Dios, gracias por mi débil corazón

Su gracia es suficiente.

Foto: Edu Vázquez. Vía Juan 1:16.

Cosas que son ridículas para algunos a mí me hacen llorar. Soy propensa a querer agradar a las personas antes que a Dios. Me cuesta amar la corrección. Suelo ser perfeccionista y ansiosa. En resumen, lucho con un corazón débil.

Al conocer cada vez más a Dios a través de su Palabra, he podido percibir cómo poco a poco mi corazón se fortalece. He aprendido a encontrar mi identidad solo en Cristo, y no en las cosas que yo haga (buenas o malas). Al vivir cada día aferrada a Jesús y a su evangelio, puedo alinear mis pensamientos turbulentos cuando viene la tentación.

Pero sé que mi corazón es débil todavía.

Una de mis oraciones más frecuentes es “Dios, dame fuerzas”. Y creo que es muy bueno orar eso. Pero hace unos días hice una oración diferente: “Dios, gracias por mi débil corazón”.


Dios ha usado mi débil corazón para que yo pueda entender que separada de Él nada puedo hacer (Juan 15:5). Para que yo corra a sus brazos una y otra vez cuando necesito consuelo. Para que no busque en nadie o nada más lo que solo Él puede darme: paz, seguridad, valor, propósito.

Tal vez tú también tienes un corazón débil. Tal vez tus oraciones son muy similares cada mañana: “Dios, yo no puedo”. Tal vez quisieras que Dios te hiciera fuerte de una vez por todas, y que el sufrimiento terminara.

Quizá algún día Él nos de un corazón más fuerte. Pero sea como sea, podemos descansar en que nosotros en realidad no tenemos que ser fuertes. Solo tenemos que descansar en la gracia.

“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”, 2 Corintios 12:9.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.