
Desde Rusia, el vaso se ve cóncavo
por Ana María G. S.
BUENAS tardes, Víctor, hoy tengo una petición. Y perdone si soy demasiado atrevida. Por su honor profesional, por favor, si va a hablar de Rusia, hágalo documentándose en fuentes rusas. Si quiere hablar de Ucrania, entreviste a ucranianos, pero no nos traduzca, por lo que más quiera, la versión americana-europea de la realidad, porque eso significaría que nos está contando las verdades a medias o a cuartos que otros cuentan. Y, al menos yo, lo que espero de usted es que hable de realidades, de hechos, no de interpretaciones o de medias verdades.
No se si usted se crió, como yo, viendo películas americanas en las que los malos eran los rusos. No sé si ha estado alguna vez aquí. No sé si se ha sentido alguna vez mal, sentado al lado de un amigo ruso, viendo una película de la infancia en la que, por defecto, los malos son siempre los rusos. Yo sí. No sé si conoce el pueblo, el alma rusa, como ellos dicen. Le aseguro que le gustaría.
Pero, eso no sale en la películas… ni, por desgracia, en las noticias.
No soy ni comunista, ni capitalista ni ningún -ista que tenga que ver con política. Detesto la política, me parece un mundo en el que es muy difícil ser honrado, y de hecho casi nadie lo es. No quiero hablar de política, y menos, escribir para que otros me lean […] Del mismo modo que, en otros temas, no tiene problema en decir verdades que otros no dicen, querría que tuviera en cuenta la historia y que, sobre Rusia, buscara contar noticias que otros no cuentan, porque las hay y muchas, y ni en Europa ni en América se publican.
Por eso, hoy, quiero contarle retazos de historias personales.
En diciembre de 2014, solicité el permiso de residencia en Rusia. Debe ser que yo tardé un poco más de lo habitual en entregar mi documentación, porque, cuando detrás de mí, en la cola, entró una persona de América del Sur, los que estaban fuera empezaron de protestar: “¡No! ¡Otra extranjera, así no no vamos a acabar nunca!”. Yo, sorprendida –porque, evidentemente, en la cola del permiso de residencia no había una sola persona con nacionalidad rusa–, le pregunté a uno de ellos, de intento: “Disculpe, pero aquí, ¿no somos todos extranjeros?” Una de las señoras que se había quejado, me miró ruborizada, con una mezcla de sorpresa e ingenuidad y me dijo: “Bueno, ¿cómo le explicaría?”. No había nada que explicar… Al menos, a mí. La mayoría de los que hacían la cola eran ucranianos.
Víctor, yo no sabría decirle qué proporción, pero muchos, muchos, rusos, ucranianos y bielorusos se sienten un solo pueblo, aunque tengan pasaportes de Estados diferentes. Conozco pocas personas que no tengan familia en o de alguno de los otros dos países. Las cosas no son tan sencillas como se ven desde fuera.
Si la realidad fuera la que usted nos contaba ayer [por el viernes 8 de julio], dígame, por favor, ¿por qué, en diciembre de 2014, cuando tramité mi permiso de residencia provisional en Moscú, la inmensa mayoría de personas que hacían conmigo la cola eran ucranianos? ¿Por qué pasaba eso mismo en marzo de 2016, cuando tramité el definitivo? ¿Por qué Rusia ha hecho un plan especial de acogida de refugiados ucranianos, con trámite sencillo de permiso de residencia?
Quizá me diga que es una parte de Ucrania, que la otra es más afín a Europa. Por supuesto. También conozco gente que no es pro rusa. Pero eso no contesta a mis preguntas. Si uno huye de un país en guerra no huye hacia el “enemigo”, ¿no le parece?.
Muchos, muchos, rusos, ucranianos y bielorusos se sienten un solo pueblo, aunque tengan pasaportes de Estados diferentes. Conozco pocas personas que no tengan familia en o de alguno de los otros dos países. Las cosas no son tan sencillas como se ven desde fuera
En 2007, cuando llegué, conocí a una chica de Crimea. Ella me decía que era rusa, aunque tenía pasaporte ucraniano. Que Crimea siempre fue ruso, que iban y venían, que el pasaporte era más bien una cuestión burocrática, porque alguno hay que tener, pero que Crimea, en realidad, era de Rusia. Yo, entonces, sinceramente, ni sabía nada de la historia de Crimea, ni entendí en absoluto lo que ella me decía. Y me olvidé de esta historia. Hasta el 2014.
Tengo una amiga rusa, muy rusa, pero en absoluto de acuerdo con el gobierno actual, que tiene familiares ucranianos y un gran amor a Ucrania. Ha veraneado con frecuencia en Crimea. Nos conocemos desde 2007 o 2008, antes de que todo esto empezara. Nunca habíamos hablado de política, pero en 2014, cuando Crimea fue anexionada a Rusia –aunque, en virtud de su historia, quizá habría que decir “reanexionada”–, le pregunté a ella por esta cuestión.
