La fórmula del divorcio

Abril de 2014, llegué de un largo viaje desde la ciudad donde estaba asignado para trabajar. Un lugar que elegí sin pensar, yo diría que escogí con los riñones, por desear una “vida mejor”, este lugar se había vuelto un infierno para nuestro matrimonio, sólo podía ver a mi esposa y a mi hijo Lucas de cuarenta días de nacido una vez al mes. En casa dejaba a una mujer abandonada por la distancia, lidiando con llantos de recién nacido, necesidades fisiológicas, enfermedades naturales de un bebé y su propia soledad. La ambición y las falsas compañías me habían desviado del propósito por el cual alguna vez viví. Mi corazón abarrotado de orgullo me llevaba de una mala decisión a otra, me hacía más débil creyéndome fuerte y aparentando estar bien. 
Llegué, aunque mi mente y destino estaban en otro lugar, llegué. A un lugar que yo llamaba casa pero se había convertido en un hotel de paso, con besos de paso, con abrazos de paso y almas distanciadas. Mi esposa, después de observar mi historial de malas decisiones y cansada del maltrato me mira a los ojos y me dice: “Esto no funciona, tú no quieres darte cuenta de los errores que cometes y no hay nada qué hacer”. Yo en mi arrogancia respondo: “¿Te parece un error querer darte una mejor vida? ¿Acaso te ha faltado algo? pero en algo tienes razón, ya te fallé y esto no va a funcionar, lo mejor es que nos divorciemos”. Ella me dice que lo había pensado, que ya sabía que yo nunca iba a cambiar y ella no estaba dispuesta a soportar más tiempo así.

Salí de la habitación dispuesto a bañarme para quitarme un poco la presión y me acerqué al espejo, luego de respirar y dejar que la rabia y la impotencia se disiparan, me vi en una especie de espacio atemporal y me dije: ¿Eso es todo? ¿Tantos años de lucha para llegar hasta aquí? ¿Acaso soy tan cobarde?. Ciertamente no la culpo por su actitud, reconozco que me cuesta ver mis propios errores soy un testarudo y he fallado al pacto de amor que una vez le juré. No me conformo con perder mi matrimonio, ambos tenemos errores pero definitivamente yo soy peor.

Así que después de mucho llanto y desespero, contra todo pronóstico, asumí el reto de corregir aspectos que salvaron nuestro matrimonio en ese momento, por supuesto, ella también asumió decisiones trascendentales y me perdonó. Gracias a ese proceso aprendí muchas cosas que hoy quiero compartirte; y cómo sin querer desarrollé la fórmula perfecta para el divorcio. Esto se puede revertir y funciona para cualquier relación o situación de vida.

¡Sigue esta fórmula de seis variables y despejarás la ecuación divorcio indudablemente!

DISEÑA UN PLAN DE VIDA SIN LA OPINIÓN DE NADIE MÁS

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Muchos de nosotros hemos idealizado cómo debería ser nuestra vida. Planeamos cosas a futuro, pensamos en cómo alcanzar el bienestar nuestro y de la familia, pero en ocasiones nos encerramos en una planificación solitaria y egoísta, creyendo que de esa manera somos autónomos en nuestro plan.

Proverbios 11:14 dice que “en la multitud de consejos hay sabiduría”. Nunca planifiques en solitario o te creas dueño de todas las decisiones porque lo creas o no, todo lo que hacemos o dejamos de hacer afecta a otros, somos un organismo vivo y por causa de nuestros planes siempre habrá efectos colaterales. Ahora podrías estarte preguntando, ¿Acaso no debería importarme la opinión de los demás? A los que no le importa el resto del mundo se les llama sociópatas y se considera un trastorno.

Escucha opiniones, deja que te revisen los planes y permite que Dios te guíe en medio de buenos y confiables consejeros que además hayan caminado la ruta que deseas caminar. También la Biblia lo dice: “no seas sabio en tu propia opinión”.

CONSIDERA SIEMPRE QUE LA OTRA PARTE ESTÁ EQUIVOCADA

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Hasta un reloj dañado da la hora correctamente una vez al día. Tu jefe, tu esposa, tu novi@, tus amig@s, tu pastor, tu líder pueden estar equivocados, pero aún sus errores o desaciertos pueden ayudarte a considerar tu condición de vida y las decisiones que estás tomando. Generalmente el orgullo no nos deja ver los aciertos de las demás personas porque no creemos que sean suficientemente acertadas.

Nuestra inflexibilidad de conceptos nos impide ver nuestros propios errores. Investigaciones afirman que tenemos al menos 3.4 puntos ciegos en nuestra vida, y sólo una actitud de reconocimiento consciente nos puede ayudar a verlos, pero sobre todo reconocer al otro como capaz de hacerme crecer y ver mis fallas. Salmos 19:12 dice: “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Si quieres divorciarte, de lo que sea, sólo tienes que pensar que nadie tiene la razón más que tú.

“Tenemos al menos 3.4 puntos ciegos en nuestra vida,”

ENFOCA TUS ESFUERZOS EN FUNCIÓN A EXPECTATIVAS EGOÍSTAS

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Todo lo que hacemos en la vida lleva implícito un proceso de negociación. Dichas negociaciones no siempre son en función al dinero o a cuestiones materiales, pero siempre estamos negociando, tiempo, generosidad, humildad, detalles, servicio. El punto es que nosotros en la mayoría de las ocasiones medimos nuestras negociaciones según un sistema de recompensa y castigo, es decir, si obtengo un beneficio es “autorecompensa”, pero si no obtengo ningún beneficio, es “autocastigo”. El amor se trata de decisiones, algunas de esas decisiones no te van a traer paz ni compensación, por el contrario, vas a sentir que te están sustrayendo la vida y que es injusto. Es por eso que no se trata de un sentimiento ni de recompensa o castigo, se trata de decisiones en favor a un propósito mayor en medio de cualquier relación. En otras palabras, tus expectativas no pueden ser en función a recompensa o castigo sino al propósito o promesa que Dios te ha dado en tu relación.

