Astec
Published in

Astec

Cómo el Cripto Está Dando Forma a la Revolución Digital

Esta es una versión adaptada y traducida del texto “How Crypto Is Shaping the Digital Revolution” publicado por Mario Laul el 11 de octubre de 2021.

En el pasado, definí al “cripto” (un término para denominar al blockchain y toda la innovación vinculada con la Web3) como una parte de la revolución digital que empezó hacia finales de la década de 1960 y comienzos de 1970 con la invención de las redes, los microprocesadores, y otras tecnología digitales que permiten la proliferación de computadoras personales e internet.

Ahora me gustaría expandir esta tesis:

  1. Brindando un breve marco teórico de las dos principales etapas de las revoluciones tecnológicas;
  2. Comparando los cambios organizacionales e institucionales de la anterior revolución (centrados en el petróleo, los automóviles y la producción en masa) con los de la actual (centrados en la información digital y las tecnologías de la comunicación) tal como fueron concebidos en la era puntocom (a fines de los 1990s y comienzos de los 2000); y
  3. Discutir cómo el “cripto”, como un movimiento de reforma tecnopopulista está dando forma a las instituciones globales y su gobernanza a medida que madura la revolución digital.

A lo largo del texto, utilizaré ICT como sigla de Tecnología de la Información y la Comunicación, y Revolución ICT como una abreviatura de revolución digital.

De la Instalación al Despliegue

Un modelo popular para teorizar acerca del desarrollo económico es concebir a los ciclos como “olas”. Existen diferentes variedades de este enfoque, donde cada una se focaliza en un conjunto diferente de factores claves para el cambio: elementos demográficos, la relación crédito/deuda, el comercio y los ciclos políticos. En el campo de la economía de la innovación, que tiene sus raíces en el trabajo de Joseph Schumpeter, el énfasis está puesto en el emprendedorismo y la innovación.

Dentro de la tradición neoschumpeteriana, Carlota Perez es conocida por su contribución a la teoría de las revoluciones tecnológicas y los cambios de paradigma tecnoeconómicos que dividen a la historia económica moderna en cinco oleadas de desarrollo.

Cada etapa estuvo dirigida por un conjunto diferente de tecnologías revolucionarias, inicialmente adoptadas en unos pocos países y luego gradualmente difundidas a todo el mundo. Por ejemplo, el cuarto paradigma, que empezó a tomar forma en Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX, estaba centrado en el petróleo, los automóviles y los métodos modernos de producción en masa que dieron origen a la sociedad de consumo.

Más adelante en el siglo, y todavía en fase de despliegue, el quinto paradigma estuvo dirigido por innovaciones en ICT, incluyendo las computadoras electrónicas e Internet — las tecnologías centrales de la era de la información.

En el modelo de Pérez, cada oleada tuvo como disparador a un evento de “big bang” (usualmente, un avance tecnológico clave como la locomotora de Stephenson, el modelo T de Ford o el procesador 4004 de Intel), dura aproximadamente 50–60 años y está dividida en cuatro fases.

Las primeras dos fases, llamadas Irrupción y Manía, constituyen la etapa de instalación de la revolución. Durante este período (que va de la década de 1970s hasta comienzos de los 2000s en el caso de la Revolución ICT), el nuevo paradigma y sus industrias clave aún están en formación (lo que aumenta el rol del capital financiero especulativo), mientras que el individualismo combinado con los rezagos en la regulación hacen que las ganancias de la innovación tengan una distribución desigual.

El período de instalación culmina en una crisis, que constituye un punto de inflexión de la revolución.

Las siguientes dos fases, llamadas Sinergia y Madurez, constituyen una etapa de despliegue. Según el modelo, aquí es cuando el capital productivo tiende a dominar (es decir, las firmas no financieras involucradas en la producción de bienes y servicios reales), los líderes de la industria se consolidan, e idealmente ocurre una distribución más equitativa de las ganancias, gracias a reformas institucionales progresivas y un nuevo contrato social. [1]

Figura 1. El ciclo de vida de una revolución tecnológica (adaptado de [1], p. 30)

Una tesis clave de la teoría de los paradigmas tecnoeconómicos es que, mientras que los pre-requisitos son establecidos durante la fase de instalación, la transformación social e institucional que trae el nuevo paradigma sólo se realiza durante la fase de despliegue.

Esto es así porque el potencial pleno de la revolución sólo se revela a lo largo del tiempo a través de un aprendizaje continuo, iteración, y especialmente a través de sinergias entre diferentes clusters de innovación a medida que maduran.

Ademas, a diferencia de la esfera tecnoeconómica, que es más fácilmente transformada por la iniciativa emprendedora y las presiones competitivas, la esfera socioinstitucional tiende a ser más resistente al cambio y requiere de presiones políticas y culturales extremas (una gran crisis) antes de que pueda romper con estructuras y hábitos tradicionales.

Pero, eventualmente, las tecnologías y los principios organizativos del nuevo paradigma se vuelven normales y hasta las instituciones más conservadoras se ven obligadas a adaptarse. A medida que la revolución se propaga, la lógica económica y social que caracteriza a la revolución anterior (o incluso a la fase de instalación de la actual) es vista cada vez más como anacrónica.

El paradigma tecnoeconómico establecido por la revolución se vuelve “la nueva normalidad”, y sirve como un punto de partida (al mismo tiempo que como una fuente de inercia y de resistencia) para la próxima oleada de innovaciones con el potencial de revolucionar la economía en su conjunto. Y así, el ciclo vuelve a repetirse. [2]

Figura 2. Tres esferas de cambio recíproco en revoluciones tecnológicas (de [1], p. 156)

El gráfico de arriba es quizá demasiado mecanicista. Cada revolución tiene una serie de características únicas que hacen que las generalizaciones sean problemáticas. Pero, como punto de partida para conectar el cripto con la Revolución ICT, basta con esta distinción básica entre la fase de instalación y la fase de despliegue.

Puesto de manera sencilla, el cripto puede verse como una típica reacción de etapa temprana a la Revolución ICT, una reacción que habilita instituciones, estilos de vida y formas de gobernanza nativas digitales. [3]

Pero antes de explorar esta idea en detalle, es importante reconocer cómo el cripto se construye sobre formas anteriores de transformación digital.

El Despliegue de la Producción en Masa vs. la Revolución ICT

Hay dos fuerzas primarias que dan forma a la fase de despliegue.

Primero, la iteración continua y la adopción masiva de las innovaciones centrales de la revolución establecen el nuevo paradigma en todos los aspectos: desde los métodos de producción y organización empresarial hasta los estilos de vida de los consumidores y de las instituciones sociales.

