BOSQUES DE PAZ

por Franklin Barriga López, publicado en Diario LA HORA

Por más de medio siglo, la violencia ha estremecido Colombia y dejado daños cuantiosos. Los diálogos y convergencias entre el Gobierno y las FARC abren expectativas de esperanza hacia la reconciliación.

Interesante iniciativa va a ponerse en práctica: se trata de la siembra y el cultivo de ocho millones de árboles maderables, frutales o medicinales, que representan a igual número de víctimas de la virulencia armada, entre muertos, heridos y desplazados. Con ello, se pretende promover la protección y recuperación de áreas degradadas y de gran valor estratégico y social, para el mantenimiento de diferentes sistemas de regeneración ecológica y superación de la pobreza de zonas marginadas.

Se busca, además, que los guerrilleros, cuando abandonen las armas y a fin de que puedan devengar algún sustento honorable, en los territorios que ocupan por largo tiempo y que conocen con suficiencia, se vinculen socialmente y colaboren de la mejor manera en el cuidado de estos y otros bosques que se les ha denominado de la paz.

No obstante, surgen interrogantes respecto a la validez en la práctica de la importante iniciativa: ¿los grupos ilegales y armados se incorporarán en su totalidad a la convivencia armónica? ¿Podrán desvincularse del narcotráfico? ¿Se adaptarán a las condiciones que impone la vida en sociedad? ¿Los abusos que perpetraron en lo referente a secuestros, asaltos y más acciones atentatorias a los Derechos Humanos, incluso de tintes terroristas, no influirán en repudiables conductas posteriores? ¿Bosques de la paz realmente podrán sustituir a cultivos y laboratorios ilícitos?

Ecuador debe intensificar la vigilancia en su vasta frontera norte, para evitar desplazamientos indeseables como los que están aconteciendo en Sucumbíos.