‘The Girlfriend Experience’ o cómo quedar prendado de la inquietante y magnética mirada de Christine Reade

Ayer supimos que Starz renovaba ‘The Girlfriend Experience’ por 14 nuevos episodios, noticia que me hizo recordar que aún teníamos pendiente hablar de su interesante y sorprendentemente magnética primera temporada. Lodge Kerrigan y Amy Seimetz son los creadores, guionistas y directores de esta historia inspirada en la película homónima de Steven Soderberg, quien ejerce de productor en este thriller televisivo.

Christine es una estudiante de derecho que trabaja como becaria en una firma de abogados cuando una amiga le abre la puerta el mundo de las escorts de lujo. ‘The Girlfriend Experience’ arranca acerándonos a ese mundo a través de una Christine que tantea sus códigos y reglas, una Christine que rápidamente se revela como el perfil perfecto para manejar las exigencias que conlleva ese tipo de vida.

El papel de Avery, la amiga, es más fugaz de lo que inicialmente parece pero es una precisa y efectiva muestra de los problemas que puede acarrear cierto tipo de actitudes y, sobre todo, emociones en ese trabajo; una muestra que rápidamente entra en contraste con la hermética y enigmática presencia de Christine.

Christine y la atmósfera

Riley Keough, Christine, lo es todo en ‘The Girlfriend Experience’. Su indescifrable rictus nos atrapa; nos invita a tratar de cazar una mueca o una señal que nos transmita lo que de verdad está sintiendo en cada momento, pero estamos tan perdidos y engañados como los hombres que caen bajo su calculado, persuasivo y sutil encanto. Y cuanto más nos muestran de ella; cuanto más la vemos seducir, complacer y manipular, más nos preguntamos cuánto hay de auténtico, cuánto de maquinal y cuanto de interés.

Porque el interés también lo es todo y Christine no quiere dar ni un paso en falso y, como ella misma admite, una conversación no merece la pena si no puede aprovecharse de ella. Es una serie que nos muestra la relación entre el capitalismo, la intimidad y la agenda desde un prisma oscuro y frío.

Esa atmósfera es, junto con Keough, el otro gran factor sugestivo de la serie. Es un ambiente turbador que se apoya en unos tonos de luz y color muy apagados, en una arquitectura y diseño fríos, rectos y minimalistas y en una música que a veces llega a convertirse en un zumbido amenazador.

La dirección de cada episodio (increíble trabajo el de Amy Seimetz) se apoya en estos aspectos artísticos, jugando con los planos y con la actitud de Christine para construir una narrativa visual tal que parece que el thriller puede desatarse en violencia en cualquier momento. Pero nunca ocurre; siempre está latente. Y así, una y otra vez, alimentan nuestra incomodidad y desasosiego.

El éxito de la exclusión

Finalmente todo estalla y el estudio de lo que hay detrás del personaje de Christine se hace más complejo sin abandonar la sutileza. Pero la verdadera y brillante guinda de ‘The Girlfriend Experience’ es ese último capítulo, ese epílogo que nos muestra a una Christine absolutamente empoderada que ya no sólo es dueña absoluta de su sexualidad –como hasta ahora- sino que este trabajo suyo le otorga poder sin forzarla a comprometerse o sentir vergüenza de su identidad como ser sexual y en control de sus deseos.

Ha sido capaz de alcanzar un autoconocimiento que refuerza su incapacidad de integrarse en el poder institucionalizado y su desligamiento de un círculo emocional íntimo de amigos o familia, círculo que no sólo no la acepta por quién es sino que la castiga por ello. Y con todo; con toda esa desconexión de la vida más estandarizada, es una ganadora. Mucho más que todos esos hombres que pagan cantidades ingentes de dinero para recrearse en una mentira que no son capaces de buscar en su vida real.

‘The Girlfriend Experience’ nos acerca, en definitiva, a uno de los personajes más originales, atrevidos e interesantes de la televisión reciente; un personaje y un acercamiento estético y artístico que fácilmente podría haber cruzado la línea y expulsado al espectador, pero que consigue diametralmente lo opuesto: hipnotizar, fascinar y atrapar.


Originally published at www.espinof.com on August 2, 2016.