Anécdotas del bondi IX: Las formas sí importan

Me toca tratar un tema irritante y bastante polémico. El de ceder los asientos en el transporte público. Como lo siento de modo muy visceral, no voy a moderar mi lenguaje en esta entrada así que si son susceptibles a las groserías pueden leer otra cosa. No me ofendo. En serio.

Colectivo 95, una mañana de octubre o de noviembre. Seguramente de noviembre. Eran alrededor de las 8:30hs. cuando un señor anciano decrépito subió al coche. Sin estar el colectivo completamente lleno, ya había unos cuantos de pie y todos los asientos, por supuesto, estaban ocupados.

Yo me encontraba parado en la sección de atrás más allá de la puerta del medio, subiendo el escaloncito.

Como ocurre normalmente la mayoría de la gente se hace la pelotuda y esperan que al viejito o la embarazada de turno le ceda el asiento otro pasajero.

En la parte delantera del coche viajaban muchas mujeres. Y este es un párrafo aparte porque es muy llamativo como se cagan en su propio género al no cederle el asiento a embarazadas, mujeres con bebés en brazos o a señoras que no pueden ni mantenerse en pie. No sé si pasa en otras líneas, pero lo he visto más de una vez en el 95 especialmente a la mañana.

Pero bueno, más allá de las mujeres distraídas, había un flaco, de unos 30 años que estaba junto a una chica de su edad e iban hablando sentados en esos asientos que dan la espalda en dirección a la puerta de subida.

El anciano, que recién había sacado pasaje, avanzaba tambaleante entre las personas. Estaba claro que alguien debía cederle el asiento.

Pasaron unos segundos hasta que una chica joven que estaba parada cerca de la puerta del medio lo miró a aquel muchacho sentado adelante y le dijo de muy mala manera:

¡Flaco! Sí a vos te hablo. ¡¿No ves que hay un señor mayor que necesita el asiento?!

Y algunas palabras más que no recuerdo. Lo que si recuerdo es el tono prepotente.

Todos levantaron la vista y contemplaron la situación callados.

El flaco se tuvo que parar y algo llegó a decir, pero no alcancé a escuchar. Me parece que puso algún tipo de excusa de por qué no había cedido el asiento. Como que no lo vio al señor o algo por el estilo.

La mina tenía razón, alguien tenía que ceder el asiento. Supongamos que le correspondía al hombre por ser hombre, cosa con la que no estoy para nada de acuerdo. La caballerosidad no debiera ser una obligación, sino una elección.

Pero supongamos que sí, que le correspondía. Es más, supongamos que se hizo el boludo. No, mejor no. Agreguemos a esta suposición que no se hizo el boludo, que lo vio al viejo y no le quiso dar el asiento.

¿Justifica todo esto esa forma de pedir un asiento por parte de esa mujer?

Reformulo:

¿Justifica todo esto una “primera” forma de pedir un asiento?

¿No hubiera sido mejor proceder en el siguiente orden?
1. Preguntar amablemente a TODOS los que estaban sentados adelante si podían ceder el asiento. No a uno en particular.
2. En caso de que nadie contestara. Acercarse a uno y amablemente (siempre amablemente) pedirle si por favor (siempre es “por favor”) le podía ceder el asiento al señor. Y luego agradecer no con “gracias” sino con “muchas gracias” el acto de bondad forzado de esa persona.
3. Si la gente se negara quizás aquí se podría hacer interceder al chofer. Siempre amablemente sin intentar generar conflicto ni tratar mal a nadie aunque quizás se lo merezca.
4. Si esto no funcionara quizás a esta altura sí estaría bien cambiar un poco el tono y tratar de hacer que el pobre anciano se siente de alguna forma.

Pensé qué hubiera pasado si yo hubiera estado en la situación de ese flaco.

Le hubiera dicho, con altura, a la pelotuda esa:
Si me lo pedís con amabilidad y por favor, con todo el gusto del mundo.

Me molesta mucho la prepotencia y la prerrogativa, no del viejo que tenía todo el derecho del mundo a reclamar un asiento dada su condición, sino de la pelotuda esa que se piensa que porque defiende algo justo lo puede hacer de cualquier forma, sin agotar instancias y de forma prepotente.

Las formas importan. No es lo mismo decir:
- ¡Eh! Dame el asiento.
Que decir
- Disculpe, ¿sería tan amable de cederme el asiento?

Expresiones como “Disculpe”, “Por favor”, “Gracias”, “Muchas gracias”, “le agradezco” y vocativos como “Señor”, “Caballero”, “Señora” y “Señorita” son fundamentales para la convivencia diaria urbana.

Algo se deformó en los últimos años. Las formas se perdieron. Y sí. Sí importan