La ruta del esparri

Fotografía: Pixel Studios — Realización audiovisual

Expertos del Banco Mundial aseguran que el trabajo informal frena y afecta a las economías latinoamericanas. Sin embargo, para algunos resulta ser la única salida para alcanzar un sustento.


“¡¡Socorro, Socorro, Socorro, Socorro!!, ¡¡Señora, Socorro!!”, grita un joven que va colgado de la puerta de una colorida buseta por la Avenida Pedro de Heredia, vía principal de Cartagena de Indias. El sol es inclemente, y la temperatura raya lo insoportable. La situación del tráfico no ayuda, pues la excesiva cantidad de carros, buses y motos dispara al límite la sensación térmica. El joven que vocifera y luce bermudas de jean, camiseta azul chillón, gorra naranja y chancletas como de fomi no está pidiendo auxilio, ni ayuda, ni nada parecido. En realidad está trabajando, así como otros cientos de muchachos que no necesariamente exclaman ¡Socorro! -así se llama un barrio de la ciudad-, sino los nombres de otros destinos de la urbe, la gran mayoría alejados de esa Cartagena que siempre se empeña en mostrar la ficción con sus ‘hermosas’ playas, sus históricas construcciones y sus bellas y cálidas mujeres.

La escena resultará familiar para quienes viven en Cartagena o para los que, por lo menos, van a menudo. A ese que grita colgado del bus se le llama esparri o esparrin -del inglés ‘sparring’, grosso modo conocido como ‘ayudante’-. Y se le denomina así porque es el asistente del que está tras el volante. El esparri no sólo grita a los transeúntes la ruta del bus. Tiene muchas otras tareas, como cobrar el dinero del pasaje; ayudar a subir y bajar niños, ancianos, mujeres embarazadas, etc; decirle al conductor cuándo parar y avanzar; pedirle a las personas liberar espacio al interior del vehículo; entregar la cartulina en los puntos de control de la ruta; cuidar a los pasajeros de los ladrones; negociar rebajas, y otras más. A grandes rasgos es quien mantiene el ‘orden’ en los buses de Cartagena, esos que brillan con fuerza de día y parecen discotecas de noche. Y muchos de estos esparris son jóvenes entre 15 y 25 años.

La figura del esparri está arraigada en la cultura oral cartagenera, es muy tradicional, y es materia de conversación recurrente y jocosa. Está tan presente que, por ejemplo, un joven de estrato seis me dijo mientras conversábamos sobre ello “¿Es que quién no jugó a ser esparri?”. Durante la niñez, uno se siente mayor cuando adquiere la destreza para lanzarse del bus cuando todavía se mueve, como los esparris. Son todo un tema. ¿Y cómo podrían no serlo? Si para captar pasajeros gritan hasta “¡Compa, por la avenida, con wi-fi!”.


La rutina de los esparris comienza bien temprano. De 4 a 4:30 de la mañana se alistan para salir al ruedo. Se encuentran con el conductor en el punto de inicio de la ruta, y empieza el recorrido. Lo normal es que un esparri no viva cerca del paraíso vacacional explotado por la publicidad y las películas. Los esparris moran lejos, en la Cartagena real, desde donde salen a trabajar de madrugada.

Pero, ¿cómo volverse esparri? Es simple y lógico. Sólo hay que conocer a un chofer de bus. Lo usual es que este viva cerca del esparri, sean vecinos o incluso familiares. Luego hay que esperar a que él haga la oferta de trabajo, o decirle tú mismo “Vale mía, quiero trabajar”, y ya está. Él dirá qué días de la semana tienes turno. Si cuentas con suerte, podrás oficiar casi a diario.

Fotografía: Pixel Studios — Realización Audiovisual

No hay contratos que establezcan duración, ni seguridad social, ni prestaciones, ni garantías, ni liquidación, ni nada. Es un procedimiento muy informal, como la mayoría de las oportunidades de empleo en Colombia, y más aún en Cartagena. Expertos del Banco Mundial aseguran que el trabajo informal frena a las economías latinoamericanas que se ven altamente afectadas por este fenómeno. Los esparris entrarían en el grupo de aquellos a los que le parece poco atractivo el tema de la formalidad, y toman conscientemente la decisión de excluirse de los beneficios que les brinda el estado con el trabajo formal. La tasa de empleo informal en la capital de Bolívar se acerca al 55% (DANE), por lo que esta práctica es vista con normalidad. En ‘La Heróica’ cada quien se ‘rebusca’ como puede, y esta forma, según Wílder Peña Contreras, quien trabajó como esparri desde los 17 hasta los 22 años, “no es menos legítima que otras”.

Los esparris trabajan el doble de lo que establece la jornada laboral en Colombia

Los esparris trabajan aproximadamente 16 horas diarias. De 4:30 am a 8:30 pm, de 5 am a 9 pm, de 6 am a 10 pm, etc. Todo varía por el mismo carácter informal del oficio, pero siempre son muchas horas, casi el doble de lo que establece la jornada ordinaria de trabajo máxima en Colombia (8 horas) según el Ministerio de Trabajo. El 3 de noviembre de 2014, Cartagena, con el alcalde Dionisio Vélez a la cabeza, adoptó la política pública de trabajo digno y decente, cuyo principal objetivo, según el Ministro de Trabajo Luis Eduardo Garzón, es que “no haya colombianos trabajando en condiciones infrahumanas, que no tengan contratos, que no tengan lo mínimo que es seguridad social”. Sin embargo, el trabajo de los esparris contradice la consigna del ministerio.

