La circuncisión y el bautismo de los niños

Si alguien reclama la autoridad divina en esta cuestión, como es una práctica que mantiene toda la Iglesia y no fue establecida por los concilios, sino que se ha retenido siempre, se cree con toda razón como una tradición apostólica. Aunque también podemos conjeturar con veracidad cuál es el poder del sacramento del bautismo en los párvulos por la circuncisión de la carne que fue el pueblo el primero en recibir, y, sin embargo, sin haberla recibido fue justificado Abrahán. Como Cornelio también fue enriquecido con el don del Espíritu Santo aun antes de ser bautizado.
Claro que el Apóstol dice del mismo Abrahán: “Recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia por su fe” (Rm 4,11); había creído ya en su corazón, y se le había computado como justicia. ¿Por qué, pues, se le mandó que al cuarto día circuncidara a todo recién nacido, si no podía aún creer con el corazón para que se le computara como justicia? Simplemente porque el sacramento por sí mismo tenía un gran valor. Se manifestó esto por medio de un ángel en el hijo de Moisés, quien siendo llevado todavía incircunciso por su madre, fue forzado en un peligro presente e inmediato a ser circuncidado, y una vez circuncidado, desapareció el peligro de muerte (Éx 4,24–26).
Así, pues, como en Abrahán precedió la justicia por la fe, y sobrevino la circuncisión como señal de justicia de la fe, así precedió en Cornelio la santificación espiritual en el don de Espíritu Santo, y sobrevino el sacramento de la regeneración en el baño del bautismo. Y como en Isaac, que fue circuncidado el octavo día de su nacimiento, precedió el signo de la justicia de la fe, y a imitación de la fe del padre, siguió en su adolescencia la misma justicia, cuya señal había precedido de niño, así en los infantes bautizados precede el sacramento de la regeneración, y si conservan la piedad cristiana, seguirá en su corazón la conversión, cuyo misterio precedió en el cuerpo. Y como en aquel ladrón completó la benignidad del Omnipotente lo que faltaba por el sacramento del bautismo, ya que no había falta por soberbia o menosprecio, sino por necesidad, así en los infantes que mueren bautizados se cree que suple la misma gracia del Omnipotente lo que no por voluntad impía, sino por incapacidad de la edad, ni pueden creer con el corazón para la justicia, ni pueden confesar con la boca para la salvación.

San Agustín, Tratado sobre el bautismo, IV, XXIV.31.