Segundo, las políticas públicas que surgen como respuesta a los desafíos y las oportunidades creados por la revolución.

Aunque diferentes, estas dos fuerzas están en constante interacción: la invención y adopción de nuevas tecnologías afecta el diseño de políticas públicas, lo que a su vez da forma a la evolución de la tecnología, y especialmente a la distribución social de los costos y beneficios de la innovación.

Durante los primeros dos tercios del siglo XX, bajo el liderazgo de Estados Unidos, las economías desarrolladas de todo el mundo adoptaron las tecnologías y los principios organizacionales del paradigma de la producción en masa. Esto incluyó automóviles y otras máquinas con motores de combustión interna alimentados por combustibles fósiles de bajo costo.

La versión de la línea de montaje del taylorismo (“management científico”) fue aplicada en todo el espectro para coordinar la producción en masa de electrodomésticos y una gran cantidad de otros productos de consumo estandarizados, muchos de los cuales eran fabricados con materiales sintéticos provenientes de la industria petroquímica.

Los automóviles personales permitieron a la gente vivir lejos de los centros urbanos, lo que llevó a la expansión de autopistas y caminos. El estilo de vida de la sociedad de consumo suburbana se volvió un ideal popular cada vez más factible de alcanzar para muchos gracias a la proliferación de créditos hipotecarios respaldados por el gobierno y la posibilidad de pagar los productos de alto valor en cuotas. [4]

Durante la segunda mitad de la Revolución de la Producción en Masa, las prácticas organizacionales aplicadas por las empresas del sector privado se replicaron cada vez con mayor frecuencia en el sector público, lo que llevó a una estructura “divisional” compleja similar a la de las grandes corporaciones jerárquicas que dominaban la economía. Lo mismo puede decirse de organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Además de apoyar el mercado de viviendas, los gobiernos también emergieron como una fuente mayor de demanda a través de la compra pública de infraestructura física (en parte, como respuesta a la necesidad de reconstrucción de la posguerra) así como por el gasto militar motivado por la Guerra Fría.

La posición de relativa fortaleza de los sindicatos permitió que los salarios siguieran el ritmo de los aumentos de productividad, mientras que los esquemas de bienestar y seguro de desempleo ayudaron a reducir los golpes de las recesiones económicas.

En líneas generales, aunque lejos de ser perfectas, las sinergias positivas entre el avance tecnológico y las políticas públicas resultaron en varias décadas de crecimiento estable e inclusivo en muchos países occidentales — un ejemplo típico de lo que Pérez llama “la edad dorada” del despliegue. [5]

Sin embargo, en el último tercio del siglo XX, y especialmente en el boom puntocom de los 1990s, se volvió evidente que las economías avanzadas estaban entrando en una nueva etapa de desarrollo. Para describir esta nueva etapa, se acuñaron términos como post-Fordismo, sociedad posindustrial, economía del conocimiento y sociedad de la información. Buscaban describir la transición hacia un orden económico más intensivo en tecnologías de la información y globalmente integrado. [6]

El siguiente gráfico destaca algunas diferencias clave entre el paradigma en declive (columna de la izquierda) y el nuevo paradigma emergente (columna de la derecha), tal como se veía en los primeros años de los 2000. [7]

Recordemos que, según el modelo de Carlota Pérez, la explosión de la burbuja puntocom representa aproximadamente el punto medio de la Revolución ICT — la fase de despliegue todavía no había ocurrido.

A comienzos de los 2000, Pérez escribió:

“El capital financiero ya hizo su trabajo de liderar la difusión del nuevo paradigma, y la instalación y testeo de la nueva infraestructura. Suficientes partes de la comunidad de negocios y de los consumidores han asimilado el nuevo sentido común para continuar el proceso de transformación. Ahora es el turno del capital productivo de tomar el liderazgo, expandiendo la producción y ampliando la demanda mientras que el capital financiero pasa a un papel de reparto (…). También hay una amplia oportunidad para redirigir la imaginación de los negocios y de la innovación tecnológica hacia una mayor transformación de la sociedad mundial, a través del desarrollo de maneras intensivas en conocimiento de producir y de vivir” [8]

El impacto de la Revolución ICT sobre la sociedad mundial durante los últimos 20 años fue transformador. Aunque todavía hay grandes disparidades sociales y geográficas en cuanto a la adopción de ICT (lo que se conoce como brecha digital), la posibilidad de acceder e intercambiar información de manera barata e instantánea a lo largo del mundo ha mejorado las vidas de miles de millones de personas.

En su conjunto, el impacto es comparable a como la capacidad de producir en masa y distribuir internacionalmente bienes de consumo baratos aumentó los estándares materiales de vida en el siglo XX, a medida que las redes de centros de producción, las terminales de transporte, los aeropuertos y las autopistas se construyeron a gran escala.

Esta vez, la infraestructura clave son las redes digitales que conectan los centros de datos y los dispositivos de computación personales, acelerando aún más la velocidad a la que bienes, personas e información pueden moverse, y por lo tanto también la tasa a la que las actuales mejores prácticas en todas las industrias pueden diseminarse a escala global.

Es importante advertir que la difusión de un nuevo paradigma tecnoeconómico no es un proceso ordenado.

Diseminado a lo largo de una curva en forma de S de varias décadas de cada revolución tecnológica, hay múltiples curvas en forma de S de tecnologías revolucionarias, muchas de las cuales sólo se vuelven posibles después de que las primeras han madurado, y pueden así volver a disrumpir industrias que aún están en proceso de integrar un conjunto de innovaciones previas.

Algunos ejemplos recientes incluyen a las redes sociales, la automatización del e-commerce, los smartphones, la computación en la nube, la Internet de las Cosas (IoT), el deep learning, la robótica avanzada y la tecnología de blockchain.

Mientras que las innovaciones radicales de la fase de instalación (ej., las computadoras personales e Internet) podrían parecer más disruptivas, la fase de despliegue es igualmente transformadora.

En síntesis, los nuevos paradigmas tecnoeconómicos nunca emergen completamente formados sino que siguen evolucionando y desbloqueando nuevas sinergias, de manera iterativa, a lo largo de todas las etapas de la revolución.

El concepto de Pérez de “un nuevo sentido común” que dirige y permite el desarrollo de la fase de despliegue es perfectamente representado en la famosa máxima de Marc Andreessen: “El software se está comiendo al mundo” [9].

Pero ser comido no es agradable.