Y… ¿cuánto se gana por laborar tanto tiempo? Depende de cómo vaya el día, de qué ruta sea, de cuánta gente se suba, y demás condicionantes, pero, por lo bajo, son 50 mil pesos, y cuando la cosa va bien, pueden ser hasta 100 mil pesos. Kevin González tiene 17 años, vive en San José de los Campanos y trabaja casi todos los días desde diciembre de 2014. A veces se toma libres los sábados o los domingos. Gana en promedio 70 mil pesos diarios, lo que multiplicado por seis días que trabaja a la semana da 420 mil, por cuatro semanas que tiene un mes, da 1’620.000 pesos. La cifra no es exacta, por supuesto, pero se aproxima y brinda idea de cuánto puede hacer por mes un esparri si se dedica de lleno.

El cálculo de cuánto le corresponde es bastante simple. Se tiene la cantidad total de lo recaudado en el día, y se resta lo que corresponde para el dueño del bus, lo del ahorro mensual para la empresa de transporte que certifica los buses, lo de la gasolina, lo del lavado, otros gastos, y queda lo del conductor -pueden ser 150 mil pesos- y lo del esparri.

En este punto surge un problema social de peso, pues resulta complicado convencer a un joven de 16 años de que debería estudiar si no tiene los recursos para ello, y sí tiene la oportunidad de ganar más de dos salarios mínimos mensuales haciendo algo para lo que no necesita estar formalmente cualificado, y más cuando hay gente profesional en este país que gana mucho menos. Hay esparris que tienen más de 25 años, y es por eso mismo. Los más jóvenes han asistido al colegio hasta determinados grados de bachillerato. Algunos han lo han terminado y otros se han quedado en el camino.

“Pa’ mí esto es lo más fácil” dice uno de ellos

A los esparris, además, no les parece complicado lo que hacen. El calor, el sol, el peligro, el ruido, los malos olores, el tiempo excesivo de trabajo, los ladrones… todo eso para ellos hace parte de los gajes del oficio. “Pa’ mi esto es lo más fácil” me decía en el monumento de la India Catalina, estación por antonomasia de busetas en el centro de la ciudad, Giovanni Copas Cárdenas, un joven risueño, negro, y muy flaco, de unos 18 años que vive en el barrio Arroz Barato. Disfruta mientras trabaja, como otros esparris. A uno de ellos una vez lo vi bailar reggaeton en la puerta del bus con una adolescente que él ni conocía. Y el bus estaba en movimiento.

Fotografía: Pixel Studios — Realización Audiovisual

En Cartagena hay 49 rutas de buses, de las cuales 32 están activas, y 17 utilizan la figura del esparri. Estas últimas son las más conocidas, como Ternera, Bosque, Socorro, Zaragocilla, Blas de Lezo, y otras, cada una con sus variaciones. En total hay cerca de 1300 buses de transporte público según el DATT (Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte), de los cuales cerca de 800 utilizan esparri.

Cuando se pregunta acerca de la utilidad de estos, sobre si eliminar el oficio, las respuestas no apuntan hacia un único veredicto. Aureliano Rico, coordinador de transporte público del DATT, afirma que “los esparris hacen que el servicio esté mal prestado” pues muchos pueden ser muy groseros. El ciudadano de a pie lo tiene claro, y va en la misma línea del coordinador. Los choferes, mientras tanto, sostienen su estatus de ‘necesario’, pues el esparri les permite abstraerse de muchas tareas, desde algo tan básico como saber cuándo parar. Muchísimos buses en Cartagena no tienen incorporado el dispositivo del timbre, o simplemente, por costumbre, no se usa, por lo que si uno quiere bajar, debe gritarlo. El esparri está pendiente, y entonces ejerce de canal de comunicación. Cuando él grita “¡Aguántalo!” o “¡Se queda!”, frena el conductor.

Cartagena es una de las tres ciudades con menor desempleo en Colombia, pero…

Hasta febrero de 2015, Cartagena, de acuerdo con datos del DANE, está en el TOP-3 de las ciudades con la tasa más baja de desempleo en Colombia, con un porcentaje de 8,4%. Por delante sólo se encuentran Barranquilla y Montería, con 7,5% y 7,0% respectivamente. Sin embargo, es un dato imposible de analizar sin el contexto. Y el contexto es el de los esparris, la informalidad, el rebusque y los bajos niveles de productividad. Por tal razón, es común que la gente no tenga una agenda fija para la rutina. Cada quien maneja su tiempo como quiere.

Los esparris afirman que es fácil, pero no lo parece. No puede verse como algo sencillo cuando se tiran del bus a entregar la cartulina y este va avanzando 40 km/h, cuando gritan todo el día bajo el cruel resplandor del sol cartagenero, o cuando deben lidiar con gente inconforme por el sobrecupo del vehículo o por la baja velocidad a la que estos se desplazan cuando no tienen muchos pasajeros. A pesar de todas esas dificultades, varios no dudan en apuntalar que lo suyo es simple, como Giango Castillo, quien me dijo colgado de la puerta de su bus “Esta vaina es fácil, y no me ha pasado nada pesado. Ah… sí. Una vez me caí”.