Agustín: Teólogo de la Gracia Soberana

Introducción

Hay tiempos en la Historia de la Iglesia de Cristo cuando Dios ha hecho una obra importante para un hombre en la defensa y desarrollo de la fe en que Dios determina su vida en una forma especial, casi desde la infancia, para prepararlo para este llamado. Este fue el caso con Martín Lutero, cuya lucha profunda por la seguridad de su salvación fue usado por Dios para guiarlo hacia la gran verdad de la justificación por la gracia solamente. Esto fue verdad en Agustín, cuya juventud pecaminosa y rebelde fue usado por Dios para prepararlo para el desarrollo de las verdades sobre la soberanía y la gracia particular.

Herman Hoeksema escribe:

Dios preparó a Agustín también espiritualmente para esta batalla (contra el Pelagianismo). Ha sido sacado de las fuerzas del pecado hacia la redención que es en Cristo Jesús. El lo ha probado, Por tanto, no se trata de querer o de correr, sino de que Dios tenga misericordia.”( Rom 9:16) Esto vino a ser un hecho de experiencia para él que sólo la gracia eficaz ha sido suficiente para llevar al pecador de la tinieblas a la luz y el moralismo del libre albedrío de Pelagio era una abominación para él debido a su experiencia… Podemos entender que cuando… el refinado y no menos superficial Pelagio y su discípulo empezó a hacer propaganda por una doctrina que no solamente estaba claramente en conflicto con la Escritura sino también que militó contra todo lo que Agustín experimentó de la gracia de Dios, él se arrojó a la batalla con todo su corazón.

Su vida de pecado

Agustín nació el 13 de noviembre del 324 en Tagaste, una parte del norte de Africa conocida hoy día como Argelia. Una maravilla que sucedió en los días de cortejo y boda de sus padres, para su padre, Patricio, era un incrédulo cuyo interés en su hijo estaba limitado a prepararlo para una carrera que lo llevara a la fama y la fortuna, y su madre, Monica, era una mujer normal de piedad excepcional y santidad cuyo sufrimiento grande en su vida era su hijo rebelde. Ella lloró amargamente por mucho tiempo y oró por su hijo que él fue conocido como un hijo de lágrimas

A pesar de que él asistió a las clases para catecúmenos, cayó en el pecado de la ociosidad, disipación, e inmoralidad. Sólo tenía 17 años cuando en el mismo año que su padre murió, tomó una amante, y un año después engendró un hijo, Adeodato.

En todo este tiempo, él estuvo persiguiendo su educación y probó ser un buen estudiante. Pero, como es cierto, su gran habilidad probó su caída. Estaba a la deriva, como una avispa buscando su néctar, de una herejía a otra. Primero era el error del maniqueísmo, que enseñaba que hay dos principios eternos e independientes en el mundo: la luz y el dios bueno, la oscuridad y el dios maligno. Estos dos principios estaban en conflicto eterno, con el resultado siempre indeterminado. Luego fue la astrología, con sus supersticiones vanas y vacías. De la astrología fue derivado al Escepticismo, una filosofía que la que nada es más que un encogimiento de hombros intelectual: es imposible saber que es verdad y que es falso.

Durante su periodo de inmoralidad y apostasía, Agustín empezó a desarrollar una carrera. En el año 367, él enseñaba gramática en su pueblo natal; un poco tiempo después se fue a Cartago a enseñar Retórica. En el año 382 (ahora 28 años de edad) él determinó ir a Italia, pero no quería a su madre con él. Se fue sin decir a ella de su partida o destino, pero tomó a su amante y su hijo. Enseñó Retórica brevemente en Roma, pero fue a Milán y estuvo bajo la influencia del predicador poderoso, Ambrosio, arzobispo santo y valiente de la Iglesia de Milán.

Su conversión

A pesar que ha ido a escuchar a Ambrosio, sólo para aprender de sus capacidades de oratoria y retórica, pronto vino a estar bajo la influencia del poder del evangelio. Gradualmente sus errores fueron arrancados, a pesar de que se resistió con toda su fuerza, especialmente por las lujurias de su carne. Fue un tiempo de lucha.

Obstinado en buscar la verdad fuera de su santuario, agitado por las picaduras de su conciencia, atado por el hábito, llevado por el miedo, subyugado por la pasión, tocado por la belleza de la virtud, seducido por los encantos del vicio, victima de ambos, nunca satisfecho en sus delicias falsas, luchando constantemente contra los errores de su secta y los misterios de la religión, una carrera desafortunada, de piedra en piedra para escapar del hundimiento, escapando de la luz que lo perseguía, tal es la imagen la cual él se describe sus conflictos en el libro Confesiones.

