Caso Ariel: La sombra del odio

Universidad Nacional Autónoma de México

Facultad de psicología

Alternativas terapéuticas en niños y adolescentes

“Caso Ariel: la sombra del odio”

Alumno: Escobar Cervantes Dámaris Berenice

Profesor: Esparza Meza Eva María

Fecha de entrega: martes 05 de junio del 2017

Ficha de identificación

Ariel es un niño de ocho años. Actualmente cursa tercer grado de primaria y lleva un promedio de 9.2

Motivo de consulta

La abuela materna solicita atención psicológica debido a que Ariel es muy inquieto. Refiere problemas de conducta e inquietud tanto en la escuela como en su casa. Así mismo, menciona que con frecuencia sufre de sueños de angustia.

Estudios previos

En el Hospital Darío Fernández, se le realizó un estudio Psicológico y uno Psiquiátrico. Respecto al estudio psicológico, las pruebas aplicadas fueron: Bender, HTP, test de la familia, CAT, CMAS-R y figuras incompletas. El informe describe que evita el contacto social y afectivo con los demás, es poco expresivo y muestra dificultades para comunicar sus emociones. Así mismo, se informa que con la figura materna tiene una relación ambivalente, pues percibe una relación de cercanía, pero una madre poco protectora. Por otro lado, percibe al padre como distante, mostrando así, deseo de tener una relación más cercana con éste. Por otra parte, muestra sentimientos de logro y de sobresalir en lo que hace, aspecto que lo hace sentir valorado por los otros que lo rodean, por lo que hay susceptibilidad ante la crítica, temor al rechazo, aislamiento y poca tolerancia a la frustración. Asimismo, muestra dificultad en el rendimiento bajo presión, con pobre resolución de tareas, así como también, dificultad para relacionarse e interactuar con figuras de autoridad.

Ariel presenta rasgos de agresividad, ansiedad generalizada y dificultad en el control de impulsos, buscando así satisfacer sus necesidades de forma inmediata, motivo por el cual se le dificulta la posposición de gratificación, y cuando no recibe satisfacción, reacciona con actitudes hostiles. Se muestra dependiente y demandante.

Con base en el estudio del paidopsiquiatra, se informa que durante la consulta se mostró inquieto, levantándose constantemente y presentando movimiento constante de piernas. Se observó problemas de articulación con la r.

En este estudio se confirma el diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad y problemas de lenguaje, por lo que se le receta tratamiento farmacológico. Primeramente, se administra metilfenidato de 10 mg durante las mañanas. Cuando se le detectó sintomatología ansiosa y depresiva, se le recetó sertralina. En la última consulta, la psiquiatra cambia el medicamento a atomoxetina 10 mg con el esquema 0–0–2, por lo que deja de tomar el medicamento de la mañana para tomarlo de noche y con una dosis mayor. Incluso, Ariel sabe el nombre del medicamento que le recetan, menciona que se lo cambiaron a atomoxetina, sin embargo, comenta que éste último no le cae bien porque “se queda como sin ganas de hacer las cosas”.

Ariel lleva con este tratamiento un año con un mes. Ante los resultados de estos estudios, se le dio el diagnóstico de TDAH comorbilidad con trastorno de lenguaje, ansiedad y depresión moderada.

Cuando Ariel comenzó con el tratamiento farmacológico mejoró en calificaciones y en general en la escuela. Sin embargo, presenta un pensamiento supersticioso respecto al medicamento, refiere que “cuando no se lo toma se porta mal”.

Familiograma

La madre de Ariel, Jazmín, de 27 años, trabaja como policía administrativo de la ciudad. Por su parte, Diego, el padre de Ariel tiene 33 años y es repartidor. Ariel es el mayor de tres hermanos. Muriel, su hermana menor tiene 7 años y cursa el segundo año de primaria; tiene también un hermano menor de 3 años llamado Yuri, quien es producto de la segunda pareja de su madre. Los padres de Ariel están separados, debido al tercer embarazo de Jazmín.

