Amplia frente poblada de cejas espesas y ojos hundidos, así era Belisario Quevedo.

BELISARIO QUEVEDO, el positivista ecuatoriano.

por Alejandro Fabara Torres.

El Estado es tanto más perfecto cuando más sea respetada la persona individual en su derecho fundamental, la libertad. Así defendía Belisario Quevedo que el objetivo de la organización de los estados es la garantía de las libertades y la justicia. Este escritor, político, filósofo, periodista y maestro latacungueño nació un 6 de noviembre de 1883. Hijo del abogado Belisario Quevedo y doña Rosa Izurieta.

Cursó la primaria en la escuela de los Hermanos Cristiano, para luego continuar el bachillerato en el colegio de los jesuitas en Quito. Regresó a su ciudad para graduarse en el prestigioso colegio nacional «Vicente León». Su afán de conocimiento lo llevaron a ocupar las aulas de la facultad de jurisprudencia de la Universidad Central en la capital. Pese a tener participación activa en la vida universitaria no se ocupó de obtener y legalizar su título de abogado.

Sus escritos eran una declaración de rebeldía y elegancia de estilo. Escribió para la Sociedad Jurídico-Literaria, de la que fue presidente en ocasiones. Fundó Diario El Día dónde demostró sus cualidades periodísticas. Su vocación de educador la demostró en el colegio nacional Mejía de Quito, del que llegó a ser su vicerrector. Confirmó su influencia en las letras y las ciencias al ser nombrado rector del colegio nacional «Vicente León» en su tierra natal.

El principal legado que ha dejado son sus libros. Las fechas de los primeros textos de Belisario Quevedo ayudan a determinar los comienzos del positivismo en Ecuador. Pese a que en su primer libro «Génesis y primeras manifestaciones del poder civil» publicado en 1905 rechazará el positivismo, ya que es un texto de corte racionalista romántico, en 1913 con «Política religiosa» toma una nueva posición filosófico-social. Su análisis dejó de ser racionalista y abordó sus estudios con un carácter netamente positivista, evidentemente influenciado por el pensamiento comtiano. Quevedo logró que el liberalismo sea constructivista respecto de todos los elementos que integraban la nacionalidad ecuatoriana de la época.

En la revista de la Sociedad Jurídico-Literaria dio a conocer dos artículos, uno sobre «La Sierra y la Costa», y otro sobre «El concertaje y las leyes naturales de la sociedad». Ambos textos sin duda responden a dos temas ampliamente tratados por pensadores liberales y al sin fin de contradicciones que evidenciaba la sociedad ecuatoriana. El primero tiene intima conexión con la disputa económico-política del conservadurismo frente al liberalismo en el interior y el litoral. Y en el segundo trata el problema indígena y el equilibrio social. En «Historia Patria» describió los principales procesos históricos del Ecuador, analizándolos desde la sociología, el positivismo y el marxismo.

«Sociología, Política y Moral», su obra más completa, es un análisis de la psicología del pueblo ecuatoriano, llevando su explicación hacia una caracterología zonal. Así nos dice que la Sierra es «romántica» y la Costa «positivista»:

«Devotos románticos, poetas, políticos cándidos, científicos de gabinete, abogados casuistas, médicos que creen en los milagros, ha producido en gran número la Sierra, en contraposición con los filántropos, banqueros, comerciantes, políticos de acción, prácticos y entendidos, con los abogados, sociólogos y médicos realistas que han fecundado en la Costa.»

Continua el texto señalando a dos hombres representativos de ambos caracteres, ellos están sin duda corporizados en la historia ecuatoriana como describe Belisario Quevedo:

«Todo individuo es un producto social, es un exponente del medio. Así García Moreno es el exponente más alto de la Costa y Juan Montalvo de la Sierra. Si fanáticos ambos, el primero es fanático del hecho, el segundo de las ideas; el primero deduce el hecho de la idea, el segundo quiere del ideal deducir el hecho; el primero ama a su patria y quiere engrandecerla aprovechando de las fuerzas sociales que existen; el segundo ama también a su patria y para engrandecerla se forja un sistema de fuerzas que no existen. El primero es organizador, preciso; el segundo soñador, delirante.»

Quevedo presenta a García Moreno como un gobernante poseído de fe en la ciencia, en los ferrocarriles, en la milicia, en las carreteras, en fin, en todos los elementos positivos del progreso, mientras que a Montalvo como un romántico de la Sierra , un «retórico tristemente infecundo». Termina el libro con un capitulo que expone sistemáticamente la moral positivista de su época.

Pesimista y desencantado, no tuvo ambiciones de poder ni doblegó su conciencia antes los poderosos. A sus 23 años ya era diputado de la provincia de León y con su intelecto destaco junto a personalidades de la política como Gonzalo Zaldumbide, Aníbal Viteri Lafronte, Roberto Páez y Enrique Escudero. Enfrentó con valentía y altura a José Peralta cuando este intentaré acallar su voz en la Asamblea de 1906.

Más bajo que alto, trigueño, pelo y bigotes negros y crespos, amplia frente poblada de cejas espesas y ojos hundidos donde se leía la cruel dolencia que lo agobiaba, fue un varón que pensó mucho y vivió en su ley moral, combatiendo el error y el vicio por enemigos de la inteligencia y la libertad. Así lo describe Rodolfo Pérez Pimentel en su Diccionario Biográfico del Ecuador.