Cada revolución presenta una amenaza existencial sobre las formas establecidas de hacer las cosas, produciendo un desafasaje entre la nueva realidad económica y tecnológica por un lado, y los marcos institucionales, sociales y regulatorios, por el otro. [10]

A lo largo del último par de décadas, este desfasaje se fue transformando en una fuente importante de tensión social y política — un típico punto de inflexión que se observa en todas las revoluciones tecnológicas. Incluso hoy, que ICT ya no es una novedad, aún se lo percibe como una fuente de grandes desafíos tanto para la gobernanza nacional y global a medida que las sociedades de todo el mundo lidian con las disrupciones en la estructura económica, la división del trabajo, y la distribución de la riqueza y el poder disparados por la innovación.

A pesar de los patrones históricos, el mundo social sigue siendo incierto, y uno debería ser cuidadoso de no ser excesivamente determinista al describir la dinámica del cambio tecnológico. Por ejemplo, la segunda mitad de cada revolución tecnológica ha sido generalmente un tiempo de desarrollo económico más inclusivo. Pero esto no está garantizado.

Como dice Pérez, cada fase de despliegue tiene el potencial de ser una “edad dorada” para la mayoría de la población (al menos, en los países centrales), pero sólo si se le da una dirección apropiada a través de un rebalanceo de los intereses entre el capital financiero y productivo, los trabajadores y el Estado. [12]

Aquí es donde los ambientes poscrisis presentan una oportunidad única de movilizar diferentes agentes y los recursos necesarios alrededor de un camino hacia adelante que aproveche al máximo las nuevas capacidades tecnológicas mientras que también resuelvan las deficiencias institucionales y distributivas de la fase turbulenta de instalación.

Sin embargo, la visión sobre el camino correcto nunca es universalmente compartida y es objeto de debate y luchas políticas.

Dos recientes desarrollos son una prueba de que los sucesos típicos de la fase de despegue (al menos tal como son imaginados por Pérez) no están garantizados.

Primero, a pesar de mucha discusión pública sobre la reforma de políticas fundamentales en temas de ingresos y distribución de la riqueza, inseguridad en el trabajo y degradación ambiental, los pasos que se tomaron realmente sólo han sido incrementales. Segundo, el tamaño y la importancia del sector financiero no se han reducido; al contrario, la economía global parece cada vez más financializada. [11]

En el pasado, la respuesta regulatoria a eventos como la crisis financiera global (GFC) de 2007–2009 con frecuencia era más radicalmente progresiva. Solía implementarse un régimen de políticas cualitativamente diferente en comparación al período anterior a la crisis.

En contraste, la respuesta a la GFC preparó al mundo para más de lo mismo. Aunque todavía es muy temprano para evaluar el impacto social y económico de la segunda mitad de la Revolución ICT, este ha sido más ambiguo de lo que sugiere la visión idealizada del modelo de Pérez. [12]

El concepto de despliegue puede aplicarse prescriptivamente como una “edad dorada” ejecutada a través de políticas públicas, o descriptivamente como cualquier cosa que se observe en la sociedad contemporánea. El análisis que sigue se inclina más hacia lo segundo y evita la discusión de política prescriptiva acerca de cómo resolver los efectos negativos de la disrupción tecnológica.

Las iteraciones continuas y la adopción masiva de ICT en las últimas dos décadas son hechos históricos, más allá de si los resultados sociales y económicos asociados estén de acuerdo con las expectativas personales o con los objetivos políticamente acordados en una sociedad.

La observación de que ICT ha transformado las prácticas organizacionales en la mayoría de los sectores de la economía es obvia. Pero el proceso todavía está en marcha, y es solo recientemente que los primeros signos de tipos de organización realmente nativa de ICT han empezado a emerger.

La siguiente sección explora cómo el cripto está dando forma a la evolución de las instituciones digitales a medida que madura la Revolución ICT.

Cripto y la Revolución ICT

Los intentos de definir la innovación central y el significado social del cripto con frecuencia se han comparado a la parábola del hombre ciego y el elefante. Es decir, una situación en la que un fenómeno complejo es descripto desde diferentes perspectivas limitadas.

Las interpretaciones más comunes pueden dividirse en dos categorías a las que a veces se las llama “dinero cripto” y “tecnología cripto”.

La primera se focaliza en el impacto de cripto sobre el dinero y las finanzas, y especialmente en su potencial de socavar el rol que los gobiernos nacionales y otras instituciones centralizadas han jugado tradicionalmente en esas áreas.

La segunda interpretación es aún más ambiciosa y se enfoca en el impacto del cripto sobre cualquier sistema o servicio digital que pueda beneficiarse de mayores garantías de ejecución de las transacciones, o de un modelo más descentralizado, seguro y centrado en el usuario de administrar información.

La visión presentada aquí incorpora tanto las perspectivas de “dinero cripto” y “tecnología cripto” y hace referencia al modelo de Pérez de dos etapas de cambio de paradigma tecnoeconómico para explicar cómo el cripto encaja en la Revolución ICT.

Más concretamente, al considerar cripto como un movimiento de reforma tecnopopulista, como innovación financiera, como proceso de innovación institucional y finalmente como parte de una tendencia más general hacia la automatización de las redes, enmarca la innovación del blockchain como típica de la fase de despliegue.

Dado que la Revolución ICT aún está en marcha, la interpretación es por definición una conjetura cuya precisión sólo podrá evaluarse una vez que ICT haya dado paso a la próxima revolución.

Cripto como Tecnopopulismo

Históricamente, el punto de inflexión de cada revolución tecnológica ha sido un tiempo de controversia y antagonismo entre diferentes visiones sobre el camino más apropiado hacia adelante. Las crisis financieras y económicas con frecuencia nos llevan a cuestionarnos el orden institucional existente y amplían las posibilidades para una reforma fundamental.

Los puntos de inflexión generan condiciones favorables para que movimientos políticos y sociales aprovechen la insatisfacción popular con el status quo.

Para entender la primera forma en que el cripto puede relacionarse con la estructura secuencial del modelo de Pérez, es importante reconocer los factores reactivos e ideológicos detrás de este movimiento.

Estos factores no son uniformes y vienen acompañados de otras motivaciones más prosaicas, principalmente entre aquellos que son movidos por la pura codicia financiera.

El discurso sobre la propuesta de valor central del cripto está muy influido por los jugadores dominantes de los mundos de las finanzas y las tecnologías digitales que se han beneficiado enormemente (y según algunos, desproporcionadamente) de la Revolución ICT, no sólo durante la expansión previa a la crisis financiera, sino también en la respuesta posterior a la crisis.

Por lo tanto, es lógico describir al cripto como un movimiento de reforma tecnopopulista impulsado parcialmente por la insatisfacción con el sistema financiero existente y por la excesiva concentración de datos, beneficios y poder en la economía digital.

