Tomar del pelo al cáncer

Según el Plan Nacional para el Control del Cáncer 2012–2020, presentado por el Ministerio de Salud y Protección Social y el Instituto Nacional de Cancerología, en el 2012 se reportaron casi 71.000 casos de pacientes con cáncer que son tratados en alguno de los 2.358 centros médicos habilitados para suministrarles tratamientos.

Cuando a una persona le diagnostican cáncer debe someterse a tres procedimientos para manejar la enfermedad: cirugía, radioterapia y quimioterapia. Las quimio pueden durar hasta seis meses dependiendo del estado del cáncer y la frecuencia del suministro de los fármacos. En ese tiempo, el tratamiento debe ser dividido por ciclos que revelarán, bajo un concepto médico, la capacidad del paciente para tolerar los efectos secundarios que este tratamiento produce.

Las sustancias de la quimioterapia que circulan por el torrente sanguíneo no distinguen entre una célula sana y una cancerosa al momento de combatir la enfermedad. Al destruirse también células sanas, el cuerpo va perdiendo defensas, lo que provoca en el paciente una serie de secuelas que pueden afectar distintos órganos. Diarrea, náuseas, pérdida de sangre y alopecia son algunos efectos que se producen, unos más lentos o más visibles que otros.

Según Yitsel Bello, directora de la Fundación María José que acoge a niños y niñas que padecen de cáncer, lo primero que hay que enseñarles a los pacientes es que el pelo es lo de menos, dice que “la vida es más importante que el cabello y hay que demostrarle a las niños que se ven hermosos con pelo o sin pelo”. Por eso, cuando la alopecia aparece, la persona se puede dar cuenta de que tener un accesorio pasa de ser una prioridad a un lujo.

Aunque el pelo sea lo menos, la alopecia no deja de significar un gran problema para una paciente con cáncer. Según John Sarmiento, ingeniero industrial y socio de la empresa Sistemas Jairo Sarmiento, dice que perder el pelo afecta emocionalmente a las mujeres y su problema radica en la importancia que representa el cabello en la imagen de una persona.

En Bogotá, empresas como Bari, Procesos Capilares, Proestética Capilar y Sistemas Jairo Sarmiento se dedican a la fabricación de pelucas oncológicas. John Sarmiento asegura que las pelucas para la venta se elaboran con cabellos importados de Asia, Europa, Rusia e India; que llegan mensualmente en conteiner con 50 a 100 kilos de cabello al puerto de Buenaventura. En Sistemas Jairo Sarmiento estas pelucas pueden llegar a costar entre un millón a tres millones de pesos dependiendo de los requerimientos y tienen una duración de cinco años o más.

John que ha vivido toda la vida del negocio familia, junto a sus hermanos y padre, cuenta que Colombia no es ni ha sido exportador de cabello debido a las características genéticas recientes que se heredaron de los antepasados indígenas. Esto se resume en que el cabello colombiano no es, en muchos casos, maleable y práctico a la hora de hacer pelucas. Sin embargo, a la hora de hablar de abaratar costos y tener preferencias, es mejor realizar accesorios con cabellos más manejables, sedosos y tolerantes a las coloraciones, es decir, pelos con particularidades europeas y asiáticas.

En Sistemas Jairo Sarmiento se producen anualmente entre 300 a 350 pelucas de venta y de donación. Durante el año algunas mujeres que están en quimioterapia o que ya pasaron por ella, se acercan a comprar y a personalizar su accesorio de acuerdo de sus gustos. Mientras que otras, tanto niñas como mujeres, se benefician de los programas de donación de pelucas que realizan La Liga Contra el Cáncer y la Fundación María José.

Donar el cabello es una acción voluntaria y solidaria que pueden realizar hombres, mujeres y niños (deben hacerlo con la autorización legal de los padres) para ayudar a los pacientes que esperan o desean una peluca. Pero a la hora de donar pelo, se deben cumplir con ciertas condiciones: tenerlo limpio, seco y con un mínimo de 20 centímetros de largo. A La Liga Contra el Cáncer, a Fundación María José y a Sistemas Jairo Sarmiento se pueden acercar mensualmente entre tres a cinco personas aproximadas para donar su cabello.

Un accesorio se realiza con tres manojos de cabello, es decir, hay que recibir 3 donaciones para completar el 100% de una peluca. John Sarmiento recibe o corta el cabello de la persona y enfrente de ella hace un proceso de filtración que consiste en hacer cortes adecuados a las puntas maltratadas, luego lo empareja hasta que quede casi de la misma medida para finalmente dejarlo hidratado y despacharlo a taller. Una peluca de donación puede durar entre seis a ocho meses en terminarse, debido a que los lotes se deben completar con cabellos con características similares.

La diferencia entre las pelucas de donación y las pelucas para la venta, es que estas últimas tienen imitación de cuero cabelludo. Una base o especie de gorro que se moldea con la forma de la cabeza, permite la transpiración de la piel y se adecúa a los cambios de temperatura del cuerpo. La mano de obra de las pelucas de donación no cuesta tanto y se destinan a niñas y a mujeres de la Fundación María José y de La Liga Contra el Cáncer.

Las niñas y niños de la fundación reciben una ‘capul’, una especie de gorro con cabello que les cubre toda la cabeza pero que tiene más pelo en la frente o más pelo en la nuca. Mientras que en La Liga, según Sofía de Noval, coordinadora de las voluntarias del departamento de Restablecimiento de Bogotá, reciben las pelucas y las venden a cincuenta mil pesos cada una. De esta manera la persona que la compra se beneficia con su accesorio y las damas voluntarias destinan el dinero de la peluca para dárselo a otros pacientes, a través de ayudas como medicamentos, transporte o comida.