AÑO NUEVO

por Alejandro Fabara Torres, publicado en Diario LA HORA

Entonces, ¿cuándo realmente empieza el año nuevo? Para los cristianos un nuevo año empieza desde el 1 de enero, desde que el papa Gregorio XIII lo dispusiera así en 1582, al sustituir el calendario juliano por el llamado gregoriano. Para la cultura china no existe una fecha exacta, puede ocurrir entre el 21 de enero o el 21 de febrero. Los judíos lo celebran en septiembre o inicios de octubre. Mientras que para las culturas prehispánicas la celebración de fin de año era cuando concluía el invierno e iniciaba la primavera.

La navidad, como ya lo he dicho, es simplemente una celebración entre la unidad de lo trascendente o divino con lo inmanente, el mundo terrenal. El medio de esta unión es la figura del Dios convertido en hombre. La fiesta del año nuevo es parecida, también busca celebrar algo trascendente: la estructura propia del tiempo, raíz invariable de todo cambio.

Cada nuevo comienzo, cada giro del mundo, es una renovación del mismo deseo erótico: la plenitud, esa unión con lo que nos hace falta. El triunfo sobre la muerte y el tiempo. Aquí la razón para empeñarnos en cumplir nuestros propósitos e imponernos unos nuevos cada año.

Todos los rituales que se hacen para esta fecha no son sino la celebración del triunfo de la vida sobre el mal sueño del sinsentido y la muerte. Toda nochevieja se celebra lo eterno de la verdad, contrario a la mentira del tiempo. Esa verdad solo consiste en la realidad del Uno y de lo Idéntico: el deseo de identidad o de unión, el amor. La apariencia de lo diferente y múltiple quieren ser vencidas cada año. No hay más tiempo que el ahora, salgan y celebren lo que deseen: la vida, el amor, la familia, la salud.