Diez momentos para seguir llorando con ‘El señor de los anillos’

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Desde que la saga se despidiese hace diez años –sí, el tiempo es muy perro- he convertido el visionado de la trilogía en modo maratón en una tradición anual. Considerando que en su momento en salas repetí varias veces, he perdido la cuenta exacta de cuantas veces me he sentado a ver ‘El Señor de los Anillos’ y sin embargo, a pesar de conocer cada secuencia de memoria –extendidas incluidas- hay ciertos momentos en los que sigo sin poder reprimir las lágrimas; por epicidad, por emoción, por el increíble cariño que se ha puesto en cada detalle de cada segundo de metraje o por la inmensidad de su banda sonora. Aprovechando que aún estoy secando las lágrimas del último maratón, y aprovechando que mañana se estrena ‘El Hobbit: La Desolación de Smaug’, os invito a recordar alguno de esos momentos cebolla que resisten al duodécimo visionado.

Vosotros no os inclináis ante nadie

El Retorno del Rey.

En uno de los seis finales de ‘El Retorno del Rey’, Aragorn es coronado para después comerle la boca sin ningún pudor a Arwen. Pero todo se vuelve solemne cuando se paran frente a los cuatro Hobbits y el nuevo rey de los Hombres rechaza su inclinación. Todo Minas Tirith hace la reverencia que merecen.

Al amanecer del quinto día, mira al este

Las Dos Torres.

El abismo de Helm es testigo de una batalla épica cargada de emociones que van acumulándose desde que las gotas de lluvia emiten el sonido metálico al chocar con las armaduras. La importancia de la esperanza en esta historia está muy reforzada con esos momentos de salvación en el último momento y la llegada de Eomer con sus Rohirrim, ese plano de la carga con Gandalf a la cabeza y la luz cegadora, es el culmen de uno de los mejores fragmentos de toda la saga.

Hice una promesa, señor Frodo

La Comunidad del Anillo.

Samsagaz el Bravo tiene varios monólogos inspiradores a lo largo de las películas. Es ese comparsa sin el que Frodo probablemente ni habría acabado de cruzar el Río Anduin, y Sean Astin consigue que ni siquiera ese sentido speech sobre el bien que da mientras están retenidos en Osgiliath resulte cursi. Pero sin duda me quedo con el momento en el que la comunidad se rompe definitivamente pero Sam no piensa dejar que Frodo se marche solo. Era la última página de la novela de Tolkien y una de las pocas veces que he llorado leyendo, y era imposible que no se repitiese viendo la excelente adaptación de Peter Jackson.

Por Frodo

El Retorno del Rey.

La capacidad de emocionar que tiene la historia del anillo se demuestra en estos momentos en los que, a pesar de saber que todo acaba bien, sigues emocionándote con el espíritu de sus protagonistas y este abandono absoluto en honor al pequeño hobbit que se aventuró en una tarea que le venía grande es un gran ejemplo. Qué bien se les da cargar contra gente en esta película; casi tan bien como andar por riscos.

Corred, insensatos

La Comunidad del anillo.

Sombra y llama acorralan a Gandalf en el puente de Khazad-dûm, que con su vara multiusos parece haber ganado la batalla hasta que el látigo le arrastra al fondo del abismo. Esa cara expectante de Frodo justo antes de que se precipite en la oscuridad seguida de un grito desesperado puede conmigo cada vez.

La llama de la esperanza

El Retorno del Rey

Muertes, victorias, despedidas… somos testigos de todo tipo de momentos dramáticos en ‘El Señor de los Anillos’ y sin embargo es la secuencia de las almenaras la que me hace hasta temblar de la emoción. La majestuosidad de los planos aéreos y de los paisajes montañosos neozelandeses se combinan con una de las mejores bandas sonoras jamás compuestas por y para una película; el encendido de las almenaras es la demostración perfecta de cómo el trabajo de Howard Shore no sólo eleva cada momento que acompaña, sea euforia o llanto, sino que nos lleva de la mano por esa montaña rusa emocional que es el camino hacia la destrucción del anillo. No me hace falta más que escucharla para dejarme llevar por los sentimientos que provoca.

Los Ent vamos a la guerra

Las dos Torres.

Tolkien no es nada sutil con ninguno de sus grandes mensajes y el ecologista que nos llega de la mano de Bárbol y sus compañeros tiene su clímax en este momento de rabia ante los horrores de Isengard. La última marcha de los Ent, apoyada una vez más por la música, es otro de esos momentos que traen mariposas al estómago y empañan la mirada.

Niebla y Sombra

El Retorno del Rey.

No importa los papeles tiernos que haya hecho después John Noble; su transformación es total cuando interpreta al desagradable Denethor, senescal amenazado y padre dolido y despreciable que envía a Faramir, el único hijo que le queda, a una muerte segura. Billy Boyd –sí, rodando descubrieron que cantaba bien así que él mismo pone voz a la letra- pone el tono melancólico a este triste momento que muestra mucho más que la línea que está dispuesto a cruzar Faramir en la búsqueda desesperada del reconocimiento y respeto de su padre.

No diré no lloréis, pues no todas las lágrimas son amargas

El Retorno del Rey.

El final de verdad. La ternura empieza con Bilbo preguntando por aquel viejo anillo –lástima, me gustaría acariciarlo una última vez-, una frase nada inocente que ayuda a comprender aún mejor los motivos de la marcha de su sobrino. Después del adiós de Gandalf, del eterno protector de los pequeños Hobbits, Frodo se despide de Merry, Pippin… y Sam. Cuatro amigos que han vivido tanto que, rodeados del jolgorio de un bar ajeno a todo lo ocurrido, una mirada basta para ese brindis silencioso. Un fuerte abrazo, unas cuantas lágrimas y un barco que se aleja. Y una sonrisa final de esas que te hace sonreir y llorar a la vez.

Gollum pierde el anillo (El Hobbit)

Guardo el último puesto de la lista a modo de bonus con un momento extraído de la primera entrega de la nueva saga de la Tierra Media. Los acertijos en la oscuridad con Gollum se comen totalmente la primera parte de aventuras de Bilbo y los enanos en la historia más ligera y aventurera que es ‘El Hobbit: Un Viaje Inesperado’. Como resultado, los momentos cebolla no abundan pero es difícil reprimir una lagrimita de lástima cuando Gollum se gira hacia un invisible Bilbo, con los ojos muy abiertos, consciente de que ha perdido el anillo para siempre.

Diez. Pero podrían ser treinta. ¿Y vosotros? ¿Cuál es ese momento en el que se os nubla la vista?


Publicado originalmente en la desaparecida ‘1001 Experiencias’.