Esta fue una lucha feroz la que finalmente llevó a Agustín a entender con profundo cuidado que la gracia de Dios que lo libra del pecado es soberana e irresistible, superando y derrotando toda nuestra resistencia, una obra llevada a cabo por el Autor, Dios mismo solamente.

Agustín mismo nos cuenta la historia de su conversión final en su libro Confesiones, y no podemos hacer nada mejor que escuchar esto. Un día, rasgado por violentas luchas, huyó a un jardín para buscar calma. Cuando en el jardín él escuchó una voz decir: “Toma y lee, toma y lee (tolle lege, tolle lege)” Agustín nos cuenta que él tomó el códice del Apóstol”:

Lo tomé, lo abri y leí en silencio el primer capitulo que se me vino a los ojos, que decía: «Como en pleno día, procedamos con decoro: nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias.»(Rm 13:13–14) No quise leer más, ni era necesario tampoco, pues al punto que di fin a la sentencia, como si se hubiera infiltrado en mi corazón una luz de seguridad, se disiparon todas las tinieblas de mis dudas[1]

Más tarde, explicando todo, escribió una confesión conmovedora:

¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! (sero te amavi…). Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te andaba buscando; y deforme como era, me lanzaba sobre las bellezas de tus criaturas. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Me retenían alejado de ti aquellas realidades que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu fragancia y respiré, y ya suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y me abrasé en tu paz.[2]

Después de un año de preparación Agustín y su hijo Adeodato fueron bautizados por Ambrosio. Pronto abandonó Milán para regresar a Africa. Su madre quien lo siguió hacia Italia, volvía de regreso con su hijo hacia Africa, pero murió en puerto en el Río Tíber en los brazos de su hijo, con el gozo de sus oraciones contestadas en su corazón, luego de una discusión conmovedora con él sobre las glorias del cielo.

Obras en la Iglesia

Agustín viajó a Africa, volvió a visitar Roma, regresó de nuevo a Africa, y empezó su obra en la causa de Cristo. En el año 389 él fue, en contra de su voluntad, ordenado presbítero en Hipona por Valerio, su obispo. En el año 395 fue ordenado obispo auxiliar, y en el 396, a la muerte de Valerio, fue ordenado su sucesor. Pasó el resto de su vida como pastor de su gran congregación, como escritor prolífico, como defensor ardiente de la fe, como hombre fiel de Dios en el servicio de la verdad. Cuando convalecía en el lecho de muerte, pidió que tuvieran los Salmos Penitenciales escritos en la pared, así que él estaría leyéndolos constantemente a su voluntad[3]. Murió en Agosto 28 del año 430 a la edad de 75 años, justamente un poco antes que los Vándalos (una tribu bárbara de Europa) saquearan la ciudad de Hipona y la destruyera.

Agustín produjo un enorme volumen de obras después de su conversión, la mayoría de valor duradero. Algunas de esas obras mejor conocidas son: Confesiones, un libro que todo hijo de Dios debería leer alguna vez en su vida; Ciudad de Dios, escrito para explicar la caída de Roma ante las hordas bárbaras, pero incluyendo una filosofía cristiana de la Historia, la cual es una exposición clara de la antítesis y en la cual pueden encontrar algunas de las enseñanzas de Agustín sobre la Predestinación Soberana; un tratado sobre La Trinidad la cual es la exposición más clara de su doctrina antes de las obras de Calvino; Retracciones[4]; en la cual él corrigió sus escritos anteriores donde retiró posiciones las cuales él desaprobó después de tener una madurez de pensamiento; y muchas obras más en contra de los Pelagianos y Semi-Pelagianos.

Agustín tuvo una batalla con los Maniqueos, una secta en la que él perteneció antes de su conversión, y con los Donatistas, una secta cismática en la que él convencía que regresara a la Iglesia.

Pero sus más grandes batallas fueron contra los Pelagianos y los Semi-Pelagianos. Sobre esas batallas debemos de hablar.

Ha de ser recordado que antes de Agustín, la Iglesia no había hecho avances en áreas de ciertas doctrinas como La Caída de Adan, La Depravación del Hombre, La Obra de la Salvación a través de la Gracia, La Doctrina de la Predestinación. De hecho fue sostenido generalmente en la Iglesia que, a pesar de que la salvación del hombre estaba enraizado en la cruz de Cristo, era dependiente del libre albedrío del hombre. Casi todos los Padres de la Iglesia sostuvieron eso.

Pelagio apareció en la escena con su enseñanza superficial contrarias a Dios en la que la salvación estaba enteramente enraizada en la habilidad natural del hombre para hacer el bien y ganar su propia salvación por buenas obras. El Semi-Pelagianismo que sigue totalmente del Pelagianismo era solamente una forma temprana de Arminianismo y una modificación del Pelagianismo.

