No Te Mereces Nada

Isaac de la Peña
Jun 25 · 7 min read

(Publicado inicialmente el 21 de Mayo del 2015)

Reid Hoffman nos proporciona una muy interesante segunda derivada a sobre diversificación, inversión y emprendimiento. Para quienes no lo conozcan, Reid es co-fundador de la red profesional y co-autor del libro “”. Para los que no conozcáis LinkedIn, os recomiendo que no perdáis el tiempo con este artículo, volved a la caverna en la que habéis estado viviendo y continuad con vuestras plácidas reflexiones. La felicidad es un bien demasiado preciado como para que la realidad se inmiscuya. Al resto os invito a que sigáis leyendo.

Lo que Reid nos comenta es que tanto si eres un abogado o un doctor o un ingeniero, hoy en día tienes que pensar como un emprendedor, pues como mínimo tienes que gestionar una start-up muy especial: tu propia carrera profesional. Nos guste o no, este es un cambio que ya ha sucedido, una realidad en la que ya vivimos, propiciada por eventos que han transformado radicalmente el mercado laboral, no sólo en USA sino a nivel mundial y que en pocos sitios se han vivido de manera tan radical como en España, un país inmerso por muchas décadas en un complaciente proteccionismo heredado del franquismo (no olvidemos que el nacional-socialismo, al igual que el comunismo, desconfía del capitalismo y ensalza los valores proletarios) y continuado de forma populista por sucesivos gobiernos tanto a derecha como a izquierda del hemiciclo.

En ese “estado del bienestar” protegido el mercado laboral funcionaba como un ascensor: uno entraba después de graduarse en la planta baja, y mientras no lo hiciera demasiado mal continuaba subiendo en el ascensor con promociones cada ciertos años, empleado de por vida en la misma compañía, hasta llegar al último piso y un comfortable retiro asegurado.

Pero ahora el ascensor está atascado a todos los niveles. Los veteranos no pueden retirarse a la edad esperada. Los cuadros medios no pueden progresar simplemente haciendo lo que hacían ayer. Y jóvenes con la mayor preparación de la historia de nuestro país no pueden encontrar ninguna puerta de ascensor abierta. El efecto combinado de la tecnología y la globalización hacen que se necesite menos gente para producir más cosas, y que dichas personas puedan estar localizadas en mercados diferentes. Y como que en España hemos esperado a que la crisis más grande de los últimos ochenta años nos obligue a cuestionar modelos insostenibles de pacto social, nos hemos visto abocados al abismo y hemos sufrido como el infortunado que tiene su primer sarampión a los treinta y cinco años.

Lo importante aquí para nosotros es como cambia ese modelo: antes solía haber un pacto entre el empleado y el empleador que garantizaba empleo de por vida a cambio de lealtad, también vitalicia. Este pacto ha sido reemplazado por contratos basados en productividad, de corto plazo y que ambas partes pueden cancelar de forma rápida y barata. Esto ha provocado que la lealtad profesional ahora fluya “horizontalmente” desde y hacia una red profesional en lugar de “verticalmente” hacia un jefe. Dejadme hacer aquí un inciso para quien piense que esto es “un problema de los trabajadores” que están “siendo abusado por los empresarios”. Quien así razone me temo que ha asistido a demasiadas reuniones de Podemos e infelizmente se ha perdido la mitad de la película, porque la realidad es que el entorno es todavía más duro para los empresarios. Hoy en día las compañías están cayendo más rápido y más frecuentemente que nunca. En los años 20 y 30 las empresas permanecían en el S&P 500 por una media de 65 años. En los 90 esta media se había reducido a 10 años. Ahora debe rondar los 5 años de permanencia. Es interesante remarcar también que una compresión similar ha sucedido en el tiempo que un inversor mantiene un título en cartera: en los años 40 la media de permanencia era de 4 años, en los 90 era de 8 meses. En el 2008 era 2 meses. Y en el 2011 era de… 22 segundos, con importantes consecuencias que exploraremos en más detalle en artículos futuros relacionados con el trading algorítmico y de alta frecuencia, dos fenómenos que han cambiado los mercados financieros para siempre.

