Historia del hippie happy del Cultural

Por Daniela Herrera

Víctor León en el Cultural.

Durante más de 22 años, el “hippie happy” del Tianguis Cultural de Guadalajara, reconocido por varios jaliscienses, envuelve al sitio con su presencia: su nombre es Víctor León, dice ser predicador, metafísico, parapsicólogo y uno de los fundadores del Cultural. Residente por excelencia, atiende a visitantes curiosos, y uno que otro conocido para dar mensajes pacifistas, “Tengo una misión muy grande” dice: “soy instrumento de Dios”.

Una cabellera rubia hecha rastas y una gorra encima abarca casi tres cuartas partes de la longitud de su cuerpo. Generalmente, luce un atuendo con pantalones acampanados y camisones llenos de ornamentos de colores, también, sobre su barbilla y laterales externas de las mejillas, se extiende una barba casi rojiza, que es capaz de cubrirle la mitad de la cara. De piel y ojos claros, lleva un báculo con artículos brillosos, así como pulseras, fotos, escapularios y otras imágenes religiosas.

Según palabras de Víctor, nació en India, y se crió entre visitas constantes a Los Altos de Jalisco, de donde es originaria su madre, y con quien se mudó a México a la edad de seis años. En la adolescencia, con la llegada de su padre al país por inversiones que había hecho en Ferrocarriles Nacionales de México, decidió con un amigo de mayor edad, salir de aventura. Fue así como después de pasar por Aguascalientes, Sonora y Tijuana, llegaron a los Estados Unidos.

“Primero como mojado, hasta que comencé a trabajar, a hacer vida…” asegura, además de mencionar que llegó a la Armada Estadounidense y ya pensionado, regresó a México: “Yo soy ciudadano americano”.

“Tuve en un tiempo mucho dinero, pero Dios me lo quitó todo. El dinero me hizo infeliz y desgraciado” explica. Cuenta haber tenido una fuerte depresión tras la muerte de su amigo abogado, a quien estimó desde el momento en que le ayudó a salir de la cárcel cuando fue acusado por robo, “me difamaron por honor, por una cosa que yo no hice”. Fue a partir de estas dos experiencias que comenzó a cambiar su forma de pensar, “(…) me considero una persona alegre, tranquila, fuerte y muy desconfiada”.

Entre sus sueños, se encuentra el hecho de formar una relación romántica, pero también comparte las dificultades que presenta a través de sus experiencias, “no quiero que nadie más me lastime”. Tiene pasión por conocer lugares nuevos, ya lo hizo con Bélgica, Galilea, Israel, Estados Unidos, Canadá, además de otros, y entre los cuales pudo nutrirse de idiomas como el inglés y algunos dialectos.

Después de levantarse y realizar sus actividades favoritas como la oración, meditación y yoga, atiende a los animales de su granja, en donde vive con su madre y hermana cerca de la Central Nueva. Forma parte de un grupo al que llama Gran Fraternidad Universal, en donde se reúne con sus compañeros para hacer conferencias sobre naturismo vegetariano. Ya terminadas sus acciones de rutina, inicia el viaje que lo llevará a su odisea.

Es alrededor de las 4:30pm, cuando vibra el alma de Víctor dentro una función sabatina situada en la plaza Juárez de Guadalajara. Entran las bandas, comienza a bailar, y al son de la danza asegura, comunica paz y amor.

“A mí me gusta mucho la música. Yo no la escucho, la siento”, explica y menciona sobre la existencia de la banda de reggae de la que forma parte, El León Conquistador, y de la cual es vocalista, además de recordar la experiencia musical con su grupo hace dos años en el programa de televisión Animal Nocturno. Con una afinidad acérrima hacia Bob Marley, se inspira a escribir sus propias canciones sobre paz y el amor a Dios: “canto al amor para despertar conciencia”.

Siente necesidad de permanecer y cuidar el Cultural, pues dice, les ha costado mantenerlo, ya que después de iniciar con su estadía en el ex convento El Carmen, pasó a situarse en el Parque Rojo para después establecerse en donde se encuentra ahora, y donde por un tiempo hubo disputas fuertes por la petición del territorio para ser destinado al Mercado Corona. “Nos lo quisieron quitar”, dijo, “pero gracias a Dios aquí estamos”.

Está consciente de su popularidad, y trata de mantenerse abierto para las personas que quieran saludarlo, pero admite que a veces le parece cansado. “Una vez, una muchacha venía hacia mí como en una estampida, me abraza fuertemente y pienso: a ver a qué horas me suelta”.

Por otra parte, el trato de las personas no siempre es cortés, pues muchas veces escucha comentarios groseros y actuaciones agresivas, “hay gente que se quiere burlar de uno, o humillar”, señaló, “pero a árbol caído lo hacen leña”. Sin embargo, explica que muchas veces son los marihuanos de quienes recibe esta actitud, por lo que aclara no estar de acuerdo con el consumo de esta sustancia a no ser de su uso medicinal.

Varias son las interpretaciones sobre su vida. Para Victor, lo anterior contado es la realidad. Al retirarse el escenario del que forma parte, no tiene prisa para ir tras él. Puede permanecer tranquilo en la calle hasta que su cuerpo le pida el regreso a su hogar. En ocasiones se queda platicando con conocidos, o simplemente, sintiendo la música mientras camina por la calle. “El que va rápido, llega rápido, y yo voy con calma. Nunca voy solo, Dios está conmigo”.

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