Contra ese tipo de disparates, peleó Agustín. Agustín vio los problemas y desarrolló las doctrinas involucradas. No solamente Agustín discrepó con los errores promocionado por Pelagio y los Semi-Pelagianos, también desarrolló las doctrinas de la Gracia Particular y Soberana. Más específicamente, él negó todo tipo de Libre ofrecimiento del Evangelioy Gracia Común”[5] y aún llama a las así llamadas buenas obras de los paganos como vicios espléndidos. El enseñó la soberanía, la divina elección/reprobación, redención particular, depravación del hombre, culpa imputada y salvación por la Gracia soberana en los corazones de los elegidos. Sin ninguna ayuda puso el fundamento total en la antropología bíblica y soteriología.

Triste decir que las doctrinas de Agustín nunca fueron recibidas por la Iglesia Romana.[6] El Semi-Pelagianismo ganó esta vez tan pronto después de la muerte de Agustín, y un gran defensor de las perspectivas de Agustín, conocido como Gotteschalk, fue martirizado en el siglo IX por enseñarlas. Era inevitable, para la Iglesia, aún en la época de Agustín, que adoptara un enfoque que contrasta con las enseñanzas de Agustín: el valor meritorio de las buenas obras. Para abrazar las enseñanzas de Agustín tenían que envolverse en el repudio a las enseñanzas ya sostenidas por la Iglesia.

Por esta razón, en la sabiduría inescrutable de Dios, el verdadero agustinianismo ha tenido que esperar el tiempo de la Reforma para ser aceptada en la Iglesia de Cristo. Quien tuviera aunque sea un conocimiento superficial de la Institución de Calvino, sabrá cómo Calvino constantemente apela a Agustín en un esfuerzo consciente de señalar lo que sostiene en la tradición del gran obispo de Hipona.

Y lo hacemos nosotros. Como estudiantes y aprendices de Calvino[7] que somos, conocemos la verdad que amamos y apreciamos es la verdad que nos regresa totalmente a la senda del siglo V y las enseñanzas del amado Agustín, obispo de Hipona. Y en la celebración por esas enseñanzas de las Escrituras que eran amadas por Agustin, podemos encontrar sus palabras resonando en nuestros propios corazones porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”[8]

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Nota: 
[
Todas fueron agregadas por Andrés García ]

[1] Confesiones VIII,12,29.

[2] Confesiones X,28,38.

[3] Vida de San Agustín C. XXXI (Escrito por Posidio).

[4]Retractationum, simplemente es una obra de revisión de sus primeros escritos.

[5] El autor de este articulo, pertenece a las iglesias protestantes reformadas.

[6] “…se ha apartado de lo que había ella misma declarado verdadero es en el rechazo de las doctrinas conocidas históricamente como agustinianas. El hecho de que las peculiares doctrinas de Agustín habían sido reconocidas por toda la Iglesia, y especialmente por la Iglesia de Roma, es algo innegable. Estas doctrinas incluyen la doctrina de la corrupción pecaminosa de la naturaleza que se deriva de Adán, que es muerte espiritual, y que involucra la total incapacidad de parte del pecador de convertirse a sí mismo o de cooperar en su propia regeneración; la necesidad de la operación ciertamente eficaz de la gracia divina; la soberanía de Dios en elección y reprobación, y la cierta perseverancia de los santos. El capítulo dieciocho de la obra de Wiggers, Agustinianismo y Pelagianismo, se titula: «La final adopción del sistema agustiniano para toda la cristiandad por parte del tercer concilio ecuménico de Éfeso, 431 d.C.» No se niega que muchos de los obispos orientales, quizá la mayoría de los mismos, estaban secretamente opuestos a este sistema en sus rasgos esenciales. En lo único que se insiste es que toda la Iglesia, a través de lo que los romanistas reconocen como sus órganos oficiales, dieron su sanción a las peculiares doctrinas de Agustín; y que por lo que a la Iglesia Latina respecta, este asentimiento no fue sólo en aquel entonces general, sino cordial. No es menos cierto que el Concilio de Trento, mientras que condenó el Pelagianismo, e incluso la peculiar doctrina de los semi-Pelagianos, que dicen que el hombre comenzó la obra de la conversión, negando con ello la necesidad de la gracia previniente (gratia preveniens), repudió sin embargo las doctrinas distintivas de Agustín, y anatematizó a todos los que las sostuvieran.” (Escrito por Charles Hodge, en el capitulo 5 de sus introduccion en su teologia Sistematica.) Leer el artículo: Agustín “un Gran Predestinacionista” al igual que Calvino.

[7]Leer el artículo: ¿Fue Calvino un calvinista? ¿O plantó Calvino (alguien más en la era moderna) el “TULIP”?.

[8]Confesiones I,1,1.

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Herman Hanko

El autor es profesor de estudios de Historia de la Iglesia y del Nuevo Testamento en el Seminario Reformado protestante en Grandville, Michigan.

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