Caso Ariel “La sombra del odio”

Motivo de consulta

La abuela materna es quien solicita la atención psicológica debido a problemas de conducta e inquietud en Ariel, tanto en el ámbito escolar como en casa.

Análisis del caso

Ariel presenta una sintomatología que refleja fallas en su estructuración psíquica, derivando así en un diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

Como se refiere en las entrevistas con la abuela materna de Ariel y en los diagnósticos previos realizados por el hospital, Ariel presenta dificultades en su lenguaje así como en la expresión de sus emociones e ideas. Muestra complicaciones para relacionarse con figuras de autoridad, le cuesta seguir indicaciones y respetar los límites que se le imponen, también manifiesta dificultades en la concentración y en la atención, así como dificultades en su coordinación motora.

Para analizar esta sintomatología presente en Ariel, es necesario revisar sus experiencias tempranas y la relación familiar en la que se encuentra inmerso, ya que resultan ser elementos que predisponen alguna psicopatología.

De acuerdo con las experiencias prenatales reportadas, se menciona que Ariel no fue planeado ni deseado por ambos progenitores, fue extraído por cesárea y la madre presentó preeclampsia al final del embarazo, por lo que Ariel tuvo sufrimiento fetal. La abuela lo alude a la falta de cuidados necesarios durante el embarazo por parte de la madre y a la violencia que ésta sufrió de parte del padre de Ariel. Como se observa, hay un rechazo manifiesto hacia Ariel desde antes de su nacimiento, lo que puede repercutir en una desorganización psíquica. Como mencionan Carlos Blinder, Joseph Knobel y María Luisa Siquier (2004) “se trata del narcisismo de los padres lo que se pone en juego ante cada nacimiento de un hijo” (p. 86).

En la demanda de ser amado se intenta restaurar la situación constitutiva del sujeto: ha de ser amado, libidinizado y narcisizado por otro para llegar a ser sujeto. Es desde el narcisismo de los padres, el narcisismo primario, desde donde se comienza a organizar el niño. Éste no es recibido solamente por un entorno biológico y cultural, sino que además es recibido ya como una imagen, donde está incluido (…) toda una serie de características que dependen de las fantasías que los padres tengan acerca de él (Blinder, Knobel y Siquier, 2004, p. 65).

El nacimiento de Ariel supone un accidente para la madre, no hay una libidinización del embarazo, no hay un lugar para él, incluso el sufrimiento fetal que presentó le representa experiencias displacenteras muy tempranas que afectarán en su estructuración psíquica.

Posterior al nacimiento, la abuela reporta que la madre de Ariel “no lo recibió con emoción, yo creo que lo recibió como una carga” “se desesperaba, se enojaba porque el niño lloraba, entonces me pedía ayuda, pero no era ni paciente ni cariñosa”.

Se puede observar que hay una ausencia no sólo física, sino psíquica de la figura materna, ya que la abuela también reporta que la madre dejaba a Ariel y a sus hermanos al cuidado de ellos (sus abuelos), y se iba por largas temporadas sin verlos, al igual que el padre, quien tampoco se hizo cargo de ellos.

La función materna resulta fundamental para la estructuración psíquica del niño. Se habla de una madre suficientemente buena, aquella que satisfaga las necesidades y demandas del niño, que le otorgue realidad:

La “madre” lo bastante buena (que no tiene por qué ser la del niño) es la que lleva a cabo la adaptación activa a las necesidades de este y que la disminuye poco a poco, según la creciente capacidad del niño para hacer frente al fracaso en materia de adaptación y para tolerar los resultados de la frustración. Por supuesto, es más probable que su propia madre sea mejor que cualquier otra persona, ya que dicha adaptación activa exige una preocupación tranquila y tolerada respecto del bebé; en rigor, el éxito en el cuidado de este depende de la devoción (Winnicott, 1971/1993).

Se denota una figura materna difusa, por un lado se expresa la falta de afecto y de cuidados de la madre hacia Ariel, y es la abuela quien toma este rol materno, pero que no resulta suficiente ni eficiente, pues ésta parece querer reparar su culpa ante su propio fracaso en su función como madre, por lo tanto, su amor más que ser desinteresado, parece estar condicionado por la culpa.

La abuela reporta que Ariel era “muy llorón”, que al ingresar a la guardería no lograba adaptarse, no quería ir y lloraba constantemente. Freud (citado por Janin, 2014, p.129) menciona que “en la primera infancia, no se está de hecho pertrechado para dominar psíquicamente grandes sumas de excitación que lleguen de adentro o de afuera”. Esta excitación debe ser regulada por un otro –que se espera sea la madre — que dé contención, que traduzca, devuelva y satisfaga las necesidades y demandas del niño. El fracaso de la función materna, en el caso de Ariel, no propició la construcción de un continente contenedor, por lo tanto, no pudo regular esa excitación desbordante que generó angustia y que repercute en la constitución de su aparato psíquico.