Salmos 143:8 dice que Dios es quien determina la conducta que debemos tomar cuando dirigimos a él nuestras expectativas y no las centramos en nosotros mismos.

SÉ UN POPULISTA

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El populismo es un término muy frecuentemente utilizado en el argot político para referirse a uno que hace uso de los bienes del estado o del dinero en general para ganar el favor de otros. En una relación, si quieres divorciarte, usa las salidas, el dinero y los regalos para sustituir el tiempo, el amor y las caricias. Un hijo, una esposa, una madre, un trabajo pueden estar bajo la sombra del populismo cuando no cumples los procesos más complicados: conversaciones honestas, corazón puro, tiempo de calidad, servicio, respeto, caricias.

1ra de Corintios 16:14 dice: “Todas vuestras cosas sean hechas con amor”. Si el amor no gobierna la relación, nada podrá sustituir ni sostenerla en el tiempo. Si algo nos ha hecho daño es el “populismo” desde su concepción peyorativa. Gobernantes que quieren ganar el favor del pueblo con regalos sin enseñarles a valorar el trabajo. Padres que con dinero intentan suplantar el tiempo, el amor y el esfuerzo. Esposos que compran libertad con una vida de lujos pero corazones vacíos. Líderes que tienen excelentes discursos y conferencias que ilusionan pero dudas en su carácter que decepcionan. TODOS, ABSOLUTAMENTE TODOS TERMINAN EN LO MISMO: ¡DIVORCIO!

CONFÍA TUS DECISIONES A PERSONAS POCO CONFIABLES

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Cuando nos hablan de amistades en la adolescencia y de cuáles nos convienen y cuáles no, nos sofocamos porque no nos gusta que nos digan qué hacer y mucho menos a quiénes tener de amigos. Otros piensan que los amigos sólo llegan por cuestiones de compatibilidad, pero va más allá de eso. No es sólo cosas en común, se trata de elecciones conscientes. Cuando permites que por necesidad de aprobación lleguen personas desordenadas a tu vida, estás también dejando por fuera la oportunidad de ser influenciado por gente que sepa hacia dónde va. Cuando nos cerramos a esto, empezamos a confiar nuestras decisiones al reconocimiento de quienes llevan matrimonios desordenados, una vida espiritual displicente, relaciones infructuosas y un historial de conflictos, pero, como se trata de alguien con quien me siento “bien”, prefiero confiarle a él o ella las decisiones que voy a tomar, antes que elegir inteligentemente a las personas de quienes me voy a dejar influenciar. Porque si hay un ser en la tierra que genere influencia sobre nuestras vidas son los amigos.

Elige bien, elige con inteligencia, el 80% de tu éxito depende del tipo de personas con las que te relacionas.

DEJA A DIOS POR FUERA

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Toda fórmula autodestructiva empieza por dejar a Dios por fuera. En los años 60 se determinó en los Estados Unidos de Norteamérica, eliminar la oración a Dios y la lectura de la Biblia de las escuelas, desde ese instante, las tragedias en colegios estadounidenses han aumentado considerablemente, yo no sé usted, pero a mi me gusta pensar que hay una correlación entre una cosa y la otra. Muchos eventos se han registrado en el mundo y en la Biblia, que cuando se deja a Dios por fuera de nuestros asuntos, las cosas van de mal en peor. Tomar en cuenta a Dios es lo que la Biblia llama el “temor a Jehová”. Es vivir como quien camina con un consejero a todos lados a quien respeta y ama profundamente y a quien le consulta todo lo que hace. Dice el Salmo 112:1 que un ser humano es extremadamente feliz cuando toma a Dios en cuenta para todo y el Salmo 128:4 dice que el resultado es que será bendecido. Curiosamente cuando una relación empieza a deteriorarse, o el trabajo, o un negocio, la mayoría de las personas que he atendido en consejería, producto de la frustración y el malestar, en vez de buscar la dirección de Dios se hacen sabios en su propia opinión y sacan a Dios del juego.

El Padre celestial siempre tiene la mejor opinión, cuando no sepas qué hacer, lee la Biblia, ora y escucha a los sabios que él mismo te ha puesto alrededor.
Si estás pasando por alguna situación similar, deberías tomar en cuenta algo de lo que yo viví, aprender de los errores de otros es lo más inteligente que alguien puede hacer. Si estás perdiendo una relación importante en tu vida, revisa tu vida, escucha a otros, no saques a Dios del juego y considera que el cuidado en las relaciones con propósito que Dios ha puesto en tu vida son el reflejo de tu corazón, dime cómo son tus relaciones y te diré cómo está tu corazón.
Pudiera mencionar otros aspectos que contribuyen a un divorcio. Sólo comparto lo que yo viví en mi proceso hace unos años. Pero definitivamente, cuando haces alguna de estas cosas en cualquier relación en tu vida, no sólo en el matrimonio, tienes el fracaso asegurado. Antes bien, haciendo todo lo contrario y estando consciente de cada error posible, puedes prevenir que se caiga algo que está sustentado en propósito eterno.
Puedes contarme cómo han sido tus divorcios y qué aprendiste, también me gustaría que me contaras si hay otro aspecto que te gustaría incluir a la fórmula. Espero que te haya servido y no olvides compartir con otros que pudieran estar pasando por la misma situación.

Con amor, Pastor Arnold Sierra