Anthropocene 2050
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Anthropocene 2050

“La restauración ecológica de las zonas húmedas urbanas y periurbanas podría ser el detonante de una inversión en la lógica expansiva de la urbanidad”

Por Adrián Torres-Astaburuaga, investigador postdoctoral en la Ecole urbaine de Lyon (Université de Lyon).

© Grand parc Miribel Jonage

El pasado 2 de febrero de 2021 se celebró el día internacional de las zonas húmedas. El próximo 22 de marzo se celebrará el día mundial del agua. En la Escuela Urbana de Lyon, estamos dedicando atención a este elemento transversal necesario para la vida en el planeta Tierra.

La preservación del medio acuático, tanto cuantitativa como cualitativamente resulta crucial para la supervivencia de nuestras sociedades. En este sentido, el valor estratégico de las zonas húmedas presentes en nuestros contextos naturales como la Camargue en Francia o Doñana en España, es hoy innegable. Su rol de balance hídrico e infiltración asociado a los servicios ecosistémicos que ofrecen resulta evidente.

¿Qué ocurre sin embargo con las zonas húmedas en el medio urbano? ¿Qué papel juega la geomorfología en los contextos urbanizados? ¿Cuál es la perspectiva de futuro en la gestión de estos entornos híbridos, entre lo natural y lo urbano?

Para ilustrar la argumentación, analicemos dos ejemplos de zonas húmedas urbanas: el parque de Miribel-Jonage de Lyon y el parque de la Albufera de Valencia. Ambos casos fueron amenazados de obliteración, en el siglo XX. Las sendas protecciones de los parques en 1992 para el de Lyon y 1986 para el de Valencia, son ejemplos paradigmáticos de decisiones trascendentes que introducen incontestables valores añadidos a la ciudad en su largo plazo. Atestiguan la evolución de las políticas públicas hacia estos contextos híbridos, de la antropización extractiva a la reparación ecosistémica.

En el caso francés de Miribel-Jonage, el lecho cambiante e imprevisible del Ródano, aguas arriba de Lyon, se mantuvo el siglo XIX como un río salvaje con significativas fluctuaciones de caudal, que daban lugar a un curso de agua trenzado con numerosas islas fluviales inestables[1]. Estos trazados meándricos y sinuosos se inscriben en el área de expansión del río, una zona inundable donde varios núcleos urbanos han debido adaptar su ubicación a los caprichos de sus crecidas[2].

La antropización del enclave mediante la construcción de los canales de Miribel y de Jonage a partir de 1850, conformó de facto, una isla fluvial antrópica. Las actuaciones de extracción material granular tanto para la construcción de los canales como para la constitución de lagunas, provocan una bajada del nivel freático, que aflora hoy en las lagunas interiores excavadas.

A partir de los años 1960, las lógicas desarrollistasasociadas al ocio y el turismo prosperan, introduciendo entonces a la gestión del espacio modelos de gestión propios de lo urbano[3], junto con la actividad agrícola y extractiva, siempre presentes.

Será a partir de la declaración de “zona inalterable” de 1992 que el eje de actuación se reorienta hacia una gestión en partenariado[4] orientada hacia la restauración ecológica[5], la investigación y la divulgación[6].

El parque juega hoy un papel esencial para la aglomeración. Además de Las funciones de control de crecidas[7], de equilibrio freático, y de protección de la biodiversidad[8], el parque garantiza el correcto abastecimiento de agua potable[9] para el área metropolitana.

En cuanto a l’Albufera [10], se trata de un humedal situado al Sureste de la ciudad de Valencia, en el levante de la península Ibérica, entre las desembocaduras de los ríos Turia y Júcar. Como en el caso lionés su historia se consta de numerosos conflictos en cuanto a su uso.

La laguna, salada y dedicada a la pesca en su origen[11], se conformó al cerrarse el golfo preexistente mediante los aportes aluviales y marítimos[12] constituyendo un cordón dunar. A partir del s XV los cultivos de irrigación[13] desplazan a la actividad pesquera[14] que pierde importancia: se efectúa el drenado y el aterrazado de parcelas de tierra destinadas al cultivo del arroz. El agua dulce procedente de surgencias freáticas así como del aporte procedente delas acequias contribuye a la desalinización progresiva del lago[15], condición por otro lado imprescindible para los cultivos litorales.