Desde el nacimiento de Ariel, los niños y la madre viven en casa de los abuelos maternos. La abuela materna, María, tiene 58 años y labora como personal administrativo de un hospital público. Por otra parte, César, abuelo materno, quien también tiene 58 años, tiene trabajos esporádicos. Los abuelos de Ariel, son quienes se encargan de sus cuidados, al igual que el de sus hermanos. Dado que Jazmín se iba por temporadas durando incluso, meses sin verlos, María y César, pensaron en quitarle los niños legalmente. Sin embargo, cuando piensan en ello, Jazmín regresa y no pueden, aunque ahora ya no piensan en eso. María comenta que le preocupa la situación de los niños dado que Jazmín “es muy irresponsable” y Diego “se ha olvidado de ellos”. De igual manera menciona que ellos, María y César ya están viejos y enfermos.

Respecto de Ariel dice que toda la situación le ha afectado mucho, él vivió los pleitos y agresiones entre sus padres, su padre decía de sus hijos que son tontos y no sabían hacer nada bien. Con frecuencia sufre de sueños de angustia. Narra que tiene problemas con su esposo porque los niños luego quieren dormir con ella y se los permite: “no quiero que sufran más de lo que ya sufren”.

En ésta misma sesión, hubo una entrevista con Jazmín, en la que refiere que ella no pensó tener a Ariel, fue el padre quien quiso que lo tuvieran, motivo por el cual, se casaron.

Historia clínica

El parto fue por cesárea debido a que al final del embarazo, Jazmín tuvo preclamsia, retuvo líquidos y el bebé presentó sufrimiento fetal. Su madre lo amamantó hasta aproximadamente los 8 meses, después cambió a biberón hasta aproximadamente el año y medio.

Por otra parte, Ariel sostuvo la cabeza a los 4 meses; logró sentarse a los 7 meses; no gateó, pero caminó al 1 con 3 meses. Por otro lado, sus primeras palabras fueron a los 2 años y medio, pero comenzó a hablar a los 3 años. Finalmente, hubo control de esfínteres a los 2 años.

Cuando Ariel tenía un año y medio lo llevaron a la guardería, pero la abuela y la madre refieren que no se adaptó, lloraba y no quería ir, a la fecha él dice que la maestra le pegaba, aunque realmente no se sabe lo ocurrido. Posteriormente, a los 2 años ingresó a una guardería de mercado, y estuvo hasta los 4 años que pasó al preescolar. A dicha guardería asistía de 8 a 15 hrs. ya que Jazmín ya no podía atenderlo y los abuelos podían cuidarlo únicamente los fines de semana. En la guardería no hubo reportes sobre su conducta.

Ingresa al preescolar a los 3 años. Sin embargo, es hasta los 5 años que comienza a manifestar problemas de inquietud, como, por ejemplo, se escondía, no obedecía indicaciones, no medía el peligro, se salía y brincaba constantemente. Así, desde el primer año de la primaría mostró problemas de conducta e inquietud, no copiaba la tarea, se salía del salón, no seguía indicaciones, se paraba constantemente de su lugar y era muy distraído.

Cuando se indaga sobre el recibimiento de Ariel a la familia, la abuela refiere que para ella fue mucha emoción. Sin embargo, comenta que la familia de Diego se mostró indiferente, al igual que los mismos padres, ya que menciona, Jazmín “lo recibió más como una carga” por lo que “no era muy demostrativa de afecto”.

Sintomatología

Ariel muestra angustia de separación, pues se ve sometido a una relación de objeto ansiosa y ambivalente, ya que ha estado en un ambiente de ausencias y violencia. De igual manera, el no deseo de un hijo por parte de Jazmín y la dinámica familiar de Ariel, dificulta que tenga un lugar dentro de la familia, lo que produce obstáculos en el proceso de integración del self.

Análisis

Desde su nacimiento, Ariel se encuentra escindido entre dos figuras maternas que rivalizan entre ellas, lo que provoca en él una huella del fracaso de la función materna. Pues por una parte tiene a su abuela, quien cuida de él desde una edad muy temprana, y por el otro a una madre con quien la única experiencia favorable fue el amamantamiento, ya que la madre durante el embarazo, presentó preclampsia, y sabemos que en general, cuando suceden cosas así durante y después del embarazo, surgen faltas en la crianza de sus hijos (Winnicott, 1959). También se podría afirmar que tanto esa experiencia como el embarazo per se fueron experiencias displacenteras para ella.

