Con David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido. mi campera no es casualidad.

Reflexiones sobre las Malvinas

Soberanía popular, Irlanda, Escocia y Argentina.


Si algo pude aprender en mi corta carrera política es que no llega lejos el que mejor habla, sino el que mejor escucha. Con Inglaterra, creo que nos pasa un poco eso: ganariamos ambos si nos escucháramos mejor.

En 1994, mientras ocurrían negociaciones secretas entre la IRA (el movimiento separatista irlandés) y un partido político británico, fue indispensable lograr que el Primer Ministro John Major declarara que aquello que define la soberanía de una nación, no es el territorio sino su pueblo. Es decir: siempre y cuando el 51% de los habitantes de Irlanda del Norte (o cualquier nación del Commonwealth) aceptara pertenecer a Gran Bretaña, la corona la recibe de brazos abiertos.

En otras palabras, ser parte del Reino Unido es un acto voluntario de cada una de las naciones que lo integran. Técnicamente, cualquiera puede irse si la mayoría lo deseara.

Esto desembocó en que hoy 2013, Escocia se esté planteando por primera vez independizarse del Reino Unido. Algo bastante sorprendente: cuando en tiempos de la reina Victoria Inglaterra comenzaba a volverse imperial, Escocia no dudó en unirse e incluso estuvo siempre predispuesta a enviar hombres a los diferentes frentes que el ejército imperial tenía por el mundo. Pero desde 1950 cuando el imperialismo empezó a decrecer después de la Segunda Guerra Mundial, se gestó puertas adentro la tendencia del resurgimiento del nacionalismo escocés hasta el punto de crisis actual.

Desde el punto de vista económico los analistas coinciden que los ingresos de Escocia, acorde a su contribución al PBI británico, son justos y equilibrados. Pero si se incluye en la balanza la explotación del petróleo en el Mar del Norte, Escocia podría verse muy beneficiada. Aunque claro: es difícil definir si esa frontera es de Escocia o es del Reino Unido.

Lo más sorprendente es la reacción Británica ante esta situación, ofrecieron hacer un referéndum en Escocia. El 18 de Septiembre de 2014, toda Escocia votará por quedarse o no en el Reino Unido. Una decisión que de ser negativa, trae implicancias muy problemáticas que incluso puede desatar una reacción en cadena en la Unión Europea donde países como España sufren de anhelos similares dentro de su territorio. Pero considerando que la soberanía se define por voluntad popular, el referéndum es un recurso válido y perfectamente aceptado por todos. Incluso los altos funcionarios del gobierno británico con los que me entrevisté defendieron contundentemente el derecho de los escoceses a hacerlo.

¿Qué tiene esto que ver con Malvinas? Creo, indudablemente, que la coherencia de los actos del Gobierno del Reino Unido merece ser destacada. Cuando la corona hizo un referéndum en las islas a principios de este año estaba respondiendo a lo que su propia historia y una verdadera política de estado le indicaba.

Mi honesta sensación es que en Argentina, las Malvinas han sido casi siempre un recurso para la estricta manipulación doméstica por parte de gobiernos militares y democráticos (con la obvia diferencia en el grado de extremismo de las medidas tomadas). Confrontar con los ingleses en pos de exaltar el nacionalismo coincidió siempre con la perdida de popularidad de un gobierno (este año coincidente a importantes escándalos de corrupción). Un hecho que habla de la perversión con que la clase política suele jugar sobre nuestras emociones. Clarín titulaba “Galtieri Para Todos” en 1982 y hoy vemos que algunas cosas mucho no han cambiado desde entonces (desde ya, los medios no están eximidos de esta manipulación) .

Si realmente nos preocupara la cuestión Malvinas, el referéndum de Escocia debería estar presente en todos los diarios y medios argentinos. Con profunda tristeza, veo que elige ignorarse el tema, alimentando mi sospecha que gran parte del periodismo se está perdiendo en nuestro país para darle cada vez más lugar a las operaciones políticas de turno antes que a la responsabilidad de informar.

La Argentina tiene un camino obvio si realmente le preocupan las islas: tener en cuenta a sus habitantes. Hoy, el 99% de ellos manifestó preferir a Gran Bretaña. Pero eso no tiene porque ser siempre así. Creo que si pudiéramos reconstruir la confianza entablando un diálogo con los kelpers, estaríamos dando un primer paso realmente conducente en esta cuestión. Veamoslo de esta manera: si el día de mañana, el 51% de los kelpers prefiere ser parte del gobierno argentino (donde partimos con la inmensa ventaja de la cercanía geográfica y poder así conectarlos a todo el continente americano), no sólo empezaríamos a recuperar las islas bajo un criterio aceptado por los británicos, sino que además esa métrica indicaría -de manera muy objetiva- que en nuestro país algo estaríamos empezando a hacer bien.