Ella me dijo: “Como sabes, no comparto en general la política gubernamental, y por tanto, tampoco estoy de acuerdo en cómo se ha hecho la anexión, el presidente ha sido muy jitri, aprovechando la situación actual de inestabilidad en Ucrania, en que no se podían defender, pero la verdad es que Crimea siempre fue Rusia y estoy contenta de que lo hayamos recuperado”.
“Jitri” es un adjetivo difícil de traducir, pero, digamos que significa audaz, astuto, con una connotación bastante negativa.
Y yo me acordé de la primera historia. ¿Qué quiere que le diga? ¿Por qué nadie pone “Crimea” en Wikipedia –¡Al menos!– y se lee la historia? ¿Por qué no les preguntamos a los de allí qué piensan, y si ellos mismos están de acuerdo?
Trabajó en mi casa una señora de una aldea perdida, que ya no existe, de la región de Donesk. Tenía estudios básicos, y con tan poco mundo, que no conocía ni la existencia de McDonald. Lo perdió todo. Su hijo vivía en Moscú, y ella se vino para acá.
Un día le dije: “Ya sé que su hijo estaba aquí, y que quizá por eso ha venido, pero yo no acierto a entender cómo viene a Rusia, si los rusos han invadido Ucrania?” Y ella me contesta: “¿Los rusos? ¡Pero si los rusos nos salvaron! No llega a ser por ellos, y no sobrevivimos. Nos atacaban los nuestros (los ucranianos), porque el Gobierno les había vendido nuestra tierra a los americanos, y nosotros no se la queríamos dar. La culpa de todo la tienen los americanos, porque nuestra región era la más rica del país y cerraron nuestras fábricas para venderles la tierra a ellos.”
Con lo que me quedé entendiendo menos aún. ¿Qué tienen que ver los americanos en esto, me decía yo? ¿Cómo esta pobre señora sin cultura dice estas cosas con tanta fuerza? Pero la que había sufrido la guerra era ella, no yo, y me había dejado intrigada.
Quizá ella dijo con sus palabras lo que los medios de comunicación no dicen. Quizá la realidad fuera, más bien, que Ucrania estaba queriendo entrar en la UE y USA o la OTAN, a saber, queriendo poner bases militares en la frontera con Rusia.
Y siendo así, dígame, y si usted fuera Putin, ¿que haría?
No sé, quizá soy demasiado ingenua y pierdo el tiempo por dedicar una tarde a escribirle, pero es que no entiendo por qué Europa y América miran a Rusia como si fuera el enemigo número uno. ¿Y si miraran un poco a sus degeneradas costumbres? ¿Qué sentido tiene que la OTAN siga existiendo?
No le puedo decir que mirar una foto de Putin me dé paz, más bien lo contrario, pero ¿mirar una de Obama? […] De España, prefiero no hablar, hace años que casi siento vergüenza de ser española. Europa, a punto de desintegrarse, el mundo islámico, que no tiene ni pies ni cabeza, porque lo mismo apuntan a Occidente, que se matan entre ellos. Miles de cristianos perseguidos ¿Qué pasa en Siria? Por cierto, ¿quién liberó Palmira? Antes de ayer, nos envía el informe de la guerra de Iraq, ¡menudo marrón! ¿Y la nueva Guerra Fría va a ser justa? ¡Venga ya!
No entiendo por qué Europa y América miran a Rusia como si fuera el enemigo número uno. ¿Y si miraran un poco a sus degeneradas costumbres?
Perdone si esta carta parece un poco agresiva, de veras que no es mi intención, pero esta mañana leer su Brief de ayer [por el viernes 8 de julio], ha sido como un jarro de agua fría, no me lo esperaba… y aún no me he repuesto.
Solo quisiera darle esas pistas de noticias que pide cada día. Espero que le ayuden a empezar a pensar sobre Rusia de otra forma, o al menos, sembrarle la duda. El vaso por dentro es cóncavo y por fuera, convexo. Aunque el resto del mundo se empeñe en afirmar que es convexo y no puede ser de otra forma, yo, desde dentro, honestamente, tengo que decir que se ve cóncavo.
Nota del editor: Ana María G. S. es una lectora de Actuall, residente en Moscú. Su propósito al escribir esta carta al editor del Brief no era que se publicara, y así lo hizo constar. Aún así, por el interés de su contenido, y por su excelente expresión de las ideas, he decidido publicarla como una carta destacada en nuestro Blog de la Redacción, preservando la identidad de su autora.