Además de ser críticos de las instituciones existentes (muchas de las cuales están trabajando duro para conseguir una parte del nuevo pastel potencial creado por las tecnologías de blockchain) el cripto es la expresión de la creencia de que la innovación y el alineamiento de incentivos, si se canalizan adecuadamente, pueden proveer los fundamentos de una economía más tecnológicamente avanzada, próspera e inclusiva.

Sin embargo, sería erróneo concluir que el cripto es por tanto un movimiento profundamente progresista. En su lugar, como es frecuentemente el caso con los grupos que comparten un enemigo pero que son demasiado nuevos y diversos como para tener una visión unificada de cómo debería funcionar en la práctica un sistema alternativo, cripto tiene dentro de sí una amplia gama de ideologías políticas.

Con el tiempo, algunas facciones ideológicas pueden emerger como dominantes mientras que otras se vuelven marginales, afectando las formas en que los sistemas políticos existentes se involucran con el cripto como un todo, y más importante, con las redes de blockchain individuales y sus respectivas comunidades que difieren considerablemente en sus posiciones políticas y su gobernanza.

La emergencia de cripto como un movimiento social y político requirió la maduración de una serie de tecnologías de soporte, el crecimiento de las Big Tech, y las condiciones favorables de un punto de inflexión disparado por la crisis financiera.

Al final, al igual que otros movimientos de reforma poscrisis, su desafío primario es erigir una alternativa sostenible a las estructuras que busca reemplazar (o al menos mejorarlas de manera significativa) sin acabar siendo cooptado por los poderes existentes o reproduciendo otras fallas institucionales.

Mientras que algunos sectores tienen su mira de largo plazo en la economía digital y creativa, hasta el momento, fue en los campos del dinero y las finanzas que el potencial transformador del cripto atrajo mayor interés y actividad.

Cripto como Innovación Financiera

Desde una perspectiva estrictamente financiera, el cripto parece (al menos superficialmente) contradecir la visión idealizada de Pérez de una fase de despliegue en la que formas altamente especulativas de finanzas van disminuyendo en relación con aquellas otras fuerzas más estrechamente ligadas con la producción de bienes reales y de servicios no financieros.

Sin embargo, hay al menos dos razones por las que utilizar este marco es demasiado limitado para analizar el cripto y el contexto en el que ha emergido.

La primera se enfoca en la relación entre el capital financiero y de producción, y más generalmente en la adopción y los efectos económicos reales de ICT desde el comienzo de los 2000. La segunda enmarca a la innovación cripto financiera como una fuerza enteramente consistente (e incluso anticipada) con la teoría de Pérez.

Primero, es cierto que la respuesta que siguió al derrumbe puntocom y a la gran crisis financiera hizo poco para reducir la financialización. Por el contrario, en muchos países centrales, el tamaño del sector financiero y la importancia de los instrumentos financieros en facilitar procesos económicos (incluyendo las actividades de negocios no financieros) no ha decrecido.

En términos relativos, el capital financiero no ha dejado su lugar al capital productivo, y la línea de separación entre ambos se ha vuelto generalmente más borrosa. [13]

Esto ha sido facilitado en parte por el impacto de las políticas monetarias laxas sobre el sector financiero, en parte por la debilidad de las reformas poscrisis en desalentar la financialización, y en parte por las tecnologías digitales (incluyendo cripto) que han ampliado el acceso al conocimiento financiero, herramientas y mercados, tanto para agentes de retail como para los institucionales.

Además, la Revolución ICT coincidió con la expansión de fondos de capital de riesgo y el crowdfunding que subsidiaron una continua experimentación en las áreas del fintech tradicional y el cripto, especialmente después de la crisis financiera. [14]

Sin embargo, el tamaño relativo de la industria financiera debería estudiarse dentro del contexto más amplio del impacto de ICT sobre la sociedad. En términos absolutos, el rol del capitalproductivo en el despliegue de infraestructura digital, productos y servicios no financieros a lo largo de las últimas dos décadas (una característica central de la fase de despliegue) ha sido impresionante.

Además de las Big Tech, que ahora incluyen a algunas de las empresas más grandes del mundo, hay muchas otras firmas establecidas que han puesto información y servicios digitales en manos de decenas de millones de organizaciones y de miles de millones de personas — ciertamente en las economías avanzadas, pero también en regiones menos desarrolladas. [15]

En síntesis, lo digital e intangible en nuestra vida de todos los días, nuestro trabajo y nuestro consumo se han vuelto aspectos importantes de la economía real, incluso si esto no siempre ha sido adecuadamente capturado por las métricas de la economía tradicional.

Segundo, aunque algunos de los casos de uso de cripto se extienden a la administración de información, es en los campos del dinero (criptomonedas) y los servicios financieros (finanzas descentralizadas) [16] que el blockchain ha tenido un mayor impacto hasta la fecha, lo que ilustra la naturaleza cambiante de la innovación financiera en las diferentes etapas de una revolución tecnológica.

De acuerdo con Pérez [17], la etapa de instalación tiende a coincidir con condiciones más favorables para innovación real financiera (es decir, fundamentalmente nuevos productos), y es ampliamente aceptado que el período desde comienzos de la década de 1970 hasta la crisis financiera (la fase de instalación de la Revolución ICT) fue en efecto financieramente innovador. [18]

Sin embargo, sería incorrecto concluir que el cripto, como una innovación poscrisis financiera, es incompatible con el modelo de Pérez. Aquí hay algunos ejemplos de cómo Pérez describe la naturaleza típica de la innovación financiera y la reforma que ocurre después del punto de inflexión:

