Anécdotas del bondi VI: Niño desmayado


Una mañana de otoño o invierno, no recuerdo con exactitud, fui a tomarme el 95 en la calle Vieytes para ir hacia Parque Patricios y allí combinar con el subte H.

Generalmente el colectivo suele venir con mucha gente, pero se puede viajar bien aunque siempre parado. Hay que hacerse lugar y encontrar los espacios libres para ubicarse en un lugar cómodo hasta bajar.

Ese día, sin embargo, no pude encontrar un lugar que me satisficiera así que me tuve que quedar parado frente a la puerta de bajada del medio del colectivo. No es un lugar que me guste porque siento que obstruyo el paso de las personas que pueden querer bajar en cualquier momento.

A mi lado, apoyado sobre un costado en el espacio que queda en dicha puerta, viajaba un niño de unos 9 años aproximadamente. Parecía dormirse parado de tan cansado que se lo veía. Inmediatamente empecé a pensar lo mal que está el sistema educativo al que estamos acostumbrados, haciendo ir tan temprano al colegio a los niños que no pueden descansar bien.

En fin, el colectivo avanzaba normalmente, cuando en un momento, este niño empieza a agacharse de forma misteriosa. Al punto de que en un momento ya estaba desplomado en el piso del colectivo.

Ni yo, ni ninguno de los pasajeros reaccionamos. Luego una mujer lo tomo del suelo pidiéndome ayuda así lo levantábamos pero no llegué a ayudarla porque el chico pudo incorporarse. Ante mi pregunta “¿Te quedaste dormido, campeón?” el apenas pudo negar con la cabeza.

Y no, no se había quedado dormido. Se había desmayado.

Del fondo del colectivo surgió un médico, con campera y delantal azul debajo que se acercó al joven, al que ya le habían cedido dos asientos amablemente para que se recueste, y lo atendió haciéndolo levantar las piernas para que la sangre fluya hacia su cerebro.

También del fondo del colectivo vino la madre del niño, que por algún motivo se había ubicado atrás, quizás porque había conseguido asiento.

Lo que le ocurrió al niño es que simplemente no había desayunado correctamente, no porque tuviera carencias alimentarias, sino porque simplemente los chicos no acostumbran desayunar. El médico le marcó lo importante que es esta primera comida y bla bla bla más.

Tardé tanto en reaccionar que me sentí un poco culpable de no haber podido sostenerlo y luego, de no haber colaborado al ponerlo de pie. Pero bueno, como diría Milhouse, primero se empezó a caer y luego… se cayó.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Alejandro De Luca’s story.