado por un lector llamaba la atención de algún editor o periodista. Si por un momento pensás que a lo mejor en su conjunto una comunidad de lectores puede en potencia tener más información que cualquier otro recurso, la ecuación no termina de cerrarte. Eso es lo que me pasaba a mí.

En 2015 tuve la chance de ser el primer periodista latino en probar con El Observador una herramienta llamada Hearken que significó un paso adelante en ese sentido y mi primera sensación de que algo más podía ayudar al proceso de acercarnos a quien nos lee. Mediante una interfaz sencilla y fácil de colocar en una web, Hearken permite que convoques a los lectores de tu página a sugerirte enfoques y temas que luego podés someter a votación. La promesa es que ganás por partida doble: tus lectores entran al diario, te sugieren temas y enfoques que seguramente no surgen en una redacción (seamos honestos: no todas las ideas buenas pueden salir de las reuniones de editores y las de periodistas) y entonces pueden apoyar y añadir valor a lo que se decide cuando esas reuniones suceden. Como además los lectores votan sobre las propuestas, también esto te da una pauta mejor de lo que puede llegar a funcionar.

Los resultados fueron realmente muy buenos: de seis artículos cuyos temas surgieron a través de esta metodología, cuatro estuvieron en el top 10 de las notas más leídas de su día de publicación. De esas cuatro, tres estuvieron en el top 3 y dos llegaron al primero. Hubo una que incluso estuvo en primer lugar dos días. Y los temas derriban cualquier prejuicio: nos sugirieron averiguar sobre cómo maneja sus cuentas la principal central sindical del Uruguay. Nos preguntaron por qué los contenedores de basura complican a los conductores de coches en Montevideo y qué sucederá con una reliquia arquitectónica histórica y ajada que es el gran misterio de la rambla de esta ciudad. Pudimos hablar con los lectores que proponían estos temas para preguntarles por qué nos proponían eso, entender un poco mejor su punto de vista y contárselo al lector. Lo que hicimos bien fue tener la humildad de hacer esto y de reconocer que nos pueden ayudar, y mucho.

Comprobamos entonces lo que sospechábamos: que nuestros lectores no son meros receptores, entes o trolls de esos que solo entran a una página de Facebook a despotricar contra alguien, algo, o contra nuestro trabajo. ¿Quiere decir esto que va a venir un señor de Carrasco, de Malvín, de Sayago o del Prado a decirnos cómo tenemos que hacer el diario? Por supuesto que no. Pero quizá, como son quienes nos leen, puedan darnos una pista sobre qué podemos hacer para ofrecerles un mejor servicio, para apoyar mejor su toma de decisiones trabajando desde nuestra línea editorial. Entonces, ya la cosa no era llegar al lector para que hiciera click, sino llegar a él para que nos hablara. Y para escucharlo en serio.

Iniciativas como Hearken son apenas la punta del iceberg de un movimiento mucho más fuerte: el de la redefinición del concepto de “periodismo social” orientada hacia la relación entre un medio y un lector. Hasta este momento, los medios consideraban (muchos al día de hoy lo siguen pensando) que el engagement es un concepto que tiene que ver solo con shares, retuits, comentarios y likes. Para otros, vincularse con un lector (hacer engagement) es conseguir que la audiencia te ayude a detectar temas e informaciones que ni el periodista con más fuentes podría conseguir. Pero, como lo dice Mónica Guzmán en este texto sobre construir audiencias y escucharlas, la mejor forma de plantearse el engagement es hacer que a tu audiencia le importe lo que vas a publicar. Es ahí donde Hearken extrae lo mejor del asunto. Y es esa la premisa que, para grandes pensadores contemporáneos de la prensa como Jeff Jarvis en su libro Geeks bearing gifts (se puede leer entero y gratis) puede darle una mano al periodismo en su pelea por recuperar relevancia.

Acceder a los lectores es un paso adelante para otras cosas, entre ellas para identificar comunidades de las que podamos extraer mejor información sobre un tema, comunidades que al tener a mano podremos ofrecer nuestra cobertura. Cuando le cuento esto al 90% de los periodistas y alumnos, no logramos conectar. Lo que ellos me dicen es: ¿No se ha tratado de esto el periodismo durante toda su historia? ¿No es esto lo que hacen los buenos periodistas? Para responderles, cito a Carrie Brown, directora del máster en Periodismo Social de la City University of New York que fundó Jarvis:

“Las formas tradicionales (de obtener información y de tomar contacto con las comunidades de interés) no existen más y, para empezar, nunca existieron en realidad”.