“Aunque es más probable que se originen en gobiernos o instituciones internacionales, algunas de las nuevas reglas en el área de las finanzas son autoimpuestas, precisamente para evitar la necesidad de supervisión del gobierno. Típicamente involucran un nuevo marco de prácticas monetarias y bancarias. Junto a ellas, se establecen reglas de juego para condicionar a los negocios (y las relaciones laborales), así como innovaciones regulatorias a nivel internacional. Pero cada una de estas regulaciones es única porque necesita encajar con las características específicas del nuevo paradigma (…) Diferentes elementos de legislación contable y de compliance se ponen en marcha para evitar los abusos de la fase previa de manía”. [19]”Para ayudar a que llegue la nueva prosperidad (del despliegue), son necesarias innovaciones en dinero, y prácticas bancarias y financieras. Como con todas las innovaciones, la fecha de introducción es menos relevante que el momento de intensa difusión. Ya en el período de instalación de cada oleada surgen múltiples innovaciones en el terreno de las finanzas. Algunas son temporarias o dudosamente legítimas y están destinadas a desaparecer o a volverse marginales. Otras, especialmente aquellas conectadas con acomodar los procesos de inversión, producción, comercio y consumo de las nuevas tecnologías seguramente se van a generalizar y expandir. La propagación del paradigma a cada vez más ramas de la economía durante el período de despliegue es probable que requiera de esos instrumentos, en conjunto con otros adaptados a las prácticas de negocios emergentes (por ejemplo, fondos de capital de riesgo orientados a la tecnología y crowdfunding), donde ambos han sido esenciales para el crecimiento de la economía digital, incluyendo cripto. Estos pueden incluir innovaciones en tipos de dinero, servicios bancarios y formas de crédito y finanzas que crean las condiciones facilitadoras para una adopción plena del nuevo paradigma a lo largo de toda la economía en cada país y en el mundo. Esto debería estar estrechamente relacionado con las medidas de políticas públicas (nacionales e internacionales) que establezcan las reglas del juego, y por el marco institucional de la banca y las finanzas (…) Es claro que la efervescente economía del conocimiento (creada por la Revolución ICT) va a requerir un muy amplio rango de instrumentos e incluso revertir algunas “verdades eternas” sobre la naturaleza tangible de los activos (que es exactamente el desafío que plantea cripto)” [20]

Estos fragmentos se prestan a dos interpretaciones divergentes sobre el registro empírico de los últimos 20 años en lo que hace a la aplicación de ICT a las finanzas, lo que ha permitido tanto el desarrollo del fintech convencional como el cripto.

Por un lado, el cripto es exactamente lo opuesto de los gobiernos o de las reformas financieras desarrolladas por los gobiernos. Tampoco puede considerarse un intento de autorregulación por parte de las instituciones financieras tradicionales.

Aunque se están volviendo más populares en algunos sectores sociales tanto de países avanzados como emergentes, los servicios financieros de cripto aún están lejos de la adopción por parte del mainstream, y su impacto en los negocios y el trabajo (más allá de algunos mercados de nicho) aún está por verse.

Una posible conclusión es que, aunque las tecnologías digitales en su conjunto han sido instrumentales para la modernización y la globalización de las finanzas en las últimas décadas, esto aún no ha conducido a una reforma más profunda del sistema financiero, ya sea a través de los gobiernos o de la autorregulación (y ciertamente no a través del cripto).

Por otro lado, el cripto con frecuencia es caracterizado justamente como “un nuevo marco de prácticas bancarias y monetarias” que se basa en las capacidades tecnológicas y organizacionales únicas creadas por la Revolución ICT.

Las revoluciones financieras usualmente son disparadas por dos tipos de avances: legales-transaccionales (contratos financieros) y tecnológicos-informacionales (infraestructura de comunicaciones).

El cripto incluye a ambos: protocolos criptográficos (incluyendo a los smart contracts) en el primer caso y redes de blockchain combinadas con una infraestructura ICT avanzada en el segundo.

Los valores centrales y los principios organizacionales del cripto son libres y de código abierto (FOSS) [21]. Descentralización, resistencia a la censura, acceso sin permiso y un nivel de transparencia que es suficiente para que cualquiera con cierta capacidad técnica pueda auditar y verificar información.

Por lo tanto, una conclusión alternativa a la expresada más arriba sería que el cripto es la forma más ICT nativa de servicios financieros que existe actualmente y, como tal, crea el potencial para un alineamiento fundamental del sistema financiero global con el paradigma ICT.

Es verdad que los servicios cripto financieros todavía son marginales para los estándares de las finanzas convencionales. Sin embargo, el cripto es tanto digital como global desde el nacimiento, y por lo tanto es difícil de regular y restringir a través de los marcos nacionales tradicionales.

Esto da al cripto un potencial considerable para el crecimiento orgánico, siempre y cuando se resuelvan algunos obstáculos clave para su adopción masiva. Estos incluyen escalabilidad con trade-offs mínimos en términos de seguridad, descentralización y privacidad; mejorar una experiencia de usuario poco familiar; reducir el riesgo aún relativamente elevado de pérdida financiera debido a fraudes, hackeos o fallas de software [22] (por oposición al riesgo financiero o de mercado que sigue una lógica similar a la de otros sectores de la economía); y asegurar un nivel más elevado de estabilidad sistémica [23].

En los cuatro casos, así como otras limitaciones del cripto en relación con las finanzas tradicionales, el rol de un discurso visionario para atraer talento emprendedor y técnico, inversión financiera, y un flujo estable de nuevos usuarios, seguirán siendo clave para el éxito de largo plazo. [24]

El hecho de que el cripto sea difícil de regular a través de medidas tradicionales no significa que la regulación no vaya a ser central en definir su futuro. Los siguiente aspectos de la dinámica entre regulación y cripto son particularmente importantes:

  • La acción regulatoria tradicional, que puede tanto alentar como obstruir el crecimiento del cripto, seguramente seguirá apuntando a los proveedores de servicios centralizados como custodios y exchanges, pero también a compañías involucradas en desarrollo de software o que comercializan cierto tipo de protocolos o servicios.
  • El cripto como una función que obliga a instituciones financieras y regulatorias tradicionales a explorar nuevas tecnologías y modelos organizacionales. Algunos buenos ejemplos son el creciente interés de los bancos centrales por las monedas digitales (CBDCs) [25] y los intentos por integrar cripto con finanzas tradicionales y procesos económicos reales.
  • El cripto como una expresión de que “el código es ley” — la idea de que el software puede reemplazar códigos legales tradicionales, no sólo proveyendo la base para la ley como texto legal, sino cada vez más en términos de administración y ejecución determinando los tipos de acciones posibles en un mundo saturado por tecnologías digitales. Detrás de la postura aparentemente anti-regulatoria del cripto, también hay una visión de un mundo altamente regulado por protocolos de software — los equivalentes digitales a las reglas de procedimiento burocrático. [26]

Una crítica común al cripto es que entrega pocos productos financieros realmente innovadores, y que sólo recrea en el blockchain, todo lo que ya existe en las finanzas tradicionales. En gran medida, esto es cierto.

Sin embargo, además de todo el software nuevo utilizado, la innovación central del cripto no es de producto sino de proceso e instituciones en relación con el desarrollo, la descentralización, el acceso abierto, la composabilidad, la programabilidad, la automatización y la gobernanza distribuida.

Todos estos conceptos pueden verse como paradigmáticos a la Revolución ICT que ayuda a habilitar “maneras intensivas de conocimiento de producir y de vivir” como fue anticipado por Pérez hace 20 años.

