Dios jamás rueda los ojos cuando le llamas

El Dios completamente y siempre presente

Desafortunadamente, soy de esas personas ansiosas que siempre tienden a pensar lo peor. Cuando le envío un mensaje a alguien y no recibo una respuesta casi inmediata(o si la respuesta no lleva algún tipo de emoji con carita feliz), pienso que estoy molestando a la persona y que simplemente no quiere hablar conmigo.

Mientras lucho con ese pecado de egocentrismo, encuentro enorme consuelo en el hecho de que cuando se trata de Dios, las cosas son muy diferentes.

En cuanto mis pensamientos se dirigen al Señor, puedo estar segura de que Él está escuchando y observando atentamente. Que lo que digo le importa. Que no me ignora, ni “me deja en visto”. Que me ama como nadie más lo hace.

Y, ¿sabes qué? Lo mejor de todo es que nada de eso es porque yo sea muy interesante o inteligente o “buena onda”. No es porque Dios esté aburrido, esperando con ansias a que yo me digne a orar.

Es porque Él es amor. Es porque Él es bueno. Es porque Él es todo poderoso y puede estar completamente presente en todo lugar en todo tiempo. Él es Dios y Él escucha cuando sus hijos llaman. Y escucha siempre con gozo.