Pareciera que María quisiera reparar la culpa de haber descuidado a sus hijos cuando eran chicos, la culpa aparente que siente al haber descuidado a Jazmín durante la adolescencia. Por otro lado, Jazmín repite la función materna de María, es como si el destino de María fuera reparar un daño, como lo refirió Jazmín, ”Espero que lo cuide y que no sea como fue conmigo”

Melanie Klein sostiene que el juego es el camino principal para el acceso al inconsciente infantil. En el caso de Ariel, a lo largo de las sesiones se muestran principalmente tres juegos: la guerra entre los buenos y malos, donde él siempre representa a los primeros, mientras que la analista juega el papel de los malos; fútbol, donde él hace referencia a la fuerza que tiene; y las atrapadas, en el que la terapeuta es la bruja que lo atrapa y no lo deja escapar. Su juego se puede estructurar de la siguiente manera:

- Fase libidinal: hay presencia de manifestaciones anales y fálicas, con predominancia anal al mostrar agresividad en su juego.

- Relaciones objetales: la forma en la que se relaciona con los objetos es agresiva.

- Dinámica estructural: se muestran conflictos externos, pues lo ocurrido, lo proyecta en la analista o en los juguetes, sin él hacerse daño u ofenderse.

- Modalidad de ansiedad: persecutoria, al proyectar todo lo malo sobre el otro. De igual forma, presenta una modalidad depresiva, que tiene que ver con la pérdida del objeto, y, por lo tanto, la culpa de que hace daño, es decir, que se tienen cosas malas dentro y que pueden destruir.

- Identificación lúdica: la identificación lúdica nos lleva a considerar qué tipo de objeto escoge el niño como identificatorio, en éste caso, los robots buenos.

- Modalidades de juego: en su juego se muestra estereotipia y perseverancia

- Motricidad: su motricidad es adecuada

- Creatividad: disminuida; depende del grado de síntesis yoica

- Capacidad simbólica: compulsión a la repetición

- Tolerancia a la frustración: bajo umbral o sobreadaptación

- Adecuación a la realidad: buena capacidad de adaptación

Cuando Ariel pide jugar a los buenos contra los malos, pone ciertas reglas que consisten en que él disparará con el misil, si los toca una vez, los heridos sólo van al hospital, pero regresan, en cambio, si los toca por segunda vez, mueren y él se los queda. Regularmente, al final del juego, los malos que acumuló los convierte en buenos.

Da la impresión que este juego es para Ariel una fantasía de curación (Aberastury, s.f), donde refleja el cómo cree que todo se puede solucionar, en éste caso convirtiendo a los malos en buenos. Esto podría hablarnos del temor que tiene de expresar el enojo que siente ante la ausencia de los padres, es decir, Ariel proyecta una situación de ambivalencia al saber que siente cosas negativas dentro de él, y tal vez, la forma que tiene de compensar esos “malos” pensamientos hacia estas figuras, es representando a los buenos y convirtiendo a los malos, en buenos personajes, en otras palabras, se deshace de sus fantasmas internos.

En la primera sesión, jugando a la guerra, Ariel le dice a su terapeuta: “También te voy a matar”. Posteriormente, en la segunda sesión Ariel vuelve a dispararle a la analista, por lo que ella le dice que, si iba dispuesto a matar a todos los que le caían mal, incluyendo a “mamá Eva” y a “mamá Jazmín”, a lo que él responde que sí, que también a Muriel porque le cae mal por ser mentirosa. Ante éste evento, se observan los impulsos destructivos de Ariel, ya que al no tener la seguridad que es proporcionada por los padres, no logra integrar los impulsos destructivos con los amorosos y así, no es capaz de protegerse a sí mismo y a sus objetos de amor. Así mismo, se observa la transferencia con la analista (de mamá) donde descarga de manera manifiesta sus impulsos agresivos porque representa menor amenaza de angustia, ya que ella no es la madre real. Ariel busca su reconocimiento como quizá una transferencia reparadora.

Ph Gutton (s.f) refiere que “el juego es una actividad de placer, una actividad donde se realizan los deseos infantiles.” Así, respecto al juego de fútbol, en la sesión tres, se le pregunta porque a los niños les gusta tanto el fútbol, a lo que él responde no saber el motivo, así, la terapeuta responde que puede ser una forma de sentirse valiosos, fuertes y masculinos, él sólo responde “Yo soy fuerte, bueno, tú dices que pateó fuerte”. En las sesiones en las que decidía jugar fútbol, pateaba muy fuerte el balón llegando a pegarle a la analista en la pierna, a veces se ponía de portero, le enseñaba cómo parar el balón, y repetía “soy muy fuerte”. Incluso, en una de las sesiones, después de jugar fútbol, Ariel pide jugar “vencidas”, la terapeuta lo dejó ganar y él dijo “¿ves como si soy fuerte?”