Lo que está queriendo decir es que incluso en sus puntos más altos y picos de funcionamiento muchas de las organizaciones periodísticas tradicionales tienen problemas para cubrir comunidades con escasa visibilidad y poca representación. Incluso cuando lo intentan realmente y más allá de su agenda, porque su propia lógica de funcionamiento lo complica. Sucede que hay una oportunidad con el uso de las redes sociales y la nueva tecnología que recién estamos empezando a aprovechar. De momento, solo lo hacemos para generar cifras, retuits, etcétera. Pero mi pronóstico es que esto no se va a sostener demasiado tiempo, o al menos, no para todos los medios de comunicación. O simplemente, no va a ser central si lo que querés es informar bien sobre un tema o a un determinado grupo de personas unidas por un interés en concreto. Añade Carrie:

“Los periodistas sociales creen que la forma de hacer mejor las cosas comienza con escuchar. El periodismo no debería ser un producto: debería ser un servicio. Ese servicio comienza con escuchar las necesidades que una comunidad le comunica, no aquellas necesidades que el periodista cree que esa comunidad tiene. Eso toma tiempo. La confianza se tiene que generar. Se pasa más tiempo escuchando que reporteando”.

La idea está lejos de ser un concepto que se circunscribe al ámbito académico o al romanticismo profesional ingenuo: el Guardian con The Counted, ProPublica con varios proyectos como este, iSee Change con temas de cambio climático, la BBC con Pop Up, La Nación con VozData y otros son apenas parte de todo lo que se está generando sobre esta corriente de periodismo participativo, hoy. Hay, además, una comunidad de cientos de periodistas en la Crowd-Powered News Network compartiendo experiencias, dudas, enfoques e ideas para hacer que estos proyectos se multipliquen y perfeccionen.

Yo creo que esto está apenas empezando y es evidente que la discusión profesional recién comienza. Por eso vamos a intentar comprobarlo en el terreno, equivocándonos en el camino y haciendo público ese proceso de ensayo y error. En la Universidad de Montevideo tenemos en marcha un proyecto con el que vamos a ver qué tan lejos podemos llegar al tomar contacto con una comunidad dedicada a un asunto en concreto. Vamos a hacer periodismo tradicional y vamos a tratar de incorporar elementos digitales. Pero sobre todo, vamos a intentar que nuestras fuentes estén primero que nuestras suposiciones y nuestro (hipermasajeado) ego profesional.


¿Y por qué accesibilidad?

En este punto, la respuesta es simple: además de ser una de las prioridades de la gestión del intendente de Montevideo, Daniel Martínez, la accesibilidad hace al concepto de inclusión de todos los componentes de un tejido social al espacio en el que se desarrolla. La creación, además, de una Secretaría de Accesibilidad e Inclusión, que hace foco en estos temas, es síntoma de que la gestión municipal se está moviendo en ese sentido.

Según un texto de Federico Lezama, Coordinador Ejecutivo de la Secretaría de Gestión Social para la Discapacidad en la revista Rampa, dedicada a la comunidad vinculada al tema, desde esa secretaría “no pretendemos elaborar políticas dirigidas hacia las personas con discapacidad, sino que serán pensadas desde la perspectiva de la discapacidad y con las personas con discapacidad”. Es decir, que el acercamiento a la comunidad se resignificará hacia otros métodos y estrategias.

Es mucho lo que hay para hacer en este sentido, incluso definir algunos conceptos. Añade Lezama en ese mismo texto: “Debemos pasar a la ‘era de la constatación’. Para ello es imperiosa la necesidad de establecer en Uruguay una valoración y certificación única de la discapacidad, definición sobre la cual no hay quien pueda sostener técnica o políticamente lo contrario”.

En paralelo hay mucho por definir: políticas nacionales, partidas presupuestales y demás áreas cuyo conocimiento explicarán las soluciones y los problemas que vive alguien con necesidades de accesibilidad en este país.

