
RUPTURAS
Desde los primeros años del Ecuador republicano, allá por 1843, los aliados políticos de turno ya discrepaban unos con otros por sus formas de gobernar. Vicente Rocafuerte, exiliado en Lima, escribe su «Carta a la Nación» y siembra en la oposición la semilla que terminaría con el segundo gobierno de Juan José Flores en la Revolución Marcista de 1845. ¿Cuál fue el detonante de esta separación política? La Constitución de 1843, llamada «Carta de la esclavitud».
Otro episodio, quizás el más parecido a lo que vivimos hoy, es el protagonizado por Gabriel García Moreno al finalizar su primera presidencia. Jerónimo Carrión fue escogido como su sucesor, y apenas asumir el poder en 1865 puso distancia entre sus gobiernos y tomó decisiones que al caudillo no le gustaron. Acto siguiente, García Moreno movió todas sus influencias y Carrión terminó por renunciar.

Hoy Ecuador vive una situación parecida. El ex presidente Rafael Correa usa su cuenta de twitter para expresar la objeción que tiene con la forma de gobernar del actual presidente Lenin Moreno. «Claudicación de principios», «torpeza», «deslealtad» y «mediocridad» han sido los fuertes términos con los que ha descrito la decisión de Moreno de dialogar. Las fotos de los líderes de la oposición sentados en Carondelet y dándole la mano al presidente sacaron a flote, una vez más, la intemperancia que caracterizó el gobierno de Correa por diez años.
Estas rupturas no son propias del ejecutivo. CREO ha roto su alianza legislativa con SUMA por la votación de la ley contra paraísos fiscales. Lo que una vez más evidencia que la política nacional vive de la coyuntura, no de un proyecto a largo plazo. El rompimiento de Lasso con Nebot y Rodas saca al sol sus discrepancias, que al parecer eran más que sus acuerdos. La política es un fenómeno complejo y difícil de estudiar en la historia de la humanidad, sus escenarios y personajes se repiten una y otra vez. Y en la mitad de ese baile, siempre está el pueblo.

