Henrique Capriles, gobernador de Miranda (Venezuela), y Cynthia Viteri, asambleísta ecuatoriana.

¿PATRIA GRANDE?

por Alejandro Fabara Torres, publicado en Diario LA HORA

Hoy en la «patria grande latinoamericana», soñada por Simón Bolívar, solo tienen cabida unos pocos. El Gobierno de Venezuela ordenó el viernes pasado la deportación de la asambleísta Cynthia Viteri y su comitiva aduciendo que estaban participando en actividades desestabilizadoras y proselitistas en su territorio.

La cancillería venezolana en un comunicado explicó que «la comitiva ecuatoriana contravino las normas migratorias de un país soberano al interferir flagrantemente en los asuntos internos». Además agregan que el Estado venezolano cumpliendo los mecanismo constitucionales, en garantía de la paz y la seguridad nacional, «preservará la soberanía e integridad de la nación».

A más de ser otro de los tantos escándalos diplomáticos que protagonizan los gobiernos de tintes fascistas y autoritarios de nuestra región, este episodio es una clara violación a los derechos humanos. ¿Qué amenaza para la seguridad nacional venezolana representan un grupo de ecuatorianos que han ido a conocer de cerca la realidad de ese país? ¿Qué desestabilizadoras pueden ser las conversaciones públicas que han mantenido con representantes de la oposición venezolana? ¿Qué pasó con la patria grande? ¿Qué fue de la famosa ciudadanía universal? Una vez más nos demuestran que todo lo que pregonan es simple retórica.

El gran miedo que tiene el gobierno venezolano es que el mundo entero sea testigo de la crisis humanitaria que vive su pueblo: largas filas para conseguir alimentos, sin numero de presos políticos y sistemáticas violaciones de derechos humanos que realiza el Estado a diario. Los gobiernos fascistas y autoritarios son la verdadera amenaza para la soberanía y seguridad nacional de los países. No esa gente que ha decidido alzar su voz para denunciar los desmanes del poder.

En Ecuador, las respuestas oficiales a este penoso evento han sido escuetas, timoratas y sobre todo hipócritas. Al parecer, los ecuatorianos tienen derechos dependiendo que pensamiento político pregonen y la bandera que levanten.