La Autoridad de La Escritura y el Testimonio de la Iglesia

AunqueLa autoridad de las Sagradas Escrituras, por la cuál han de ser creídas y obedecidas, no depende del testimonio de hombre alguno o Iglesia; sino totalmente de Dios (quien es la verdad misma) el autor de ellas; y así pues han de ser recibidas porque son la Palabra de Dios (1 Ts 2:13; 2 Ti 3:16; 2 P 1:19, 21; 1 Jn 5:9) (CFW 1:4). No obstante, la Confesión de Westminster (1.5) también reconoce que podemos ser movidos e inducidos por el testimonio de la Iglesia a tener una elevada y reverente estima de la Sagrada Escritura (1 Ti 3:15)…

¿Qué significa que podemos ser movidos e inducidos/impulsados por el testimonio de la Iglesia? ¿Qué autoridad tiene la Iglesia con respecto a la Escritura? Debemos evitar los extremos de ambos lados en esta pregunta, no quitando la autoridad legítima de la Iglesia ni dándole demasiada tampoco. Esta publicación responderá estas preguntas y se enfocará en 1 Timoteo 3:15 y en una cita comúnmente malinterpretada de Agustín.

La causa formal de la autoridad de la Escritura como la regla completa y suficiente de fe y vida es la Escritura misma, porque es la Palabra de Dios; el Espíritu Santo, como la causa eficaz imprime la verdad sobre el corazón del creyentedando testimonio por y con la Palabra (CMW P.4; CFW 1:5), sin embargo, es el trabajo forense de la Iglesia Universal proclamar la Palabra de Dios a las naciones, lo que la convierte en una causa instrumental de la autoridad de la Escritura. La iglesia testifica y el Espíritu convence de que la Escritura debe ser creída y obedecida porque es la Palabra de Dios.

La autoridad declarativa de la Iglesia

Esta autoridad declarativa de la Iglesia fue expuesta por Agustín:

“Yo, en verdad, no creería en el Evangelio si no me impulsase a ello la autoridad de la iglesia catolica (“Ego uero euangelio non crederem, nisi me catholicae ecclesiae conmoeret auctoritas”). Por tanto, si obedecí a los que me decían que creyese al Evangelio, ¿por qué no he de obedecer a los que me dicen: No creas a los maniqueos?”

- Agustín, Réplica a la carta llamada “del Fundamento” 5

Los romanistas han malinterpretado esta cita como si Agustín hubiese querido decir que la autoridad de la iglesia papal es el medio principal para que creamos en la Palabra de Dios. Varios teólogos reformados corrigieron esta interpretación defectuosa del texto agustiniano y explicaron la relación apropiada de la autoridad de la Escritura y el testimonio de la Iglesia universal.

“Estas palabras [de Agustín], dijo Whitaker [1], son tan bien conocidas por los papistas que uno difícilmente puede cambiar tres palabras con ellos, pero ellos las cambiarán. Es verdaderamente cierto que al principio podemos ser movidos para recibir y escuchar las Escrituras, porque la Iglesia da testimonio de ellas. Como la mujer de Samaria por sus discursos acerca de Cristo, fue lo que llevó a los samaritanos a creer, pero cuando los hombres de Samaria hubieron escuchado a Cristo mismo hablar, creyeron en Él más por sus propias palabras que por las de la mujer (Juan 4:39–41). En ese sentido deben ser interpretadas esas palabras de Agustín (tan frecuentemente citadas por los papistas). Agustín habló de sí mismo siendo un maniqueo; cuando él fue maniqueo, fue el primero en ser estimulado por la autoridad de la Iglesia para creer en el Evangelio. Lo que significa, que él nunca hubiese creído en el Evangelio, si la autoridad de la Iglesia no hubiese sido un preámbulo para él. No que su fe descansara sobre la Iglesia como una opción definitiva, sino que desde entonces, eso le hizo respetar la Palabra del Evangelio para escucharla, y tener un tipo de consentimiento [ej. adquirido] y fe humana para creerla, de ese modo fue preparado para tener una mejor iluminación, por la fuerza por la cual él podría creer con mayor certeza que eso era de Dios. Más, el testimonio de un padre en un lugar, en un asunto de tal consecuencia, debería ser de esa fuerza, es extraño.

El oficio de la Iglesia con respecto a la Escritura, se basa en cuatro cosas:

1. Distinguir la Escritura canónica de la que no es canónica; aunque la determinación de la Iglesia no es la única o la principal causa por la que los apócrifos son rechazados.

