Sobre declarar, decretar, profetizar, etc

Una de las reglas más importantes de la hermenéutica es que el mayor intérprete de la Escritura, es la Escritura misma. Cuando en Proverbios 18:21 dice que “la muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos”, al comparar ese texto con toda la Escritura, nos damos cuenta que para nada quiere decir que las palabras del hombre tienen poder, porque​ la Escritura es enfática en que solo la Palabra de Dios es “viva y eficaz” (Heb. 4:12), sino que significa que: todo lo que digamos, sea bueno o malo, tendrá consecuencias buenas o malas (como llevarnos a la vida o la muerte, por ejemplo).

Otra de las principales reglas de la hermenéutica es que la Escritura siempre debe ser leída como un todo y dentro de su contexto, es decir, por ejemplo, cuando Cristo dice “porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” en Marcos 11:23, debemos automáticamente asociar ese texto con su contexto, es decir, con lo escrito antes y después, y haciendo esto nos damos cuenta que inmediatamente desde el verso 24 al 26 Cristo habla de la oración y de la fe, así que la ilustración en el verso 23 es solo eso, una ilustración, con la que se nos quiere enseñar a tener fe cuando oremos, y para nada significa que nuestras palabras tienen poder.

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