El fútbol para la edad de Ariel, es una actividad usual. Sin embargo, lo que llama la atención es la constante repetición de la frase “soy fuerte”, tal vez, como en el caso anterior, Ariel busca reconocimiento por parte de su analista, y ésta sería una manera de seducirla, mostrándole lo bueno que es en esa actividad, mostrándole trucos y queriendo enseñarle a cómo jugar. Es una forma de pedirle a un otro que lo vea y que cierta forma lo admire. Hay que tener en cuenta también que en sus informes se reportó que le gusta sobresalir en lo que hace, aspecto que lo hace sentir valorado por los otros que lo rodean,

El juego es considerado un medio de expresión simbólica de fantasías, deseos y experiencias, a través del cual el niño elabora situaciones traumáticas y siente alivio de la presión superyoica a través del mecanismo de personificación (Klein, 1929), así, finalmente, haciendo referencia al juego de las atrapadas, según Klein, Ariel oscila entre la posición esquizo-paranoide, al proyectar sus tendencias agresivas hacia el ambiente con éste juego y sus sueños de angustia, aunque en su mayoría, se encuentra en una posición depresiva. Éste juego consistía en que la analista sería la bruja y debía atraparlo y cuando lo hiciera, ella no debía soltarlo. En una sesión primeramente juega con los cojines, utilizándolos como medio para que la terapeuta no lo alcanzara, sin embargo, él comienza a pegarle de manera fuerte, se le dice que no debe pegar, ante esta indicación, él le pide que le pegue para demostrarle que no duele, así, la analista le dice que a ella sí le duele y no debe hacerlo. Aquí se muestran dificultades con la empatía. Una vez que la analista lo atrapa, logra escaparse e insiste en decir que es muy fuerte y que el prisionero se escapó. Esta situación podría representar una proyección de su abuela o incluso de su madre, quienes son madres castradoras. Retomando a Klein con las situaciones traumáticas, Ariel pide que no lo suelte una vez que lo tenga, mostrando así el deseo que tiene de ser amparado por una madre, que, aunque su abuelita funge dicho rol, él se encuentra en medio de dos mujeres que son objetos amenazantes por la relación conflictiva que hay entre ellas, y no sabe qué hacer.

Una vez más pide jugar a las atrapadas donde ella es nuevamente la bruja que lo tiene hechizado. Sin embargo, Ariel vuelve a pegarle con los cojines, por lo que se busca indagar el por qué su insistencia en pegarle en la cara. Ante esto, Ariel repite constantemente “Atrapadas en la cara o fútbol”, conducta compulsiva que mantuvo por más de media hora. Entendiendo la conducta compulsiva como una protección contra el deseo. Ariel es un niño que no tiene límites, pues hay un padre ausente, una madre con actitudes ambivalentes, un abuelo que no funge como figura de autoridad y una abuela “consentidora” con la finalidad de que el niño ya no sufra, así que, podría decirse que, al establecerle un límite, no supo qué hacer o cómo reaccionar, pues la angustia lo invadió y ésta sólo pudo ser calmada mediante una conducta estereotipada. Nuevamente se muestran sus impulsos agresivos, reproduciendo la violencia que ha vivido a lo largo de su vida, pues en el juego también se elaboran experiencias, por lo que más allá de ser un juego para Ariel, fue un medio para descargar dichos impulsos (Winnicott,s.f).

El rechazo de la madre hacia el embarazo se queda en el inconsciente del niño, lo que podría explicar los juegos de guerra y atrapadas, así como sus sueños de angustia. Si bien su madre no lo deseo en un inicio, su hostilidad contra ella la proyecta hacia los demás con esos juegos. Cuando no somos deseados en la infancia, algo en nosotros hará que hagamos cosas para que eso nos pase de mayores. Ariel, con todo lo que implica su TDAH me parece que hace eso, que se le rechace, aunque es contradictorio hasta cierto punto, pues él quiere un lugar en el mundo de su familia, quiere ser visto por ellos, pese a la ambivalencia que él sienta.

Por otro lado, en la primera sesión de evaluación, Ariel pidió llevarse dos cubos de hielo que brillan a cambio de una llave que él dejaría para que los otros niños jugaran también. Se observa una regresión a la etapa anal al dejarle a la analista “un obsequio”, como si fueran las heces a la madre. Aunado a la transferencia positiva.