Parque natural de l’Albufera © NASA

Como en el caso de Miribel-Jonage, a partir de los años 1960, la urbanización expansiva inmisericorde, la industria y el turismo, degradan l’Albufera[16]. La protección de la zona húmeda en 1986, en parte fruto de la presión de los movimientos sociales[17] de una democracia naciente, frenó su completa urbanización, catalogando el enclave como Parque Natural de la Albufera, asignándole así su propio órgano de gestión[18].

Si analizamos de manera comparada ambas zonas húmedas urbanas, el juego de espejos que se produce puede resultar interesante, a razón de las resonancias y de las disonancias entre ambos proyectos.

El primer factor a destacar es la posición del humedal en la cuenca de captación, así como su posición respecto a la urbe. En el caso de Miribel-Jonage nos encontramos con un intenso caudal aguas arriba del Ródano, próximo al sistema alpino, así como aguas arriba de la aglomeración urbana. En el caso de la Albufera, el lagunar se encuentra en el litoral, en la desembocadura del Turia, aguas abajo de la aglomeración urbana. Este factor aguas arriba/aguas abajo, o azud/azarbe, determinan de manera intrínseca la calidad de las aguas: la toxicidad que se introduce en el agua a su paso tanto por medios urbanos como rurales, se va acumulando, alcanzando su máximo en la desembocadura.

En este sentido, la eutrofización es un riesgo en Lyon, debido a la urbanización aguas arriba y los agroquímicos, pero desgraciadamente es una realidad en Valencia. La no separatividad efectiva de las redes de saneamiento, lluvia de irrigación, unido al desarrollo urbano y la agroquímica, han introducido elementos tóxicos[19], y un exceso de materia orgánica en el agua. Este exceso de toxicidad ha contribuido a sobrepasar la capacidad de autodepuración del lago[20], alterando sus equilibrios biológicos[21] y provocando reiterados episodios de mortalidad de especies.

Si hablamos de un río o de una cuenca hidrológica, como una unidad de gestión con entidad propia, es evidente que estas zonas húmedas, estos parques urbanos-naturales de escala intermedia, requieren de una profundización en sus estatus jurídico, ecológico, operativo, social, contractual, etc., reforzando de esta manera su identidad propia y su capacidad de gestión. Asumiendo la dificultad de actuación en función de la escala de decisión que resulte pertinente.

Miribel-Jonage está aguas arriba de Lyon, pero aguas debajo de Ginebra. Unas ciudades suceden a otras, el aguas arriba mantiene su salubridad, pero, ¿El aguas abajo? ¿Y el mar? En su desembocadura, en la laguna de la Albufera, la concentración de materia orgánica y elementos tóxicos, alcanza su máximo, aún a pesar de los intentos de depuración.

En cuanto a los aspectos sociológicos y de gestión, en ambos casos, la multiplicidad de agentes interactuantes, con intereses en ocasiones en fricción, resulta patente. El carácter multifuncional de ambos parques arroja similares preguntas: ¿Proteger la naturaleza es restringir el acceso al espacio salvaje a recuperar? En cualquier caso poder disfrutar de estos espacios naturales parece un derecho incuestionable, lo que requiere a su vez definir los parámetros de un acceso respetuoso a los mismos. Se experimentan en sendos parques las tácticas del zonning o de los botes de miel, permitiendo el acceso a determinados lugares minimizando en teoría la afección del hombre. Estos posicionamientos están hoy en evaluación, tratando de permitir un acceso respetuoso, sin excederse en los límites, perímetros, coerciones, etc. A este tipo de cuestiones también podría referirse un hipotético “Parlamento“ del Ródano[22].

En cualquier caso, tanto en el caso lionés como en el valenciano, la re-orientación de las políticas de gestión hacia la reparación ecológica es clara. La presencia de agricultura en ambos contextos, arroja similares preguntas acerca de cuál es el impacto de la toxicidad de los productos agroquímicos en los cursos de agua y las lagunas.

En l’Albufera, se ha racionalizado el acceso al parque, reconstituido el corredor dunar, y puesto en marcha un programa tendente a la recuperación y puesta en valor del ecosistema propio. La renaturalización del canal de Miribel o la recuperación del brazo seco[23] de Jonage dan cuenta de similar espíritu en Lyon. La recuperación de este brazo seco del antiguo cauce del río se ha realizado mediante su realimentación con agua procedente del canal de Jonage. Se ha recreado un ecosistema asociado al aportar una rehidratación y re- infiltración del antiguo lecho. Este ejemplo es tal vez un primer paso hacia la recomposición de la memoria del agua de un curso meándrico y cambiante. La conexión y recuperación de un mayor número de paleocauces contribuirá sin duda a la reparación del parque.

