Anna Branco: “Recomiendo Adalab para todas las mujeres trans que se permitan creer en la posibilidad de una vida mejor”

Anna vivía un momento difícil antes de entrar en el programa de Adalab. Nunca se había planteado ser programadora pero pensó que sería una buena oportunidad para ella. Las cifras de desempleo de las personas trans son del 85% y, muchas de ellas, terminan en una situación de exclusión social. Después de los 4 meses de formación, Anna trabaja ahora como programadora front-end. Nos cuenta su historia.

Anna Branco, adalaber y programadora front-end

¿Por qué decidiste seguir el programa de formación de Alalab?

Vivía un momento bastante difícil, tanto personal como profesionalmente, cuando una amiga me enseñó la web de Adalab, señalándome que uno de los requisitos para entrar en el programa era que “te identifiques como mujer”. Esa simple frase me hizo percibir desde el primer momento que Adalab ofrecía algo diferente, especial… Esta percepción aumentó al ver el claim de Adalab “Creando diversidad digital”, unas palabras mágicas. Así fue como decidí darme una nueva oportunidad.

¿Cómo te has sentido estos 4 meses durante la formación?

Me he sentido genial, cansada, estimulada, frustrada y muy contenta. Exactamente igual que todas las demás alumnas y compañeras. Son 4 meses muy intensos y, debido a esto, experimentamos sentimientos de lo más diversos. Pero, sobre todo, al final me sentí muy feliz por tener la certeza de haber tomado la decisión correcta al apuntarme a Adalab.

Tienes un postgrado en Relaciones Internacionales, Seguridad y Desarrollo, ¿sabías algo de programación antes de entrar en Adalab? ¿te interesaba el sector tecnológico?

Tenía una noción muy básica de HTML y CSS. Había investigado y trasteado de forma autotidacta un poco en Internet. No tenía la más mínima idea de lo que era JavaScript ni tampoco los demás nombres extraños de programas informáticos que aparecían en el temario y que me asustaban a la vez que me estimulaban.

Me interesaba por tecnologías, principalmente relacionadas con vídeojuegos, pero no mucho más que eso. Aunque siempre me había atraído el mundo de los ordenadores, antes de conocer Adalab, jamás imaginé que llegaría a ser programadora.

¿Qué hacías antes de entrar en Adalab y convertirte en programadora?

Antes de empezar a vivir socialmente con el género femenino había trabajado como funcionaria pública en Brasil y como Cooperante Internacional en España/Grecia.

Mi último trabajo en España fue impartir clases de informática en un colegio público de enseñanza primaria: uso básico del ordenador, windows, word, paint, powerpoint…

Fue un trabajo que recuerdo con mucho cariño ya que todos los niños y niñas (de 6 a los 13 años) me habían conocido como una figura masculina y me acompañaron en mi proceso de transición social, reconociéndome por quien realmente soy.

¿Crees que a veces se discrimina tanto para formación como para la inserción laboral a mujeres trans? ¿tenéis más obstáculos?

Desgraciadamente esa es una realidad muy cruel para nosotras las personas transgénero, principalmente las mujeres. Hay innegablemente una brecha de género en relación a la empleabilidad y también en cuanto a la retribución salarial. Las mujeres tenemos condiciones todavía bastante inferiores a las de los hombres. Si nos centramos dentro del género femenino solamente las que llevamos la etiqueta “trans”, la situación se hace aún más desalentadora y alarmante. La tasa de paro entre personas trans es del 85%. Solamente el 15% tenemos la posibilidad de trabajar legalmente y contribuir para la seguridad social como cualquier persona. Tengo suerte de encontrarme en este último porcentaje.

Además de las barreras y dificultades obvias y directas a las que nos enfrentamos en nuestro proceso de inserción laboral, existen otras mucho más sutiles y dañinas, como, por ejemplo, tener el DNI con un nombre y un género que no corresponde con quienes somos (para mí, en particular, es una gran traba que me lo hace pasar mal).

¿Recomendarías este programa a cualquier persona que se identifique como mujer?

Sin cualquier sombra de duda recomiendo Adalab para todas las mujeres trans que se permitan creer en la posibilidad de una vida mejor. Lo recomiendo en particular por dos motivos:

Porque la única forma de combatir el prejuicio que sufrimos es que seamos cada vez más percibidas como personas más allá de nuestras etiquetas, que seamos reconocidas por nuestras habilidades, capacidades y conocimientos. Tener la oportunidad de estudiar y trabajar en situación de absoluta igualdad con las demás mujeres cis es una sensación indescriptible y de extremada importancia tanto para nosotras como para ellas. Es la manera de romper esa dicotomía nosotras/ellas.

El segundo motivo es que debemos darnos esta oportunidad aunque tengamos miedo a lo que nos vamos a encontrar y nos sintamos socialmente excluidas. La verdad es que el sector tecnológico es bastante abierto y nos da la posibilidad de ser quienes realmente somos. Lo sentí desde mis primeros días en Adalab y sigo sintiéndolo ahora que tengo mi primer trabajo como programadora.

Muchas veces creemos que no somos capaces, que programar es demasiado para nosotras por cuestiones sociales y de educación sexista. Gran parte de mis compañeras Adalabers creían lo mismo y hoy son excelentes programadoras.

Adalab puede ser un gran marco entre el antes y el después en la vida de muchas mujeres y, principalmente, en la vida de las que tenemos más dificultades y prejuicios a los que enfrentarnos.

Anna,la segunda por la derecha en la fila de abajo, con sus compañeras de Adalab.

¿Cómo resumirías lo que ha supuesto Adalab para ti?

Adalab ha sido un enorme e importante hito en mi vida. Por primera vez desde que he empezado mi proceso de adecuación social a mi género, me he sentido realmente percibida y valorada como “quien soy” y como “piensan que soy”. Me he sentido simplemente una más entre todas las compañeras, hemos compartido ansiedad y frustraciones y, también, éxitos y mucha alegría. He conocido excelentes amigas, he percibido que puedo ser reconocida y aceptada por mis conocimientos, independientemente de mi apariencia. He logrado insertarme como trabajadora cualificada en un sector con mucho futuro. Todo un triunfo.

Sobre todo he vuelto a creer en mí, en mis capacidades y en vislumbrar un futuro positivo para mí. Un mundo mejor y más inclusivo para todas las mujeres… ¡todas!