Ariel, en la tercera sesión de evaluación, hace referencia a tener hambre, así que pide a la analista comer, sin embargo, lo hace a través de una exigencia, donde se muestran sus necesidades orales y demandantes. La terapeuta cumple su deseo. Da la impresión que Ariel ve a su terapeuta como una figura de protección, a lo que podríamos decir que al no recibir los cuidados necesarios cuando era bebé, nacen sus exigencias hacia ella de proveer alimento, pues hace la transferencia de madre. Si bien el vínculo amoroso entre madre e infante nace apuntalado en la función nutricia, el cuidado del niño va más allá de lo biológico, importa la satisfacción de las necesidades psicológicas y emocionales (Winnicott, 1947).

De igual manera, en ésta misma sesión, el dibujo que realiza de su familia es únicamente de dos personas, que representan a Ariel y a su hermano Yuri. Cuando se le pregunta el por qué no dibujo a los otros miembros de la familia, refiere que a su hermana Muriel no la dibujo porque no la quiere, lo hace enojar y lo molesta. Posteriormente dice “la quiero medio”. Respecto a sus abuelos, menciona que no los dibujó porque le sale mal su dibujo, pero que los quiere porque lo ayudan con sus tareas y a que esté mejor. Sin embargo, dice que quiere más a la abuela, debido a que ella es quien la ayuda con sus problemas; a su madre, menciona que no la dibujó porque sólo la ve sábado y domingo. Así mismo, menciona que a su mamá la “quiere medio” por cuidarlo de niño, comprare cosas y llevarlo a muchos lugares. Por último, comenta que a su papá no lo quiere, sólo “lo quiere medio” y que recuerda que cuando él estaba chiquito, su papá le pegó a su mamá y la estaba sacando de la casa. Es evidente la situación conflictiva e inestable que percibe Ariel en su dinámica familiar, la ausencia de la figura paterna, la violencia de la madre, el desinterés del abuelo y la relación con su abuela, quien, a pesar de ser cuidadora de Ariel, no aparece en el dibujo.

Damos cuenta que cuando los padres son generadores de violencia, incluyendo la ausencia, crean obstáculos que dificultan la integración psíquica del niño, originando angustias de indefensión y desamparo (Braier, 2001; Winnicott, 1965b). Cuando Ariel menciona la frase “lo quiero medio”, pareciera querer ocultar sus sentimientos de odio hacia sus padres, por temor a manifestar sus sentimientos de enojo. Recordemos que para Winnicott (1971), la experiencia de frustración, hace que los objetos sean “tanto odiados como amados”. Así pues, se odia al objeto cuando éste origina sensaciones displacenteras, por lo que el Yo desea alejarse de él repitiendo el intento de escapar de la fuente de estímulos hostiles. En síntesis, el objeto que ama y odia es el mismo, de ahí su estado de angustia depresivo. De igual manera, menciona no dibujar a la hermana por no quererla, esto podría deberse a la herida narcisista de tener una hermana justo un año después. El tener un hermano es visto como una infidelidad de los padres, y si tomamos en cuenta la edad de Ariel, fue un golpe muy duro contra su narcicismo.

Para la cuarta sesión de evaluación, Ariel muestra mucha resistencia al momento de dibujar, mostrando actitudes oposicionistas en varios momentos de la evaluación, pues no seguía las indicaciones que se le daban. Sin embargo, los dibujos que hace de “persona bajo la lluvia” (Barney cantando bajo la lluvia y la madre tomando un baño desnuda) no parecen reflejar que perciba al ambiente como hostil, pero recordemos que mostraba resistencias, ya que realmente su ambiente es hostil y lo refleja en su juego. Sin embargo, se muestra cierta erotización en sus dibujos, como la madre desnuda en la bañera. Para Günter (2014) se evidencia la frecuencia con que ocurre la ausencia física y psíquica del padre, lo que deja al niño y la madre dentro de un círculo de excesiva excitación, como en el caso de Ariel.

