#4: Sobre historia del arte, estilo, belleza, cómo miramos a los gatos y algunas cosas más
LUCHI: Desde marzo, estoy haciendo un curso de historia del arte de la Asociación de Amigos del Bellas Artes. Abro paréntesis: es, sin dudas, una de las mejores decisiones que tomé en el año. El profesor –Miguel Ángel Muñoz: lo googlee bastante y no pude encontrar nada sobre él (pero muchísimo sobre un galán español que se llama así)– es increíble. Es un señor que va vestido de traje y corbata a dar clases, pero cuando abre YouTube en el proyector para mostrar algo aparecen en últimos videos vistos temas de Los Espíritus. Iría a cualquier clase que diera él. Podría dar un curso sobre historia de las macetas de balcón en Occidente (no sé, se me ocurrió ese ejemplo) y estoy segura de que lo haría interesante. Cierro paréntesis, y voy al pensamiento random que quería expresar: una de las cosas que suelo pensar cuando estoy sentada ahí tiene que ver con la manera de representarnos, con la belleza y con el estilo.

Tenemos una manera de representar egipcios, otra de representar romanos y etcétera. Seguro los egipcios del mundo antiguo se vestían y se veían de mil maneras distintas, pero la Historia agarró un par de elementos y los cristalizó en una forma de representar egipcios. ¿Qué elementos de hoy tomarían para representarnos a nosotros civilizaciones posteriores? Estoy ahí sentada en el auditorio de la Asociación de Amigos y lo que más veo en las cabezas de las filas anteriores a la mía son cabelleras con algún tipo de tintura rubia. Y entonces pienso: ¿dónde está el origen de una tendencia relacionada a la belleza y cómo y en qué momento se traduce a una forma medio estanca, fija, separada de su sentido original? Quiero decir: sé –trabajé en una revista de moda y belleza durante casi cinco años– que las distintas técnicas de maquillaje tienen un sentido claro. Se da luz a una zona de la cara para destacar algunos rasgos, se delinea el ojo de determinada manera para agrandarlos. Pero cuando voy en el subte y veo a una mujer maquillándose en un espejito mínimo siento que es como que va siguiendo pasos que hay que seguir porque en algún momento aprendimos que los ojos van delineados arriba y con una sombra en el párpado y etcétera. Como que en algún momento algo que se tradujo así y la forma se cristalizó: maquillarse en este lugar y momento de la historia es poner estos productos en estos lugares de la cara. Me interesa el circuito que hacen las ideas sobre la belleza, sobre el estilo, hasta su expresión más cotidiana. Algo así. Vos siempre sabés qué hay que leer sobre todo (posta), ¿qué puedo leer sobre estos temas?
TAM: Jaja, no sé si siempre sé que leer; de hecho, hace dos semanas no hubiera sabido bien qué contestarte. Pero justo justísimo mi hermana científica de Boston me contó que está leyendo un libro que se llama The Evolution of Beauty, en el que un biólogo recupera un libro olvidado de Darwin que le sumaba a su teoría de la evolución que todos conocemos una teoría de la evolución de la belleza (yo te cuento lo que me contó ella, que igual seguro es más de lo que yo hubiera entendido leyendo el libro sola). Aparentemente muchos de los animales “bellos” que conocemos en nuestros días (el ejemplo clásico son los pavos reales con sus colas) fueron formados por las preferencias sexuales en las distintas especies. Las mutaciones son, sabemos, aleatorias; no es que la jirafa se le alarga el cuello de tanto estirarlo, aunque mi hermana me explicó que hay evidencia de que la vida puede modificar el ADN (se hizo un estudio, por ejemplo, con descendientes de sobrevivientes del Holocausto que tienen en los genes huellas del trauma de sus antecesores), sino que de las mutaciones que van apareciendo de forma aleatoria los que mejor se adaptan al medio sobreviven, se reproducen y así “moldean la especie”. Lo que dice Darwin y recupera Prum es que también hay una selección natural de la belleza, porque aquellos ejemplares percibidos como más bellos por el resto de la especie tenían más chances de reproducirse. Lo curioso es que aunque los seres humanos, al menos en occidente, hayan hablado de las mujeres como “el bello sexo”, en la naturaleza son los machos los que evolucionaron para ser bellos porque eran las hembras las que elegían con quién aparearse. Dice Prum que esa fue una de las principales razones por las que la teoría de la evolución de la belleza de Darwin tuvo tanta mala prensa en la época: era impensable que las hembras decidieran con quién se apareaban, y que encima así decidieran (en lugar de los machos, y en lugar de Dios) el futuro de la especie.
Sin querer reducir la discusión de la belleza a la biología, ni mucho menos, me parece interesante que la belleza sea algo que va más allá de nuestra especie, que aún sin hacerlos conscientes los animales también manejen parámetros, y también que haya un lazo que a veces los humanos olvidamos o disociamos pero que sin duda existe entre la belleza y el deseo sexual (ya sé que los animales no tienen “deseo”, pero se entiende). A mí lo que más me perturba es la cuestión del parámetro: la idea de que un juicio de belleza, decir que algo es lindo, siempre sea en mi mente un juicio comparativo. Si esta mujer es bella es porque se ajusta a un determinado parámetro, o en otras palabras, porque se acerca a ese ideal más que la media de las mujeres. Pensaba hace poco en qué distinto es cuando hacemos juicios sobre la belleza de miembros de otra especie. Cuando yo digo que mi gato es lindo o que cualquier otro gato es lindo no tengo tan en mente el parámetro de la belleza gatuna. No pienso que sería más lindo o más feo si fuera más flaco o más gordo, o si tuviera los ojos más grandes. Pienso algo como más…más hippie, a falta de una palabra mejor: que es lindo porque está vivo, porque mira con atención, porque juega, porque sus movimientos son precisos en su libertad, no sé.
LUCHI: Está buenísimo lo que decís sobre el juicio comparativo para mirar la belleza de los humanos vs. un juicio más ¿intuitivo? para otras especies. Deberíamos empezar a mirarnos más entre nosotros como vos mirás a tu gato (?) Quizás en primera instancia lo hacemos, en esa impresión instantánea que tenemos cuando vemos a alguien, pero después enseguida la cubrimos con un montón de cosas. Me acuerdo que alguna vez hablamos (¡ y en persona, no por correspondencia!) sobre lo poco que se escribe sobre la belleza -sobre la experiencia de ser bello/a o no serlo- en comparación de cuánto atraviesa esa experiencia la vida de esa persona.
Y para cerrar: me encanta cómo estos intercambios empiezan en un lugar y terminan en cualquier otro, son un poco un ejercicio de asociación libre.
