Agustín en el pacto de obras

Foto de Rafael Reséndiz Izaguirre
La teología del pacto no surgió “de novo” en los siglos XVI y XVII sino que virtualmente todos los elementos que conformaban la teología Reformada del pacto existían de manera incipiente en épocas tempranas.[1]

A pesar de las completas, cuidadas y elaboradas discusiones de la teología del pacto, estas no llegaron sino hasta escasamente el inicio de la Reforma. Los teólogos del pacto siempre han discutido que sus puntos de vista son acorde a la amplia tradición cristiana. Cuando reconocemos que la Biblia por sí misma no solamente habla en términos de pacto sino que está dispuesta de forma pactual. En consecuencia, no debería ser escandaloso reconocer que esto ha sido parte de la tradición desde los tiempos más tempranos (aunque no siempre en el primer plano).

Sin embargo, se asume con frecuencia que los teólogos reformados del pacto no acaban de llegar a la arquitectura del pacto Bíblico como el centro de atención, sino que especulan más allá de los relatos bíblicos. La doctrina del pacto de obras se presenta con frecuencia como un ejemplo de esta “novedad”

Entonces observemos que la tradición cristiana en general ha enseñado que Adán tenía una relación especial con Dios en nombre de toda la humanidad y que esta relación amenazaba inevitable con la pena de muerte por la desobediencia o rebelión y prometía vida duradera para la obediencia fiel en nombre de toda la humanidad. En otras palabras: ¿es el pacto de obras una doctrina católica minúscula en la historia.?

Bueno, en una palabra sí. Hay muchos ejemplos para ofrecer en los padres de la iglesia, pero aquí está tan sólo uno de Agustín. Sin duda el más influyente.

Hablando de la rebelión humana y sus consecuencias en su obra “De Civitate Dei” Agustín escribió que:

A no ser también los niños, no según su propia conducta, sino por el origen común del género humano, hayan quebrantado el pacto de Dios en aquel en quien todos pecaron (Rom 5;12)…El primer testamento, que se hizo con el primer hombre, dice así: «porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.»( Gn 2,17). (De Civitate Dei XVI, 27)

Este es el contexto de la explicación por qué se dice que los infantes incircuncisos han quebrantado el pacto de Yahveh. Véase Génesis 17:14. Agustín apela también a que (entre otros textos) Rom 4:15 (“donde no hay ley, no hay transgesión”) Aduciendo que hay dos grandes pactos, el viejo y el nuevo. En el primero todos las criaturas han quebrantado el pacto desde Adán y necesitan una regeneración en el segundo pacto:

Por esto, como la circuncisión fue el signo de la regeneración, y con toda justicia la generación destruirá al niño por el pecado original, con que se quebrantó el primer testamento, si no lo libra la regeneración, así han de entenderse estas palabras divinas, como si se dijera: «Si alguno no fuera regenerado, será arrancada su alma de su pueblo», porque quebrantó el testamento de Dios cuando pecó con todos los demás en Adán ( ibíd.)

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[1] El fragmento es de R. Scott Clark.

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Brannon Ellis

Estudió Teología sistemática en Universidad de Aberdeen, Estudió teología histórica en Westminster Seminary California

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