2. Ser un fiel guardián de aquellos libros que son inspirados por Dios, como una notaría, la cual, conserva las escrituras públicas.

3. Publicar, declarar y enseñar la verdad como un pregonero debe pronunciar los edictos de los reyes con una voz alta; y no para prefijar [omitir], agregar o alterar nada (Mt. 28:19, 20. Hch 8:35; 1 Ti. 3:15). La iglesia aquí [“… la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” [1 Ti 3:15] no es la iglesia que los papistas se hacen para ser el Juez de las controversias, ni la iglesia representativa, la cual es un concilio general; ni la Iglesia virtual, que ellos imaginan que es del Papa; sino la Iglesia principal: la asamblea de todos los creyentes fieles, “la Casa de Dios”, como Él la llama. El Apóstol aquí habla de una “columna”, no como algo arquitectónico, [de una manera arquitectónica], se entiende por esto como una pieza esencial del edificio, pero más como algo forense [de una manera forense], como un poste o pilar sobre el cual se solían colgar Las Leyes y Las Proclamaciones. Antiguamente, los Gentiles solían escribir sus Leyes en tablas y colgarlas sobre columnas de piedra, para que las personas pudiesen leerlas, ya que, Las Proclamaciones se clavaban en los postes de los mercados de las ciudades. El apóstol describe a la Iglesia como uno de estos pilares, quien daba a conocer lo que colgaba en postes. Es una columna, no porque sostenga, sino porque sostiene La Verdad.

4. Interpretar La Escritura por La Escritura, como muchas cosas en La Escritura son dudosas y difíciles de entender sin un intérprete (Hch 8:31), pertenece a la Iglesia exponer la misma, interpretar y dar el sentido provisto (Neh 8:8–9; Lc 24:27), siempre y cuando esta exposición sea provista por Las Escrituras.

Algunos de los papistas dicen que la Iglesia puede recomendar artículos fidei & facere canonicum quo ad nos [estableciendo artículos de fe y haciéndolos canónicos para nosotros], y aunque ellos hablan de Consejos y Padres, sin embargo, todo es como el Papa concluye.

El testimonio y tradición de la Iglesia, especialmente la Iglesia Primitiva, son necesarios para saber que el Evangelio de Mateo es Escritura Divina por una fe histórica y adquirida, para conocer esto por una fe divina e infundida (además de la autoridad de la Iglesia), la materia, el carácter, los contenidos de cada libro y su comparación con otras Escrituras, sirven como una causa interna para producir dicha fe infundida.”

  • Edward Leigh, Un tratado de Divinidad, Iii

- Fe histórica Vs. Fe sentimental

William Tyndale, tratando el mismo tema, explica la distinción entre estos dos tipos de fe, aunque usando el término “fe sentimental” preferiblemente que el término de “una fe divina e infundida”.

Hay dos maneras de fe, una fe histórica y una fe sentimental. La fe histórica depende de la verdad y honestidad del orador o de la fama común y consentimiento de muchos… Así que ahora, con una fe histórica, puedo creer que la Escritura es de Dios, por la enseñanza de ellos, y así debería haberlo hecho, aunque ellos me hubiesen dicho que Robin Hood estaba en la Escritura de Dios: dicha fe es solo una opinión y por lo tanto permanece sin fruto… Pero una fe sentimental, la cual está escrita (Jn 6), “Todos ellos serán enseñados por Dios”. Eso significa, que Dios la implantará en sus corazones con Su Espíritu Santo… Y esta fe no es ninguna opinión; sino un sentimiento seguro y por lo tanto, fructífero. Tampoco depende de la honestidad del predicador, sino del poder de Dios.

  • Willian Tyndale, Una respuesta al dialogo del señor Thomas More, pp. 50–55

Por lo tanto, el testimonio de la Iglesia es útil para una “fe histórica”, pero no para una fe sentimental, el testimonio de la Iglesia sobre el testimonio de la autoridad de la Escritura, es instrumental, pero no es eficiente en sí misma, para hacer que la Escritura sea autoritativa. “El Espíritu Santo es el Autor de la fe y no la iglesia, excepto como un instrumento y un medio externo ministerial” (William Whitaker, Disputas sobre la Sagrada Escritura, p. 297).

- La instrumentalidad de la Iglesia

La necesidad requiere que ellos [es decir, aquellos que ignoran las cosas piadosas] primero, deban ser movidos por alguna autoridad para que se sometan a la enseñanza (doctrina), cuyo espíritu y entendimiento, los cuales no son inmediatamente capaces de percibir, sino hasta que sus facultades son preparadas para entender las cosas en las cuales ellos deberían ser instruidos. La autoridad, por lo tanto, debe ser vista como la puerta a través de la cual deben pasar para alcanzar el conocimiento de aquellas cosas que deben aprenderse.