Sin embargo cabe preguntarse cómo aproximar la geo ingeniería, propia de estas actuaciones de la bio-ingeniería, más sensible con la lógica ecosistémica. En la medida en la que las actuaciones profundizan en su biomimetismo, estas se aproximan a la noción de restauración. En esta interesante experiencia reciente, resulta una pena que la revitalización del brazo seco requiera del bombeo mediante impulsión de agua, para salvar la diferencia de altura derivada hundimiento del canal de Jonage y de la napa freática. La necesidad de impulsión forzada del agua entre el canal y el paleocauce, nos indica una vez más lo esencial que resulta el cuidado de nuestras reservas hídricas freáticas. Resulta entonces interesante cuestionarse acerca de los parámetros de reversibilidad e irreversibilidad de las actuaciones humanas. En nuestros casos de estudio, las decisiones tomadas a lo largo de su historia, han dejado una huella en el territorio, que presenta en ocasiones un inquietante carácter de irreversibilidad.

Podríamos por ejemplo preguntarnos, cuál es la relación coste / beneficio del encauzamiento del Ródano aguas arriba de Lyon mediante la construcción de los canales de Miribel y de Jonage en el s.XIX. Tal vez estas tensiones entre la vida humana y el agua se deban a la recurrente pretensión de domesticación de cauces naturalmente fluctuantes.

Paralelamente, en Valencia, la desproporcionada ampliación del puerto industrial, ha hecho desaparecer la desembocadura del Turia, extendiendo sus espigones kilómetros mar adentro, generando una disrupción en las lógicas marítimas y sedimentarias al provocar la acumulación de arena al norte y la retracción al sur, amenazando de esta forma la integridad del Parque natural de la Albufera.

Más transversalmente, los factores de reversibilidad/irreversibilidad, adquieren mayor relevancia si cabe, si se aplican a cuestiones sistémicas de la vida urbana. Por ejemplo, la no separatividad efectiva de las aguas de saneamiento, de irrigación y de escorrentía, nos habla de un sistema cuyo equilibrio ha sido quebrado al introducir la toxicidad en los vertidos, tanto domésticos como industriales y agrícolas. La incapacidad de depuración real, nos requiere comenzar a reflexionar sobre la necesidad de reversión de estas lógicas que pueden resultar autodestructivas. La urbanidad comprendida como parte de un hidrosistema, atento al biotopos, supone entonces no sólo dejar de verter elementos nocivos a nuestros cauces sino tratar limpiar las aguas vertidas. La toma de conciencia de los productos vertidos en el entorno doméstico, industrial, agrario, debe asociarse con sistemas híbridos y multinivel de depuración (tratamiento en origen, barrio, etc.) donde la ciudad pudiera implementar estrategias de fitodepuración asociadas a la propia infraestructura verde urbana. Tal vez haya pasado ya el tiempo donde las grandes infraestructuras y el crecimiento ilimitado se imponían a la geografía, y el territorio en pos de una determinada idea de progreso. Tal vez la modernidad y vanguardia urbanas vengan de la mano de una concepción de ciudad-territorio, ciudad-paisaje, ciudad-valle, perteneciente a una cuenca de captación y una matriz biofísica.

La restauración ecológica de estas zonas húmedas urbanas y periurbanas podría ser el detonante de una inversión en la lógica expansiva de la urbanidad, tratando de transitar hacia un planeamiento orgánico, adaptativo y metabólico. Esta noción de parque natural-urbano, a mi entender puede invertirse en su interpretación. Tal vez ya no se trate de acercar la urbanidad a la naturaleza, sino, muy al contrario introducir los valores de lo natural en nuestros contextos urbanos, invirtiendo así la lógica expansiva urbanizadora hacia una introspección de lo salvaje en la urbanidad.

Plano del palimpsesto urbano del centro de la ciudad de Valencia © Adrián Torres Astaburuaga (2018)

Bibliografia :

[1] Bravard, J.P., Le Rhône du Léman à Lyon, La Manufacture, 1987, pp. 239 et 295.

[2] Belmont, A., Etude historique de la dynamique fluviale dans la plaine de Miribel-Jonage (Haut-Rhône) à la fin du Moyen Age. Revue de géographie de Lyon, vol. 64, n°4, 1989. Dynamique et gestion des cours d’eau. pp. 191–196; doi : https://doi.org/10.3406/geoca.1989.5692.