Entonces, para comprender completamente el significado social del cripto, es importante reconocer su impacto potencial más allá del dinero y las finanzas, en organizaciones digitales y la coordinación social y económica nativa de Internet de manera más amplia.

El Cripto Como una Innovación en Procesos e Instituciones

La difusión de una revolución tecnológica es un proceso de múltiples décadas que involucra a diversas tecnologías revolucionarias alrededor de las cuales se van expandiendo clusters de actividad innovadora.

Hay algunas tecnologías centrales multipropósito que se van mejorando de manera iterativa a lo largo de la revolución (las computadoras digitales, en el caso de la Revolución ICT), pero también una amplia gama de tecnologías que sólo emergen después de que las tecnologías centrales han alcanzado una madurez suficiente (Internet pública, computación en la nube, smartphones, etc.).

A medida que la revolución avanza, más tecnologías se van volviendo commodities: los costos se reducen considerablemente y cada vez más sectores de la población aprenden a confiar en las nuevas capacidades habilitadas por la innovación tecnológica. Con el tiempo, empiezan a percibirlas como la única forma “normal” de vivir, trabajar y organizarse.

En el caso de la Revolución ICT, lo “normal” es digital. [27]

Sin embargo, la naturaleza exacta de lo digital ha cambiado considerablemente a lo largo del tiempo en una dinámica compleja y coevolutiva entre la tecnología, el comportamiento de los consumidores, y las actividades de los inversores, las empresas privadas y las instituciones públicas.

Esta evolución está en curso actualmente con el cripto como uno de sus componentes principales, dando luz a un cluster completamente nuevo de experimentación que gira en torno a información digital en registros distribuidos.

Aunque inicialmente se concentró en dinero bajo la forma de criptomonedas descentralizadas, esta experimentación rápidamente se expandió en reimaginar cómo son construidos, desplegados, gobernados y consumidos otros tipos de infraestructura y de servicios digitales.

El cripto como una innovación en procesos se enfoca mayormente en la administración de información (incluyendo formato, almacenamiento y transacciones) y en la gobernanza (incluyendo desarrollo de software y organizacional). [28]

En sus visiones más ambiciosas del futuro, utilizando el poder de la tecnología para hacer estos procesos más transparentes, descentralizados y autónomos, el cripto aspira a complementar y, en algunos casos, disrumpir las instituciones existentes de dinero, leyes y las plataformas digitales.

El cripto puede por lo tanto ser considerado como un ejemplo de (para utilizar la terminología de Pérez [29]) la fase de despliegue de la Revolución ICT, que incluye la emergencia de formas digitales nativas de organización y un mayor alineamiento tanto de las instituciones existentes como de las nuevas dentro del paradigma ICT. Más específicamente:

  • La naturaleza abierta y sin permiso de las blockchains públicas hace que puedan considerarse como infraestructura pública o servicios públicos. Sin embargo, mientras que la mayor parte de la infraestructura pública se encuentra desplegada en algún lugar específico y es controlada de manera directa o indirecta por instituciones públicas (gobiernos), el cripto es una infraestructura digital que es intrínsecamente global (cuya analogía más cercana es internet) y controlada (de manera descentralizada) por el sector privado. Esto no significa que redes o servicios individuales no puedan tener un impacto relativamente mayor en ciertas regiones, o que los pesos y contrapesos democráticos sean fundamentalmente incompatibles con el cripto. Pero, en principio, el cripto tiene un alcance global desde el comienzo (sólo dependiente del acceso a Internet) y fue explícitamente diseñado para ser resistente al control centralizado, tanto de gobiernos como de cualquier otro grupo u organización. [30]
  • De manera similar al impacto del cripto sobre las finanzas, su entrada en otros campos institucionales presenta un desafío competitivo directo a instituciones existentes, y es probable que active cambios dentro de éstas. Desde el punto de vista de las instituciones tradicionales, esto está contenido en la pregunta: “¿Cuál es nuestra estrategia cripto?”.
  • El cripto crea un ambiente muy abierto y dinámico para correr experimentos de gobernanza digital, no sólo en términos de gobernar redes y protocolos de blockchain (que pueden conceptualizarse como instituciones digitales), sino también en términos de usar esas redes y protocolos como herramientas de gobernanza en otros contextos (contribuir a la transformación digital de las instituciones tradicionales). [31]
  • El cripto habilita nuevas formas de coordinación online y construcción de comunidades, incluyendo organizaciones autónomas descentralizadas (DAOs), que no eran posibles antes de la invención de las redes públicas de blockchain. Esas comunidades y organizaciones son intrínsecas al sistema económico que se está formando alrededor de activos, contratos y relaciones gestionadas a través de blockchains. [32] Con el tiempo, esta economía emergente puede desplazar (o integrarse con) partes más organizadas de la economía digital.

Junto con las blockchains y los protocolos de software libre, las DAOs son esenciales al cripto como innovación institucional.

Las DAOs pueden definirse como organizaciones que combinan automatización (a través de redes de computadoras distribuidas) [33] con incentivos criptoeconómicos (a través de criptoactivos almacenados en registros distribuidos) y colaboración humana (principalmente online, utilizando herramientas de coordinación nativas de cripto y otras de la web tradicional). [34]

Como organizaciones digitales, la mayoría de las DAOs no están atadas a una localización específica, y tienen una política de puertas abiertas en cuanto a su membresía: cualquiera puede unirse, contribuir, y ganarse un derecho a obtener parte de los derechos y recursos que la DAO distribuye.

Idealmente, una DAO está organizada de tal forma que ningún individuo tiene un control total sobre sus activos y gobernanza, mientras que colectivamente los participantes pueden tomar decisiones para dirigir su desarrollo en la dirección deseada.

Puesto de manera diferente, las DAOs aspiran a ser autónomas en el doble sentido de ofrecer un elevado nivel de garantías para el rastreo de la información y de ejecución de las transacciones (son autónomas en el sentido de automatizadas y resistentes a la censura y la manipulación), y un alto grado de autodeterminación organizacional (son autónomas en el sentido de soberanas, usualmente con cierta forma de votación online). [35]

Las ideas sobre el estatus legal apropiado [36], la arquitectura y la gobernanza de las DAOs están evolucionando rápidamente y es aún demasiado pronto para evaluar de manera sistemática los beneficios y los defectos de largo plazo de ciertos diseños particulares de DAOs sobre otros.