Ariel pide llevarse un juguete que le gustaba mucho, éste tenía forma de dinosaurio. Se le recordó el encuadre diciéndole que no podía llevarse nada del consultorio, a lo que él responde que lo quiere porque ya no irá con sus doctoras y que posiblemente, ella ya no querría que siguiera yendo a terapia, así que le pregunta a la analista: “¿Si me vas a abandonar? Porque yo quiero venir siempre”. En ésta situación se observa angustia de separación, teme al abandono por parte de la analista, quien es una figura de protección para él, así, al pedirle un juguete que está dentro del espacio terapéutico, podría ser lo que Winnicott llama como “Objeto transicional”, como si quisiera que esa madre nueva (la analista) lo acompañara al lugar amenazante a donde tiene que volver. Además de que el dinosaurio fue un animal devorador.

Retomando la postura de Lacan, es el Otro, generalmente la madre, quien traduce o interpreta las necesidades del niño, una “madre suficientemente buena” dejará el espacio necesario como para que su bebé acepte su ausencia, pero no tanto como para que su ausencia se transforme en un verdadero agujero, que es lo que pasa con Ariel. Éste espacio del que habla Lacan, es la zona transicional para Winnicott, la cual se ve afectada por el abandono de los padres.

Damos cuenta que Ariel, a sus ocho años, ya ha sufrido duelos. Según Nasio (alumno de Lacan) sufrimos de duelo por el abandono, la humillación y la mutilación. En su caso, ya hubo la pérdida del padre y aunque la madre está presente físicamente, él lo siente igual por parte de ella. Freud (1915) en su artículo “Duelo y melancolía”, señaló la importancia de las relaciones objetales. Según Arietiy Bemporad (s.f), Freud identificó tres factores condicionantes para la melancolía: la pérdida del objeto, un alto grado de ambivalencia y una regresión libidinal en el yo, que es lo que sucede con Ariel.

Recordemos que el dx que recibió Ariel en el Hospital también incluía depresión moderada. Sperling (s.f.) refiere que la depresión infantil se origina en la etapa oral del desarrollo, caracterizado por una alteración de la relación objetal en el que el niño teme perder su objeto de amor. Ariel ya sufrió una separación desobjetalizante, generadoras de angustia de abandono y desamparo. Señala que, dada la edad de gestación de la depresión, la sintomatología generalmente está relacionada con somatización, ya que el niño aún no ha adquirido la capacidad de simbolizar. Ante esto, McDougal considera a los trastornos del sueño como una forma de somatizar, reflejando la perturbación de la relación madre e hijo, donde el niño no ha logrado internalizar la imagen de una figura materna protectora.

La falta de un ambiente que cumpla las necesidades, sea cálido y bueno, produce una demora significativa en el lenguaje, indicador de una falla en el proceso de simbolización que también afecta la atención y el aprendizaje. Así, el problema de lenguaje es un indicador importante no sólo del desarrollo, sino también de la situación emocional del niño.

Ariel ha acumulado mucho enojo ante el padre, aparte de que es ausente, rivaliza con la hermana y por parte de su madre es una relación ambivalente, lo que lo hace guardar mucho odio, pero lo disfraza diciendo “lo quiero poco” o representando a los buenos del juego. Por ello el caso se llama “Ariel: la sombra del odio”.

I. ¿Qué me provocó el caso de Ariel?

Me generó enojo, frustración y tristeza, sin dejar de lado la preocupación al pensar la cantidad de niños que pasan por ésta misma situación de abandono por parte de los padres. Para ser honesta, me sentí más triste que molesta dado que tengo un hermano de tres años, quien tiene una figura paterna ausente, presente físicamente, pero distante, y una de mis compañeras, que lleva el caso de mi hermano, me refiere justamente agresión hacia la figura paterna, y sólo podía imaginarme a mi hermano transformado en Ariel, pese que no es la misma situación, me pareció similar. Tampoco puedo creer que hayas padres de familia que no se hagan responsables de sus hijos, que no jueguen con ellos o que ni siquiera puedan proporcionarles los cuidados básicos. Provoca frustración al no saber qué ha pasado con Ariel, pues el ya no volver a terapia es un duelo más para él, dado que no quería sufrir el abandono de la analista. Este caso me deja reflexionando mucho y con ganas de prepararme aún más, para así poder ayudar o guiar al otro.

Referencias

Esparza, E.M. (2015) Los síntomas del TDAH, sólo la punta del iceberg. Clínica de lo negativo. (Tesis doctoral). Colegio Internacional de Educación Superior. México, D.F.

Gonzáles, M. F. (2015) Conceptualizaciones teóricas sobre el juego infantil. El juego y su importancia como recurso para el abordaje del psiquismo infantil dentro de la hora diagnóstica. Facultad de Psicología Universidad de la República. Pp. 15 22.

