Violencia y malos tratos
SERVICIOS SANITARIOS Y PSICOLÓGICOS

Determinados motivos de asistencia sanitaria como traumatismos, violaciones, intentos de suicidio pueden enmascarar una situación de violencia doméstica. La mayoría de estos motivos constituyen urgencias hospitalarias pero muchas veces también son causa de consulta para ginecólogos, oftalmólogos, pediatras, geriatras, médicos de familia, psicólogos, personal de enfermería, etc.
Muchas personas víctimas de violencia solicitan ayuda médica sin que el profesional llegue a percatarse de la situación que el paciente está viviendo. En algunos casos no se llega a identificar esta situación, por lo que se prolonga la asistencia médica con el consiguiente gasto sanitario y perpetuación del sufrimiento de la familia. Es importante adquirir el conocimiento y la habilidad necesaria para identificar un problema de este tipo, saber detectarlo y actuar ante él.
En muchos casos la víctima visita el servicio de urgencias de modo repetitivo. En otros, existe un gran intervalo de tiempo entre el episodio violento y la petición de atención sanitaria, encontrándonos con lesiones que no son recientes. Las versiones acerca de lo ocurrido suelen ser incoherentes, el paciente a veces acude solo pero en otros muchos casos lo trae el propio agresor aludiendo cierta tendencia a caerse o a ponerse enfermo. La observación detenida de las lesiones pueden hacer sospechar la existencia del maltrato, pero ante la sospecha la mejor vía es preguntar directamente. La víctima tiene difícultad para expresar lo que le ha pasado por miedo a las represalias del agresor, por pudor, por creer que merece el abuso, dudar que el médico le pueda ayudar o incluso querer proteger al agresor. El profesional por su parte puede llegar a compartir algunas creencias que interfieran en el modo de actuar ante una situación de maltrato como por ejemplo poseer ideas sexistas. Puede creer que es un asunto que forma parte de la intimidad de la persona y teme ofenderla (sin embargo muchos médicos interrogan a sus pacientes sobre cuestiones relacionadas con la salud, como la sexualidad, etc.).
Frente al temor del profesional a inmiscuirse en la vida privada de sus pacientes, diversos estudios han demostrado que las mujeres que sufren violencia doméstica esperan que sus médicos les pregunten sobre ello. En muchos casos pueden aflorar los propios miedos del sanitario ante la violencia, mostrándose incapaz de ayudar temiendo encontrar la punta del iceberg.
En numerosos servicios, como ocurre en el de urgencias, existe una falta de privacidad que hace difícil crear un ambiente de confianza propicio para comunicar determinados sucesos y en la mayoría de los casos existe falta de tiempo para tratar temas como éste.
El profesional sanitario no sólo tiene al alcance a la víctima que acude a él con una lesión producto de la violencia sino que en muchos casos también tiene ante sí al agresor de hecho y al agresor potencial.
Además de la situación socioeconómica precaria se ha relacionado con la violencia el consumo de drogas y las alteraciones emocionales y psiquiátricas. De hecho, en muchos casos la droga no sólo es causa de la agresión sino consecuencia de la misma, es decir, la víctima la utiliza para sobrellevar la situación.
Ha de ser fundamental el papel del profesional en la prevención del consumo de drogas, delincuencia y la marginación así como los embarazos no deseados. En la atención a embarazadas o a futuros padres se les ha de sensibilizar acerca de las necesidades de sus hijos antes de que nazcan.
Desde el punto de vista psicológico se ha de mejorar las relaciones entre los miembros de la familia, ayudar a solventar los conflictos entre la pareja, reforzar nuevas y adecuadas vías de comunicación, habilidades para superar el estrés y hacer frente a los problemas. En muchos casos el agresor utiliza la droga para justificar la agresión pero fundamentalmente la violencia tiene su raíz en la falta de autocontrol. La capacidad de afrontamiento es esencial para el autocontrol, pues el origen de muchas conductas abusivas se encuentra en ese déficit de habilidad que desemboca en la conducta agresiva como única alternativa conocida.
Las alteraciones emocionales como la depresión o la ansiedad pueden también precipitar la agresión al ver disminuida la capacidad para enfrentarse a las situaciones generadoras de tensión.
La mayor parte de los malos tratos se produce en el marco de la educación de los hijos. La enseñanza de otras alternativas para corregir conductas inadecuadas que no sea el castigo físico ayudaran a prevenir el maltrato en la infancia.
Una de las piezas claves en el maltrato se encuentra en la influencia del aprendizaje por observación. Se aprende lo que se vive. Se ha constatado la existencia de antecedentes de abuso infantil en padres que posteriormente abusaron de sus hijos. De ahí la importancia de erradicar conductas violentas que si hoy son toleradas pueden prolongarse en el futuro.
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