  • Musculus, Loci Communes, XXI, (Lugares comunes, P. 354, Col. 2), (citado por Muller, Dogmática reformada después de la Reforma, vol. 2, P. 364).

Musculus distingue entre la autoridad “eterna y más elevada”, es decir, Dios, y la autoridad “temporal y menor” que se deriva y otorga de Dios, es decir, la de los padres, magistrados y ministros. Las autoridades temporales y menores, de acuerdo con sus lugares y llamamientos, pueden usarse instrumentalmente para persuadir, pero no de su autoridad como tal (ibid.). Esta es la razón por la cual los ministros de la Iglesia usan las llaves del Reino, los padres crían a sus hijos “en la crianza y amonestación del Señor” (Ef 6: 4), los catequizan, los disciplinan, etc., y los magistrados civiles castigan el mal, alabemos lo bueno (Ro 13), protejamos y promovamos la Iglesia institucional (Is 49:11), etc. La autoridad de la Iglesia es temporal y delegada, es externamente persuasiva pero no eficiente para lograr algo en sí misma.

Además, no podemos recibir el testimonio de la iglesia a menos que reconozcamos que ella es la verdadera iglesia. Por lo tanto, no creemos que la Palabra sea la Palabra de Dios porque la iglesia lo afirma, sino por el contrario, creemos que la iglesia es la verdadera Iglesia porque la Palabra la valida como tal.

  • Wilhelmus a Brakel, El Servicio Razonable del Cristiano I: 29.

Tyndale explica cómo el testimonio de la Iglesia fue instrumental para la salvación de Agustín:

La vida ferviente del cristiano de acuerdo a su doctrina y el constante sufrimiento por la persecución y adversidad por causa de su doctrina, lo conmovió [i.e. a Agustín] y lo incitó a creer que no era una doctrina vana; sino que, debe ser de Dios, debido a que tenía tal poder. Por eso sucede que, aquellos que no oyeren la Palabra al principio, luego serán conmovidos por la santa conversación de aquellos que creen: como Pedro advirtió a las esposas cristianas que tenían esposos paganos, que no oirían la verdad predicada, pero, que ellas vivan tan piadosamente, que puedan ganar a sus esposos ganados con una conversación santa (1 P 3). Y Pablo dice: ¿Cómo sabes esposa cristiana si vas a ganar a tu esposo pagano? Con una santa conversación él quería decir: que muchos son ganados a través de ver una vida piadosa, aquellos que al principio no oían ni podían creer. Y esta es la autoridad a la que San Agustín se refería.

  • Willian Tyndale, Una respuesta al dialogo del señor Thomas More, p. 50 [2]

Por lo tanto, es claro que Agustín no está haciendo una declaración metafísica sobre la prioridad de la Iglesia sobre las Escrituras, sino que está haciendo una observación importante sobre el papel de la Iglesia para alcanzar a los perdidos y difundir el Reino de Cristo en todo el mundo. La iglesia no le da a la Escritura autoridad divina, sino que da testimonio de la autoridad divina que ya tiene en virtud de ser la Palabra de Dios.

Así que, si se pregunta por qué o por causa de qué yo creo que la Escritura sea de calidad divina, responderé que esto pasa por causa de la misma Escritura, la cual se demuestra ser como tal, por sus marcas. Si se pregunta cómo o por qué sucede lo que creo, responderé que por el Espíritu Santo, quien produce esta fe en mí. Finamente, si se pregunta por cuál medio u órgano, creo esto, responderé que a través de la Iglesia, la cual Dios usa para darme la Escritura.

  • Francis Turretin, Institutos de teología elenctic, II.vi.vi.

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Notas:

[1] William Whitaker, Debates sobre la Sagrada Escritura, Pregunta 3, Capítulo 8, p. 320.

[2] Juan Calvino también explica la frase agustiniana:

Sé muy bien que se acostumbra a citar el dicho de san Agustín: «Yo, en verdad, no creería en el Evangelio si no me impulsase a ello la autoridad de la iglesia Catolica.» Pero por el contexto se entenderá fácilmente cuán fuera de propósito y calumniosamente alegan este lugar a este propósito. San Agustín combatía contra los maniqueos, los cuales querían que se diese crédito sin contradicción ninguna a todo cuanto dijesen, porque ellos pretendían decir la verdad, aunque no la mostraban. Y porque, queriendo levantar y poner sobre las nubes a su maestro Maniqueo, blasonaban del nombre del Evangelio, san Agustín les pregunta qué harían si por ventura se encontrasen con un hombre que no diese crédito al Evangelio. Les pregunta que género de persuasión usarían para atraerlo a su opinión.

