Borges no ha muerto

Por Ángel García (@AngelGarcis)

En junio de 1986 se llevaba a cabo el Mundial de futbol en México, aquel certamen en donde Diego Armando Maradona llegaría al Olimpo del futbol, no sólo por marcar el gol del siglo e inventarse la mano de Dios en el mismo partido ante Inglaterra, sino también por levantar la Copa ante Alemania el día 28 en el estadio Azteca.

Dos semanas antes de que Maradona levantara la Copa, el día 14 para ser precisos, Jorge Luis Borges fallecía en Ginebra. Tenía 86 años y padecía cáncer hepático y enfisema pulmonar. El reconocido escritor decidió dejar su natal Argentina para no convertir sus últimos días en un espectáculo. Borges repudió el fútbol al grado de decir:

“El futbol es popular porque la estupidez es popular”.

El destino quiso que en plena fiesta futbolística el también poeta fallecería el día en que las selecciones descansaran.

Ginebra, Suiza.

Treinta años después, la obra de Borges sigue estando tan vigente como entonces. Obras como El Aleph, Ficciones, El informe Brodie y El libro de arena son referencias obligadas en la literatura contemporánea, su influencia a través de cuentos, poemas y ensayos se traslada a la cultura universal.

“Qué raro que nunca se le haya echado en cara a Inglaterra haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el futbol. El futbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra”. Jorge Luis Borges

Podemos no compartir las palabras de Borges; sin embargo, muy pocos pueden discutir la falta de verdad en ellas. Eduardo Galeano, García Márquez, Pasolini y Sartre son algunos ejemplos de genios futboleros que hacen contrapeso a la idea separatista entre futbol y pensamiento. Valdano, Sacchi y Guardiola salen a relucir cuando se habla de futbolistas, técnicos y directivos diferentes, de esos que aportan perlas de sabiduría más allá de la cancha.

De todas formas, ¿cómo se puede negar la estupidez en el deporte cuando aficionados se enfrentan a golpes en las tribunas? Tampoco reivindicamos nuestra pasión con gritos homofóbicos al rival en cada despeje. Borges no vivió tanto como para ver la invasión global del futbol con una Eurocopa y el centenario de la Copa América sucediendo a la vez. El escritor también criticó el Mundial del 78 ante la complacencia de la FIFA en plena dictadura Argentina.

“Déjense de pavadas, la patria no es el futbol sino la milonga y el dulce de leche”.

Hoy somos varios los que soñamos con el balón en las redes, los que apoyamos a nuestros clubes y selecciones en sus distintos compromisos sin dejar de leer a Borges, Galeano o Camus. Analizar el futbol y encontrar el valor estético, literario e incluso filosófico es llevar más allá al deporte que nos ha dado tanto. Deberíamos leer y releer a Borges, tomar en cuenta su aversión al futbol para sacar lo mejor de la afición. Los medios masivos tendrían que revisitarlo para cambiar el discurso repetitivo en el que se encuentran inmersos.

El futbol y el pensamiento más que compatibles son complementarios. Porque esa obsesión con el tiempo, la inmortalidad, los espejos y laberintos se puede ver en 90 minutos más el agregado, levantando la Copa, evaluando los partidos en video y sorteando las etapas de cada torneo disputado.

A tres décadas del fallecimiento de Jorge Luis Borges, deberíamos leer su obra entre cada partido de los cinco que tenemos este verano.

Fuentes:
La Nación
BBC
El País
El Universal