Aunque las DAOs difieren en su propósito y actividades [37], lo que naturalmente resulta en diferentes desafíos enfrentados por DAOs individuales, los desafíos universales más urgentes pueden resumirse en la siguiente pregunta: ¿cómo pueden las DAOs desarrollar ciertas funciones organizacionales clave (ej. movilizar y asignar recursos, contratar colaboradores, distribuir tareas y autoridad de decisión [38], resolver conflictos entre miembros, asegurar el cumplimiento de obligaciones impositivas y de compliance, etc.) mientras que se mantienen fieles a los principios básicos del cripto?

Para responder a este desafío, actualmente se están desarrollando infraestructura técnica y estándares adaptados específicamente a las necesidades de las DAOs. [39] Mientras tanto, la gobernanza de las DAOs se está volviendo cada vez más profesionalizada. Están empezando a emerger mejores prácticas, y las DAOs de mayor impacto están empezando a atraer la atención de los reguladores. [40]

Sería sociológicamente ingenuo creer que las redes de blockchain y las DAOs son inmunes a las fallas típicas de las instituciones tradicionales. [41] Sin embargo, también sería miope ignorar la genuina innovación que nos traen las blockchains en combinación con infraestructura ICT avanzada: la habilidad de coordinar y comerciar a escala global confianza en redes descentralizadas en lugar de instituciones tradicionales.

Esto representa no sólo un cambio importante en el contexto de la Revolución ICT sino también más amplio en la evolución de la tecnología hacia un sistema planetario de automatización en red.

Cripto como Automatización

El progreso tecnológico tiende hacia grados cada vez más elevados de automatización. Esta tendencia ha sido evidente desde la revolución industrial y ha sido amplificada por la Revolución ICT.

La combinación de computadoras, sensores, redes de comunicación y robótica avanzada va permitiendo el desarrollo de sistemas ciberfísicos cada vez más sofisticados donde una elevada cantidad de procesos pueden realizarse a escala con una necesidad mínima de participación humana.

Aunque esto suele observarse con mayor frecuencia en la agricultura, las manufacturas, el transporte y los servicios públicos (la industria 4.0), el impacto del ICT en la automatización va mucho más allá.

Un componente clave de la automatización digital es la administración de stocks y flujos de información: desde unos pocos archivos en un dispositivo personal hasta el procesamiento de petabytes de datos por plataformas digitales globales.

La administración de información de acuerdo a un conjunto de reglas predefinidas (un “protocolo”) es una de las características clave de la burocracia — un tipo de organización fundamental de la modernidad [42] y que está fundamentalmente alineada y potenciada por la ICT.

La esencia de este empoderamiento es el reducido rol que los humanos desempeñan en una cantidad creciente de operaciones burocráticas: los gabinetes de archivos de papel son reemplazados por los archivos digitales, el procesamiento manual de transacciones es reemplazado por la computación automatizada, los burócratas humanos (los intermediarios proverbiales) son reemplazados por redes distribuidas (y cada vez más globales) de máquinas intermediarias.

El cripto puede considerarse como la continuación de la digitalización administrativa y de la automatización disparada por la Revolución ICT.

Sin embargo, por una combinación entre automatización y descentralización con resistencia a la censura, el cripto da un paso hacia una institución burocrática “más perfecta”, una burocracia que es más difícil corromper y que ejecuta de manera precisa e incansable aquello para lo que ha sido programada.

Mientras que los protocolos de cripto y las redes aún están sujetas al control humano, también se parecen a un automaton — una máquina expendedora global siempre en funcionamiento que cualquiera puede usar y añadir productos y servicios. A medida que diferentes partes de este automaton se integra con el resto de ICT, el sistema en su conjunto puede utilizarse como infraestructura administrativa para instituciones y gobernanza auténticamente globales.

Como resultado, el cripto siempre inevitablemente será objeto de controversias políticas. [43]

Conclusión

La descripción del cripto presentada arriba, inspirada por la teoría neoschumpeteriana de los cambios de paradigma tecnoeconómicos puede resumirse en seis proposiciones centrales:

  • El cripto no es una revolución tecnológica en sí misma. Es un cluster adicional de actividad de innovación habilitada por el ICT (criptografía, computadoras, software, redes distribuidas, etc.) y, como tal, sólo puede categorizarse como parte de la Revolución ICT.
  • El cripto es, en parte, un movimiento reactivo de reforma tecnopopulista. Por su actitud crítica hacia las instituciones tradicionales y a las relaciones de poder heredadas de la primera etapa de la Revolución ICT, el cripto es típico de la primera fase de la etapa de despliegue.
  • Al permitir formas más nativas de ICT en el campo de las finanzas (digitales, globales, programables), el cripto presenta un desafío competitivo a las instituciones financieras tradicionales, acelera su transformación digital, y conduce hacia una reforma financiera y regulatoria adaptada específicamente a la era de la información.
  • El cripto es primariamente una innovación en procesos e instituciones. Al combinar las capacidades existentes de ICT con innovaciones en mecanismos de consenso y coordinación descentralizados, el cripto habilita formas nativas de ICT de organización que van más allá del dinero y las finanzas.
  • El cripto representa la continuación de la digitalización administrativa y la automatización disparadas por la revolución ICT. Al habilitar formas de automatización más descentralizadas y resistentes a la censura, el cripto abre nuevos prospectos para la gobernanza global y, como tal, puede verse como un tema central en la emergente economía (geo)política de la automatización.

A medida que la Revolución ICT madura, se van revelando sus legados más duraderos. Aún está por verse si el cripto acabará siendo un curioso espectáculo secundario, un complemento importante para las plataformas digitales centralizadas o una ruptura más amplia con las instituciones existentes.

Pero más allá de cuál sea el rol final del cripto, la estructura social del futuro será más mediada digitalmente, más globalmente integrada y más automáticamente reproducida. Como resultado, el desafío de gobernar la sociedad tendrá cada vez más puntos de superposición con el desafío de cómo gobernar un sistema de tecnología digital que vivirá más allá de sus creadores y sus objetivos, y que creará oportunidades y desafíos para las próximas generaciones.

Notas

[1] Perez, C. (2003). Technological Revolutions and Financial Capital: The Dynamics of Bubbles and Golden Ages. Edward Elgar Publishing. Para una discusión más reciente sobre la periodización de las revoluciones tecnológicas, ver Perez, C. (2017–2018). ‘Second Machine Age or Fifth Technological Revolution?’ Beyond the Technological Revolution (especialmente las partes 1–3, disponibles aquí, aquí, y aquí).

[2] Perez, C. (2003). Technological Revolutions and Financial Capital… (pp. 151–157, 165).