Luego dice: “En cuanto a mí, no creería en el Evangelio, si no fuese incitado por la autoridad de la Iglesia”. Con lo cual da a entender que él, mientras fue pagano y estuvo sin fe, no pudo ser inducido a creer que el Evangelio es la verdad de Dios por otro medio, sino convencido por la autoridad de la Iglesia. ¿es de maravillar el que un hombre, antes de que conozca a Cristo tenga en cuenta y haga caso de lo que los hombres determinan? No afirma, pues, san Agustín en este lugar, que la fe de los fieles se funda en la autoridad de la Iglesia, ni entiende que la certidumbre del Evangelio depende de ella; solamente quiere decir, que los infieles no tienen certidumbre alguna del Evangelio para por ella ser ganados a Jesucristo, si el consentimiento de la Iglesia no les impulsa e incita a ello. Y esto lo confirma poco antes de esta manera: “Cuando hubiere alabado lo que yo creo y me hubiese burlado de lo que tú crees, oh Maniqueo, ¿qué piensas que debemos juzgar o hacer sino dejar a aquellos que nos convidan a conocer cosas ciertas y después nos mandan que creamos lo incierto, y más bien seguir a aquellos que nos exhortan a que ante todo creamos lo que no podemos comprender ni entender, para que fortificados por la fe al fin entendamos lo que creemos; y esto no por medio de los hombres, sino porque el mismo Dios confirma y alumbra interiormente nuestras almas?”

Éstas son las propias palabras de san Agustín, de las cuales muy fácilmente cada uno puede concluir que nunca este santo doctor fue del parecer que el crédito y la fe que damos a la Escritura había de estar pendiente del arbitrio y la voluntad de la Iglesia, sino que sólo quiso mostrar que aquellos que aún no están iluminados por el Espíritu Santo son inducidos por la reverencia y respeto a la Iglesia a una cierta docilidad para dejar que se les enseñe la fe en Jesucristo por el Evangelio; y que de este modo la autoridad de la Iglesia es como una entrada para encaminar a los ignorantes y prepararlos a la fe del Evangelio.

Todo esto, nosotros confesamos que es verdad. Y realmente vemos muy bien que san Agustín quiere que la fe de los fieles se funde en una base muy diferente de la determinación de la Iglesia. Tampoco niego que muchas veces objeta a los maniqueos la autoridad y común consentimiento de la Iglesia, queriendo probar la verdad de la Escritura que ellos repudiaban. A esto viene el reproche que hizo a Fausto, uno de aquella secta, porque no se sujetaba a la verdad del Evangelio, tan bien fundada y establecida, tan segura y admitida por perfecta sucesión desde el tiempo de los apóstoles. Mas de ninguna manera pretende enseñar que la. reverencia y autoridad que damos a la Escritura dependa de la determinación y parecer de los hombres; tan sólo (lo cual venía muy bien a su propósito) alega el parecer universal de la Iglesia (en lo cual llevaba gran ventaja a sus adversarios) para mostrar la autoridad que ha tenido siempre la Palabra de Dios.

Si alguno desea más amplia confirmación de esto, lea el tratado que el mismo san Agustín compuso y que tituló: “De utilitate credenti” — De la utilidad de creer -, en el cual hallará que no nos recomienda ser crédulos, o fáciles en creer lo que nos han enseñado los hombres, más que por darnos cierta entrada que nos su, como el díce, un conveniente principio. Por lo demás, no quiere que nos atengamos a la opinión que comúnmente se tiene, sino que debemos apoyarnos en un conocimiento firme y sólido de la verdad.
- Institución de la religión Cristiana I.VII.4

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Paul J. Barth

Es un presbiteriano confesional que cumple con los estándares originales de Westminster (1646).Su sitio web:http://PurelyPresbyterian.com

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  • Traducido por: Gabriela Perez

Agustinismo Protestante

Agustinología, a la luz del juez supremo (las Sagradas Escrituras). Página de difusión del pensamiento cristiano y de otros estudios bíblicos. Desde una visión Cristiana Católica de tradición Reformada.

Andrés E. García G.

Written by

Cristiano Católico de Tradición Reformada. Estudiante de teología y estudioso de la persona y obra de san Agustín.

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