Dentro de la dinámica familiar no existe un acuerdo sobre las funciones de cada uno a desempeñar, y ninguno suple adecuadamente la función materna. Esta carencia además de generar angustia crea confusión en Ariel, pues vemos que le llama “mamá” a la abuela, hasta que ésta decide decirle que ella no lo es, que su madre es J y ella es su abuela, y a pesar de esto Ariel le dice “abue-mamá”.

Ariel llega a un sitio donde existen conflictos no resueltos: su madre repite con Ariel el fracaso de la función materna que se le dio, la abuela trata de reparar esa culpa con él, Ariel también presencia la violencia entre sus padres y vive con la ausencia e indiferencia de éste último y con la pasividad del abuelo. Me atrevo a decir que esto ha propiciado una falla en la instauración del superyó y un yo empobrecido o débil, que hace que Ariel no logre controlar sus impulsos y como consecuencia su sintomatología. “El superyo puede hacer valer nuevas necesidades, pero su función principal reside en restringir las satisfacciones” (Freud, 1938/2012).

Otros autores han resaltado la importancia de los conflictos inconscientes de los padres, de los secretos familiares, de los duelos no elaborados que generan impacto en el psiquismo de las generaciones siguientes (…) lo indecible y lo innombrable forman parte de una “prehistoria” no dicha y generan efectos de escisión en el yo al no poder ser conectados con la “historia” relatada. Estas “herencias psíquicas” también hacen impacto en la constitución del superyó (…) es posible plantearse que la crueldad del superyó puede instalarse como consecuencia de la apropiación en el yo de objetos primarios fallantes y/o de la apropiación de culpas ajenas de las que no es posible deshacerse. El encuentro con el otro, las marcas que el otro deja en el psiquismo, pasan a ser determinantes para definir el monto de sadismo del superyó (Gaione, 2009, pp. 130–131).

Durante la evaluación de Ariel, éste no logra identificar qué es portarse mal tal y como él lo refiere, tiene dificultades con la empatía, común en niños con esta psicopatología (como se veía con Alina), y en algunas ocasiones se niega o se muestra renuente a realizar los dibujos que se le piden, lo que sugiere oposicionismo, lo cual puede atribuirse a la falla en la instauración de estas instancias psíquicas (yo y superyó).

Otro aspecto importante a mencionar es el conflicto edípico, como consecuencia de estas fallas en las instancias psíquicas mencionadas, pues no hay limitación ni prohibición de las fantasías incestuosas de Ariel, la ausencia del padre y la pasividad del abuelo refuerzan estas fantasías, además del colecho que genera una excesiva excitación en Ariel, reflejado en el dibujo de la persona bajo la lluvia y en la transferencia hacia la psicoterapeuta, mostrando un comportamiento seductor, además de la marcada rivalidad entre Ariel y su hermana.

En varias sesiones, Ariel manifiesta fuertes demandas orales, las cuales no fueron satisfechas en etapas más tempranas y son trasladadas al espacio terapéutico, ya que pide ser alimentado: “¿me podrías dar un vaso de agua?” “también tengo hambre” “¿me puedes prestar una cuchara?, me gusta comer el plátano con cuchara”, actos que están relacionados con la ausencia materna y de sus funciones.

Ariel muestra transferencialmente conductas de agresión y de erotización, pues en la relación madre-hijo fluyen sentimientos ambivalentes, por un lado de odio al ser abandonado por ésta, y por otro, de amor al querer poseerla. Vemos que desde las primeras sesiones, su juego se basa en matar simbólicamente a quien en ese momento representa la figura materna (la psicoterapeuta), posteriormente cambia a la acción donde insiste en pegarle ya sea con un cojín o con la pelota, al mismo tiempo que muestra su afecto, su fuerza y sus celos respecto a su hermana. Estas conductas y sentimientos reflejan aspectos sádicos en su relación con la madre que, como se mencionó, las herencias psíquicas pueden definir el monto de sadismo del superyó.

Cuando se le impone un límite ante dicha conducta agresiva, Ariel la intercambia por una conducta compulsiva, donde concuerdo en que ésta se trata de una defensa o protección contra su deseo, pues considero que pasa algo similar con la neurosis obsesiva, como plantea Palacio y Dufour (2003) que la pulsión agresiva está sometida a una ley del Superyó (…) Para protegerse de este castigo interno, el Yo organiza todo un sistema de rituales y de pensamientos obsesivos, que tratan desesperadamente de anular el aspecto agresivo y destructor de los derivados pulsionales mal reprimidos (p. 46).