[3] Amzert Alika, Cottet-Dumoulin Laurence. Du “sauvage” à “l’inaltérable” : les conditions sociales de création d’un espace naturel en milieu urbain : le cas du parc de Miribel-Jonage. Géocarrefour,vol. 75, n°4, 2000. L’interface nature-sociétés dans les hydrosystèmes fluviaux. pp. 283–292; doi : https://doi.org/10.3406/geoca.2000.2480

[4] Conseils généraux, Communauté urbaine, Europe (LIFE), Agence de l’eau, Région Rhône-Alpes, État, Gestionaires du parc Miribel-jonage, Fédénatur, fédération des parcs naturels périurbains regroupant aujourd’hui des gestionnaires d’espaces du même type

[5] BRAVARD J.P., AMOROS C, DAVALLON J., GIREL J., LAGIER A., LAURENT (A.M.), MICOUD A., 1995. Orientations pour la mise en valeur du site de Miribel-Jonage. Rapport du groupe d’experts réunis par le Fonds Jacques Cartier à la demande du Conseil Général du Rhône (décembre 1992). Actes du colloque “Les Paysages de l’eau aux portes de la ville”, Lyon, centre Jacques Cartier. Les chemins de la recherche n°29, p3–56.

[6] www.grand-parc.fr/lab-eau-et-nature/

[7] En la crecida de 2018 el parque muestra claramente su rol de atenuación de las crecidas, protegiendo la zona urbana: www.sauvonslerhone.com/un-champ-dexpansion-des-crues-quest-ce-que-cest/

[8] El parque consta de 8 ZNIEFF. Zones Naturelles d’Intérêt Ecologique Faunistique et Floristique, y pertenece a la red “Nátura 2000”.

[9] 5 estaciones de captación de agua potable donde las actividades contaminantes no se permiten.

[10] Del árabe al-Buḥayra, «el lago».

[11] MARGALEF, R. et M. MIR, 1973, « Indicadors de canvis de salinitat en els sediments de l’Albufera de València », Barcelona, Treballs de la Societat Catalana de Biologia, n° 32, p. 111–117.

[12] ROSSELLÓ, V. M., 1995, L’Albufera de València, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 190 p.

[13] SANCHIS IBOR, C., 2001, Regadiu i canvi ambiental a l’Albufera de València, Universitat de Valencia, departament de geografia, Centre Valencià d’Estudis del Reg, Collecció Oberta, 332 p.

[14] SANCHIS IBOR, C., 1998, De la gola a les goles. Canvi ambiental secular a l’Albufera de València, Valencia, Fundació Bancaixa, 143 p.

[15] SANCHIS IBOR, C., JEGOU, A., PECH, P., 2007, L’Albufera de Valencia, Géographie et cultures, 63 |, 5–22. DOI : https://doi.org/10.4000/gc.1593

[16] Se han construido una serie de edificios de gran altura asociados al turismo de masas, un paseo marítimo, etc. Estos factores aceleran la eutrofización y la contaminación del humedal, así como la pérdida de biodiversidad y la degradación de las dunas.

[17] « Tot el Saler per al Poble »

[18] OTDA, 2003, La gestion de l’Albufera de Valencia y su devesa (1981–2003), Valencia, Ajuntament de Valencia, 51 p.

[19] Detergentes, metales pesados, medicamentos, fertilizantes químicos, pesticidas, insecticidas, etc.

[20] CARRASCO, J. M., P. CUÑAT, M. MARTÍNEZ et al., 1972, « Contaminación de la Albufera de Valencia. I. Niveles de contaminación por insecticidas », Revista de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos, n° 12 (4), p. 583–596.

[21] Hasta finales del siglo XIX, la presencia de materia orgánica en el agua de riego era un factor positivo para el campo. Un aporte moderado de materia orgánica sin toxinas compensaba los déficits nutricionales del suelo, y la Albufera era capaz de metabolizar o depurar esta materia orgánica. Cuando la presencia de toxinas supera la capacidad de autodepuración del humedal, se rompe un equilibrio que desencadena una cadena de consecuencias difíciles de revertir para el valioso entorno ecológico.

[22] Término utilizado por Camille de Toledo para el proyecto Parlamento del Loira 2020.

[23] www.sauvonslerhone.com/lone-de-jonage-premier-bilan/

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