La realidad irreversible es que nos encontramos en un entorno en el que sólo hay una constante: el cambio. En gran medida las condiciones en las que ahora vivimos son las mismas en las que los emprendedores están acostumbrados a manejar en sus empresas. La incertidumbre reina. La información es asimétrica y costosa. Los recursos son limitados. La competición es alta. Y eso significa que tienes que adaptarte. Si no lo haces, nadie — ni tu jefe, ni el gobierno — te van a ayudar cuando caigas. Ya no se puede seguir “ocultando la cabeza en la arena” de un empleo asegurado de por vida, y dejar que otros agentes económicos acarreen la tarea de gestionar los riesgos del entorno. Ahora la gestión del riesgo es una responsabilidad individual. Y de forma más general, la sociedad prospera cuando la gente piensa de forma emprendedora. Ejemplos de prácticas a evitar en el nuevo mundo son, por ejemplo, mantener una identidad arraigada a una empresa en lugar de cultivar una marca personal, o la hiper-especialización, promovida por una cultura y esquema de incentivos propios de la era industrial, en la que aprendes más y más de un dominio cada vez más reducido de tareas. En un entorno que cambia tan rápidamente dicha estrategia te hace mucho más susceptible a la obsolescencia profesional.

Y tal vez la peor es pensar que una vez acabada la universidad no hay ninguna necesidad por aprender. Para mucha gente, “veinte años de experiencia” significaba un año de experiencia repetido veinte veces. Ese mundo, por suerte, se acabó. Por contra, las estrategias empleadas por individuos y empresas exitosas en el nuevo mundo son sorprendentemente similares. Principios como: analiza qué te hace diferente, y mejor, convierte eso en tu ventaja competitiva. Aprende cada día algo nuevo. Compara tus aspiraciones con tus recursos para planear tácticas viables. Vete allí donde hay crecimiento rápido, porque el crecimiento rápido es a madre de todas las oportunidades. Pivota tan rápido como puedas en cuanto veas que se abre una oportunidad sustancial. Toma riesgos de forma inteligente, con probabilidad de pérdidas pequeñas y grandes ganancias. Utiliza la escalabilidad tecnológica y los efectos de red para crear barreras competitivas. Y por encima de todo, construye una red de aliados que te pueden ayudar con información, ideas, recursos, oportunidades… tu red profesional es tu estrategia de diversificación en un mundo incierto y arriesgado. Otra lectura notable al respecto que recomiendo encarecidamente es el libro de Dan Pink “”.

En USA, Detroit ejemplifica el desastroso fallo por adaptarse a las nuevas condiciones. Sin embargo, por gran parte del siglo XX Detroit era el modelo de progreso. Ford, General Motors (GM) y Chrysler se contaban las empresas más innovadoras del mundo, llevando al presidente Harry Truman a postular la ciudad como sinónimo de grandeza industrial. Alfred P Sloan, el legendario chairman de GM (y patrón de la escuela de negocios de MIT) implementó nuevas técnicas de gestión operativa para conseguir “un coche para cada bolsillo”. En 1955 GM fue la primera corporación del mundo en ganar un billón de dólares, tan grande que el departamento de Justicia pensó en dividirla como le pasaría a Microsoft en los 90. Pero, gradualmente, esa innovador sector automovilístico se fue convirtiendo en una burocracia anquilosada, aversa al riesgo y anti-meritocrática. El resultado: GM perdió 82 billones de dólares en los tres años y medio que llevaron a su rescate y clausura final por parte del gobierno federal. Ahora Detroit es una ciudad fantasma, con la mayor parte de su zona urbana despoblada à la Chernobyl y la criminalidad más alta de USA.

Hoy en día Silicon Valley se ha convertido en el modelo de progreso del siglo XXI, catapultada al éxito por su ecosistema de emprendimiento y capital riesgo que ha llegado a gestar firmas como Google, Apple, Facebook, Twitter, LinkedIn… Pero, de hecho, el emprendimiento no está sólo en Silicon Valley. Está en las mentes y las manos de muchos hombres y mujeres alrededor del mundo que, frecuentemente, no están comenzando empresas (ni deberían hacerlo), pero afrontan los retos de su carrera profesional con el talante y la visión correctas. No eres una víctima de nadie. Nadie te debe ninguna cosa. No te mereces nada. Ahora, sal ahí fuera y crea algo fantástico.

Y si quieres profundizar en las raíces del capitalismo y del pensamiento liberal, entonces definitivamente tienes que leer esta .

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Divagando sobre tecnología, filosofía y economía

Isaac de la Peña

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Investor @Conexo_vc and formerly @Inveready. Partner @AgoraEAFI & @Alt_Insights. MIT technologist. Finance, algorithmic trading, AI, big data, mobile, web.

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