Klein, M. (1955) La técnica psicoanalítica del juego: su historia y significado

Luzzi, Ana M., & Bardi, Daniela C.. (2009). Conceptualización psicoanalítica acerca del juego de los niños: Punto de partida para una investigación empírica en psicoterapia. Anuario de investigaciones, 16, 53–63. Recuperado en 05 de junio de 2017, de http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851 16862009000100005&lng=es&tlng=es.

Solloa García, L.M. (2001) Los trastornos psicológicos en el niño: etiología, características, diagnóstico y tratamiento. Editorial Trillas.

Winnicott, D.W. (2009) Realidad y juego. Segunda edición, editorial GEDISA.

Evaluación del empleo de médium y otras tecnologías

La plataforma médium es una herramienta muy útil que nos sirve para comunicarnos. Es muy práctica ya que puedes anexar imágenes y links, lo que permite adquirir mayor información sobre los temas a discutir. Medium te permite hacer publicaciones en tu propio perfil y en los grupos a los que pertenecemos. En el caso de la plataforma del grupo de Alternativas Terapéuticas, se escribieron bitácoras de lo visto en clase y de capítulos de los libros revisados.

Por otra parte, me pareció práctico no sólo utilizar médium como medio de comunicación, sino también, el uso de Facebook, ya que en lo personal es la red social que más reviso, por lo que los mensajes de publicaciones me llegan de manera inmediata, lo que permite una comunicación más rápida y fluida, así como también realizar publicaciones y comentarios sobre estas.

Los temas vistos en clase me parecieron muy completos. Pese a que llevé materias sobre terapia infantil, desconocía la terapia de juego y cómo es que se llevaban a cabo las sesiones. De igual manera desconocía qué debía hacerse en caso de que un niño tocara el tema de lo sexual. Debo decir que aprendí mucho a lo largo del curso y sin duda, el revisar el caso de Alina, aparte de ser mi parte favorita de clase, me permitió abrir completamente los ojos y dar cuenta cómo es que los niños viven con el estigma, con la etiqueta de un diagnóstico y no se les ve como lo que son, niños. Esto me permitió dar cuenta que el sistema educativo es muy malo y nada inclusivo. Alina me motivó a querer ser profesora y poder ayudar a más niños que sufren discriminación, a niños que son vistos como un estorbo en las escuelas. Creo que, así como Alina, hay muchos niños de recursos bajos con mucho potencial, muy inteligentes y con muchas fortalezas. El caso de Alina siempre me provocaba muchas emociones, desde el llanto hasta la felicidad. Sin duda, el haber visto a Winnicott, permitió que comprendiera mejor el caso. Finalmente, puedo decir que entendí y resolví muchas de mis dudas respecto al trabajo con niños.

Fue indispensable el uso de las redes sociales, así como la plataforma educativa, pues nos permitió lograr ampliar los temas e incluso revisarlos desde el teléfono celular.

Autoevaluación

Pienso que mi desempeño fue bueno a lo largo del curso. Leí las lecturas y participaba en clase. Sinceramente es que aprendí mucho, ya que al no ser éste mi enfoque teórico, no estaba familiarizada con algunos conceptos o algunos teóricos como Winnicott, pero al final lo comprendí. Considero que lo único que me faltó un poco más fue el trabajo en ésta plataforma, especialmente con los comentarios de las publicaciones. Sin embargo, creo que mi desempeño fue el adecuado.

Evaluación del curso

Considero muy enriquecedor la revisión de casos reales de manera tan detalla como fue el caso de ésta materia. En lo personal, pienso que el analizar estos casos es una de las mejores formas de aprender, ya que podemos observar los problemas o dificultades que podemos enfrentar y cuales serían algunas alternativas para solucionarlo y esto a partir del código ético. El permitirnos expresar nuestro sentir respecto a los casos, es algo favorable, pues mediante esto, podemos saber qué aspectos personales debemos trabajar, es decir, entender por qué nos provocó enojo, tristeza, felicidad, pues sabemos que muchas veces esas historias las vinculamos con aspectos que hayamos vivido.

Las lecturas me parecieron pertinentes para el entendimiento del caso de Alina y en mi caso, el de Ariel. Especialmente la primera de Klein y en general, Winnicott.

El curso me gustó mucho; fue dinámico y participativo. Realmente no cambiaría algo de éste.