Huida hacia delante

En la última semana hemos asistido a un acelerón en los despropósitos por hacerse con el control total del poder en Venezuela. Tal obsesión es, por supuesto, psiquiátrica. Y, como ocurre con quienes padecen dichos trastornos, no solo se alteran a sí mismos, sino inclusive a su entorno.

De la reconversión se saltó a una serie de medidas económicas que tienen muy poco de económicas, no solo por el tema de dinero. Si el propósito de la economía es satisfacer necesidades en bienes y servicios, ha sido la manera menos inteligente y eficaz de hacerlo. Pero ¿qué digo eficaz? Sencillamente luce imposible. No es por juzgar decisiones ad extra o desde afuera de los presupuestos económicos e ideológicos asumidos. Es que al interno de ellos son inviables: no puedes repartir lo que no tienes. Por lo que las medidas, que no económicas, tienen patas muy cortas para lo político.

El carnet de la patria se exhibe como un discurso monotemático, de corte alquímico, similar a la piedra filosofal

Pues este aumento del salario (que todavía no sale en Gaceta Oficial), de impuestos, de la gasolina (que tampoco se sabe bien cómo), la regularización de diversos rubros (para que desaparezcan, pues está por debajo de los costos de producción) y la penalización y quiebre de la empresa privada (que se irá junto con los rubros por el garete), parece no parar. El carnet de la patria se exhibe como un discurso monotemático, de corte alquímico, similar a la piedra filosofal. Así que se entuba las pensiones por él, también la compensación económica de salarios, el tema de la gasolina… mientras la regularización va llegando a los medicamentos. Todo esto en menos de una semana ¿cuál es el propósito?


Conseguir el propósito debe ser materia de las ciencias ocultas, que tanto le gusta al gobierno. Como si del infierno pudiese salir algo bueno o si las alianzas con el maligno fueran blindadas para siempre. Pero para no cansarles con la eternidad arriesgada por idolatrar el poder aun a costa de sacrificios humanos, vamos a ocuparnos de cosas más terrenales.

Fuera de alguna cabeza que goza de perverso brillo intelectual, la capacidad de aburrir a la audiencia es una de las ¿cualidades? de quienes se exhiben ante las cámaras como divas de Hollywood. Así que pedirles la autoría de lo que simplemente refrendan sería demasiado. El diseño debe venir de otras manos y, casi seguro, de otras fronteras. Pero fue un plan diseñado para ejecutarse con los debidos espacios de tiempo, no en una semana tan comprimida como el relato bíblico de la Creación ¿por qué ese acelerón? O ¿por qué suponer que podía ser más espaciado?

Es cierto que la capacidad de reacción de la sociedad venezolana está en el suelo. Además que más de uno piensa que se ha tocado fondo y, en fin, no queda otra que adaptarse con nuevas estrategias. Errada valoración. Eso pudo envalentonar al gobierno. Pero ese plan con certeza debió ser estructurado sin contar con las sanciones internacionales ni la debacle interna. Puede que inclusive suponiendo que el saqueo oficial no iba a ser tan descarado. Por lo que han dejado inutilizado gran parte de la infraestructura, con obras visibles sin acabar, que les hubiera permitido cierto prestigio como coartada. El descontento se va por las fronteras, pero no solo de ajenos sino también de propios, hasta de algunos cómplices. Y las fuerzas de seguridad, esas que tenían la misión de castrar las protestas, está entre cansadas, aburridas y descontentas con miembros suyos en fuga (y otros encarcelados). El carnet de la patria es capaz que sirva para imprimir versiones de los espejitos de Colón, crear ilusión y distribuir entre un séquito lo poco que quede. O sea, que no debe dar para mucho.

Por supuesto que la presión internacional va a arreciar. Predecir sus acciones es complicado. Solo la personalidad del presidente de los Estados Unidos ya es un imponderable. Pero el deterioro interno debe influir también en el acelerón. Los tiempos de la misma Asamblea Nacional Constituyente deben estarse acortando. Y el cálculo de la bonanza (tan malos ellos con las matemáticas) debe estarles afectando el calendario de los 3 meses cruciales, de Diosdado Cabello. Así que se reeditó el Dakazo, como se hizo en los diciembres siguientes, a falta de talentos que propusieran cuestiones más originales. Y no se sabe si por pundonor quieran acudir a algún tipo de referéndum aprobatorio de una nueva constitución, sin asegurar el “pan y circo”.

Por supuesto que la presión internacional va a arreciar

Pero la bonanza va a durar poco. Tan malos son con las matemáticas como con la economía, aun con intenciones pícaras. De haber sido Pablo Escobar, hubiesen arruinado al cartel de Medellín. Y lo que fuera un plan sostenido para ingresar en un país formalmente comunista, es el flotador de las contingencias, que inunda de preocupaciones a gobierno y gobernados, tanto como las aguas del Orinoco y Caroní lo hacen fuera de sus márgenes al sur del país.

Así que podemos estar entrando en el terreno de los imprevisibles y la improvisación, donde el carnet de la patria hace las veces de la carta que usa el prestigitador para distraer y hacer aparecer y desaparecer lo que a voluntad quiera. Aunque el mago debe sentir la tentación de transmutarla en varita mágica.

Pero las cuentas afuera no le van bien. Se sabe los líos accionarios de Citgo y las sentencias de los tribunales norteamericanos. La producción de petróleo va en merma y PDVSA carece de posibilidades de inversión. Las promesas de pago se estrellan con la realidad, y no sé cuál será la tonada que estén silbando los socios rusos y chinos. Se estruja hasta la muerte a la empresa privada, sin que tenga nada que la releve. Se promete petros con garantías soterradas, a falta del cual están los lingotes de oro. El arco minero es alivio para las bandas, no para las finanzas nacionales. Trinidad y Tobago esnifarían gases venezolanos como aliviadero a las cuentas. Pero Cuba necesita seguir succionando oro negro, puede que para revender.


El gobierno utiliza, una vez más, la huida hacia delante. No es la primera vez. Mejor dicho, es lo que siempre ha hecho, como alarde de fuerza. Pero los trucos se acaban. Aunque la desgracia del gobierno no va a ser necesariamente la suerte de la población. Será la ruina compartida, unos con más penurias, otros con más miedos. Excepto que los imponderables cambien la suerte, o la misericordia de Dios.

La reserva moral debe seguir dando lo mejor de sí: recordar que el bienestar es fruto del trabajo, donde no se coarte la iniciativa privada ni la solidaridad en esta Tierra de Gracia. Competencia esta de los ciudadanos, de los creyentes, de tantas Ong’s. Lo primero que habrá que sustituir es el discurso. Y el discurso no podrá ser esquizofrénico ni suicida, sino tan esperanzador como el camino que prueba los pasos del caminante todos los días.