Pero algo es claro: si queremos que la ciudad en la que vivimos esté ajustada a los requisitos de la contemporaneidad, incluir a todos los ciudadanos debe ser tan importante como mejorar la limpieza o el transporte público general.

El éxito de este proyecto tendrá que ver no tanto con nuestra cobertura sino con nuestra capacidad para hacer que las personas involucradas en este asunto nos hablen y que eso se convierta en contenido periodístico relevante, de reevaluar procedimientos, fuentes y temas, y de mejorar sobre la marcha. Pero sobre todo, lo primero: que los ayudemos a tener un poco más de voz.

Entonces, ¿qué necesitamos hoy?

Para empezar: que todas las asociaciones vinculadas al tema accesibilidad, en todo o en parte, nos bajen línea. Sí, que nos digan qué es lo que tenemos que cubrir y sobre qué temas deberíamos enfocarnos, para comenzar. El objetivo último: llegar a las personas, a sus historias, a sus necesidades de información. Y vincularlas a todas. El resultado de esto quizá no sea (o no sea solo) una nota, o un informe, o un video, sino una conversación en la que incluso lo publicado se corrija o aclare, o crezca con aportes de lectores que lleguen más tarde a la nota.

Vamos a trabajar hasta fin de año con Álvaro Pérez y Camila Bello y aún estamos resolviendo temas y formatos mientras compaginamos esta tarea junto con nuestras jornadas laborales).

¿Qué necesitamos para empezar? En realidad ya empezamos, pero el sentido de esto es comunitario y enfocado al público. Queremos escuchar tus “por qué” sobre el tema y salir a investigar. Así que si estás interesado en el tema o tenés algo para compartirnos de información sobre el asunto, o si sos parte de esta comunidad de personas interesadas en el tema de la accesibilidad en Montevideo y querés acercar a hacer algo con nosotros, la cosa comienza contigo. Y lo vamos a hacer acá, en Medium.


En suma y para resumir:

  • Existe hoy en día una distancia entre medios y lectores que se está achicando.
  • Vamos a intentar reducir la brecha un poco más acercándonos de la forma más simple: buscando a todos los interesados y dándoles cabida no solo mencionándolos, sino en la propia cobertura.
  • La raíz del “periodismo social” se basa en que el engagement es en realidad eso: acercar a los lectores no solo para que te den información, sino para saber cuál tipo de información darles.
  • No es ni una revolución ni la última novedad. Es una propuesta para aplicar las formas tradicionales del periodismo para relacionarse con fuentes y lectores pero aplicándolas de un modo en el que antes, sin las herramientas tecnológicas que tenemos, hubiera sido imposible.
  • Es periodismo participativo pero esto no quiere decir que la gente vaya a ser la que hace periodismo. Si tenemos una buena llegada a la comunidad, de sus integrantes conseguiremos conceptos, puntos de vista, testimonios y necesidades que nosotros vamos a tomar. Intentaremos con esto que la cobertura sea más constante, más justa y más equilibrada.
  • Ese proceso no es lineal, no basta con hacer una convocatoria: para que suceda, hay que aprender a escuchar. Y quienes hacemos esta revista no sabemos hacerlo aún, partimos de esa premisa. Vamos a intentar aprender a hacerlo y contar ese proceso.
  • Nos vamos a dedicar a la accesibilidad en Montevideo porque es una prioridad municipal, pero sobre todo porque es un tema en el que se juega el futuro de una ciudad.
  • La redefinición del concepto de accesibilidad y de persona con necesidades de accesibilidad requiere de otra toma de contacto con las comunidades.
  • Por eso, ya convocamos a todos los interesados en este asunto, a todos los que quieran colaborar, a todos aquellos que tengan cerca a alguien que pueda contarnos cómo es vivir en Montevideo hoy con necesidades de accesibilidad. Y vamos a aprender a hacerlo de la mejor manera. Aquí no hay manual ni procedimiento estándar. Advertencia: nos vamos a equivocar.
  • Lo vamos a hacer convencidos de que es una forma de contribuir con algo al futuro de nuestra profesión, seas cuales sean las conclusiones.

Así que, ¡ahí vamos! En breve, comenzamos aquí:

https://medium.com/acceder