Guerreros espartanos (versión Venezuela).

Mi generación vivió a sus anchas la época dorada de la democracia venezolana; junto a sus aciertos y desaciertos; con los altibajos de un sistema no perfecto; pero al fin y al cabo democracia. Colmado de libertades ciudadanas, y bonanza para el que madrugara sin astenia para el trabajo.

En el barrio vivíamos varias clases sociales, compartiendo cada minuto de la vida, nadie era rojo ni azul; simplemente éramos hermanos, sin un color predominante en nuestro corazón. Nuestro único y gran problema eran las disputas entre caraquistas y magallaneros. Cada quien en lo suyo, buscando un mejor futuro; en una sociedad que era para todos los que querían trabajar, desarrollarse como persona y en el ámbito profesional; en esa Venezuela “el que madrugaba Dios lo ayudaba”.

Salimos a decenas de fiestas, caminando con tranquilidad en las oscuras noches de la ciudad, amanecíamos con una guitarra o un cuatro en la mano; nuestra única arma. Los conciertos eran el pan nuestro de cada fin de semana, recuerdo como si fuera ayer a Soda Estereo, Charly Garcia, Fito Páez, con los venezolanos Sentimiento Muerto y Desorden Publico; en el coliseo; y después de ese orgasmo musical, de regreso a casa, sin miedo a la muerte, que simplemente no rondaba en nuestras vidas.

Estudiamos y nos formamos magistralmente en institutos públicos o privados, no importaba en ese momento, todos eran de una calidad envidiable. Nos formamos como profesionales íntegros para salir al ruedo.

En fin, teníamos oportunidades, teníamos futuro, teníamos esperanza de ser mejores, de superarnos como lo hicieron nuestros padres. Crecimos en una sociedad sin resentimientos, sin odios, sin divisiones, y esto nos ayudo a ser mejores en la vida.

Veinte años nos duro esa felicidad; hasta que llegaron los años oscuros en nuestra sociedad, 18 para ser precisos. En este tiempo comenzaron a nacer nuestros hijos, nuestros sobrinos, los hijos de nuestros amigos. Y fueron creciendo en esa sociedad oscura, no conocieron más; se le achicaron las posibilidades, las libertades, las oportunidades.

Pero dentro de su ser, existía algo que nadie sabia; ni ellos mismos lo sabían; tenían en su ADN un gen de nuestros antepasados libertadores; esa llama que se prende cuando la libertad escasea. Todos estos años de propaganda política no pudieron con su naturaleza humana, no pudieron con su ser, con su naturaleza combatiente ante la injusticia social; ante la tiranía.

Y esos mismo son los que hoy invaden las calles del país; con sus escudos improvisados, su casco teñido de tricolor y un morral lleno de esperanza. 

Se enfrentan a la bestia en persona, sin miedo, con fuerza, con determinación; no puede ser de otra manera, está en juego su futuro, está en juego vivir lo que nosotros vivimos, no quieren que la muerte ronde el resto de sus días, ni vivir en la oscuridad por siempre.

!Son los mismos!, !reconócelos!, son los mismos; aquellos que con la independencia se hicieron héroes, aquellos que lograron la libertad, !son los mismos!, los que siempre van al frente, sin miedo a quedar en el camino. Los que gritan !LIBERTAD!, !LIBERTAD!, — los que la conseguirán — , cueste lo que cueste, porque están determinados a ser libres. !Son los mismos!

Acompáñalos en su fe, para que logren vivir lo que nosotros vivimos.

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