Posteriormente esta situación le provoca angustia o ansiedad en su modalidad depresiva que “tiene que ver con el aspecto de la pérdida del objeto y, por lo tanto, la culpa por sentirse que se destruye o que hace daño” (Campoy, 1997, p. 121). Lo que refleja el miedo al abandono, tal y como vivió el abandono de su padre y madre, incluso quiere asegurar la permanencia al preguntar si puede llevarse el material de la sesión (el robot con forma de dinosaurio).

Las excitaciones provenientes tanto del mundo interno como del mundo externo y el fracaso de la función materna por contener y hacerse cargo de este desborde pulsional, deja a Ariel a merced de estos, lo que repercute en la construcción de su aparato psíquico y en las fallas en la instauración del yo y del superyó, que se traduce en un pobre control de sus impulsos, dificultades motrices y de lenguaje, así como en la forma de relacionarse con otros. Incluso, Ariel desarrolla una especie de pensamiento supersticioso con respecto al medicamento que ingiere, ya que menciona que si no se lo toma entonces se porta mal. Es como si Ariel dependiera de un objeto externo para su contención, en vez de poder regularse por sí mismo.

Muchos niños viven los estímulos internos como si fueran externos y hacen movimientos de fuga frente a ellos (…) Así, la agitación puede ser en algunos casos una defensa frente a la insistencia pulsional. Intentan huir de sus propias exigencias pulsionales a través del movimiento (…) Lo que predomina es la urgencia, como si estuvieran sujetos a exigencias que los golpean desde un interno-externo indiferenciado (Janin, 2014, p. 99).

Paul Denis (citado por Janin, 2014) dice que

Cuando la excitación no encuentra la vía de una satisfacción acorde con el desarrollo del psiquismo del niño, este se encontrará sobrecargado y desbordado y la excitación se expresará en el plano psicomotor; de este modo la excitación libidinal es desorganizada y desorganizante (pp. 99–100).

Vemos como en el caso de Ariel, la dinámica familiar conflictiva en la que se encuentra inmerso influye en la estructuración de su psiquismo y en la predisposición de desarrollar una psicopatología — Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad — e influye también en la interrupción del proceso terapéutico, ya que la madre se lleva a Ariel y a sus hermanos sin mayores explicaciones, dejando a la abuela muy desconsolada. Se puede rescatar que Ariel en su juego de “los buenos contra los malos”, simbolizó la matanza de sus propios fantasmas internos y manifestó sus deseos de mejorar, pues además dice que “a los malos los hará buenos”.

Referencias

Blinder, C., Knobel, J. & Siquier, M. L. (2004). Clínica psicoanalítica con niños. Madrid: Síntesis.

Campoy, T. J. (1997). Un programa de intervención desde una perspectiva psicodinámica: la hora de juego kleniana. Jaen: Universidad de Jaen.

Freud, S. (2012). Esquema del psicoanálisis. México: Paidós.

Gaione, C. (2009). Pluralidad de los orígenes del superyó… ¿identificaciones en conflicto? Revista Uruguaya de Psicoanálisis, 109. Recuperado de http://www.apuruguay.org/apurevista/2000/16887247200910909.pdf

Janin, B. (2014). El sufrimiento psíquico en los niños. Psicopatología infantil y constitución subjetiva. Buenos Aires: Noveduc.

Palacio, F. & Dufour, R. (2003). Diagnóstico estructural en el niño. España: Herder.

Winnicott, D. W. (1993). Realidad y juego. Recuperado de http://imago.yolasite.com/resources/WINNICOTT,%20Realidad%20y%20jue go.pdf

· Autoevaluación

Considero que mi desempeño fue bueno, ya que cumplí con las tareas en tiempo y forma, me esforcé en que estos fueran entendibles, en que estuvieran bien estructurados y redactados, apoyándome de otras herramientas como Piktochart (cuyo descubrimiento fue por la compañera Diana), que abarcaran la teoría y lo visto en clase lo mejor posible, participé en clase y también mi asistencia fue muy constante, aunque algunas veces llegué tarde.

Calificación 9

· Evaluación del curso

Me gustó que se revisaran casos, creo que es una buena forma de conocer la teoría, con ejemplos que nos ayudan a aterrizarla, las lecturas que se revisaron en el curso también me parecieron muy adecuadas, pude ampliar bastante mis conocimientos acerca del psicoanálisis. Me hubiera gustado también que se revisaran otros casos, ya sea de la tesis o consultar de otra fuente, que se comentaran y analizaran en clase, pero sé que debido al poco tiempo que se tiene esto se dificulta, aunque empleando algunas estrategias o dinámicas pudieran contribuir a esto.

· Evaluación de la plataforma

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