[3] Es posible desarrollar una interpretación más radical del estado actual de la revolución digital, incluyendo la emergencia del cripto, estableciendo comparaciones con la era preindustrial del Renacimiento. See Galbraith, D. (2019). ‘New Types of Organization and the Myth of the Return of the City State’. Medium (disponible aquí); y Rosenthal, J. (2021). ‘The Crypto Renaissance’. Bankless Podcast (available here).

[4] Perez, C. (2003). Technological Revolutions and Financial Capital… (pp. 14–19, 143).

[5] Sobre la visión de Pérez de lo que el despliegue podría significar en el contexto de la Revolución ICT, ver Perez, C. (2018). ‘Second Machine Age or Fifth Technological Revolution? (Part 9)’. Beyond the Technological Revolution (disponible aquí).

[6] Sólo en el muy largo plazo, los cambios sociales pueden describirse de tal forma que coinciden con la experiencia personas posicionadas en geografías o estratos socioeconómicos radicalmente diferentes. Incluso hoy, a pesar de tener niveles inéditos de adopción tecnológica, hay una considerable variación en cómo la gente experimenta no sólo la Revolución ICT sino también formas anteriores de tecnología.

[7] Adaptado de Perez, C. (2003). Technological Revolutions and Financial Capital… (especialmente p. 14); y Perez, C. (2020). ‘Technological Revolutions and the Shape of Tomorrow. Why the Future is Not Always the Continuation of the Recent Past’. Presentación en Baillie Gifford (disponible aquí).

[8] Perez, C. (2003). Technological Revolutions and Financial Capital… (pp. 168–171). En 2009 (ver [29]), Perez identificó la ‘doble burbuja’ de las acciones tecnológicas en los 1990s y comienzos de los 2000s, y del real estate en los 2000s, como la etapa intermedia de la Revolución ICT.

[9] Andreessen, M. (2011). ‘Software is Eating the World’. The Wall Street Journal (disponible aquí).

[10] Perez, C. (2003). Technological Revolutions and Financial Capital… (pp. 23–26).

[11] Muchos autores han asociado la financialización con el ascenso del neoliberalismo que comenzó en los 1970s y que coincidió con el auge del ICT. Ver Epstein, G. A. (2005). Financialization and the World Economy. Edward Elgar Publishing. Para una colección más reciente de artículos sobre financialización, ver Kornrich, S. & Hicks, A. (2015). Edición especial: The Rise of Finance: Causes and Consequences of Financialization. Socio-Economic Review, Vol. 13, №3.

[12] La Renta Básica Universal (UBI) y el Trabajo Garantizado (JG) son quizá los mejores ejemplos de ideas de política socioeconómicas que, si fuesen implementadas a escala durante la segunda mitad de la Revolución ICT, serían consideradas tan radicales como el establecimiento del primer estado de bienestar en la Alemania Imperial en los 1880s, o la expansión de los sistemas de seguridad social en Occidente después de la Segunda Guerra Mundial.

[13] Para una revisión crítica de los efectos sociales y económicos de la financialización en Estados Unidos, incluyendo la financialización de firmas no financieras, ver: Donner, L. (2021). ‘The Dignity of Work. Testimony Before the Committee on Banking, Housing, and Urban Affairs of the United States Senate’. Americans for Financial Reform (disponible aquí). Para una revisión similar en el contexto de Europa, ver: Battiston, S., Guerini, M., Napoletano, M. & Stolbova, V. (2018). ‘Financialization in EU and the Effects on Growth, Inequality and Financial Stability’. ISI Growth (disponible aquí).

[14] De acuerdo con Deloitte, el capital total invertido globalmente en empresas de fintech aumentó más de 50 veces desde 1.200 millones en 2008 a $69 mil millones en 2019, aunque la cantidad de nuevas empresas de fintech llegó a un máximo en 2014 y la industria empezó a mostrar señales de consolidación en años más recientes. Mientras tanto, de acuerdo con Pitchbook, el total de capital de riesgo invertido en cripto alcanzó un máximo histórico sólo a mediados de 2021 con $17 mil millones, más del doble de los $7.400 millones de 2017. Ver: Eckenrode, J. (2020). ‘Fintech Investors: Enthusiastic Yet Strategically Picking Their Spots’. Deloitte (disponible aquí); y Kochkodin, B. (2021). ‘Venture Capital Makes a Record $17 Billion Bet on Crypto World’. Bloomberg (disponible aquí).

[15] De acuerdo con Our World in Data, más de 70% de la población utiliza Internet en las economías más desarrolladas, con un puñado de países (ej. Canadá, Japón, Noruega) que tienen una tasa de penetración superior al 90%. Sin embargo, aún quedan muchos países, especialmente en África y Asia, donde la gran mayoría de la población no tiene acceso a Internet. La adopción está más parejamente distribuida en los dispositivos móviles. Ver: Roser, M., Ritchie, H. & Ortiz-Ospina, E. (2021). ‘Internet’. Our World in Data (disponible aquí); y Roser, M. & Ritchie, H. (2021). ‘Technology Adoption’. Our World in Data (disponible aquí).

[16] Para una introducción general al blockchain y a las finanzas basadas en smart contracts (finanzas descentralizadas o DeFi), ver: Schär, F. (2021). ‘Decentralized Finance: On Blockchain- and Smart Contract-Based Financial Markets’. Federal Reserve Bank of St. Louis (disponible aquí). Para una lista de protocolos y aplicaciones de DeFi, ver: DeFi Pulse.

[17] Perez, C. (2003). Technological Revolutions and Financial Capital… (pp. 138–143).

[18] Para un panorama de la investigación empírica sobre innovación financiera, ver: Frame, W. S. & White, L. J. (2004). ‘Empirical Studies of Financial Innovation: Lots of Talk, Little Action?’ Journal of Economic Literature, Vol. 42, №1, pp. 116–144.

[19] Perez, C. (2003). Technological Revolutions and Financial Capital… (pp. 128–129).

[20] Perez, C. (2003). Technological Revolutions and Financial Capital… (pp. 131–132).

[21] Para un panorama de cómo la gobernanza del software libre está relacionada con las redes de blockchain, ver: Laul, M. (2020). ‘FOSS Governance and Blockchain Networks’. Medium (available here).

[22] En términos de ciberseguridad en cripto, es importante distinguir entre la seguridad de los datos en una blockchain y la seguridad del software basado en blockchain o de proveedores de servicios centralizados (ej. exchanges) que custodian los fondos de los usuarios. Los incidentes de seguridad y los fraudes asociados con estos últimos no tiene nada que ver con la seguridad del primero.

[24] Los economistas de la innovación distinguen entre el elemento “real” y el elemento “simbólico” de tecnologías individuales y paradigmas tecnológicos. Lo “real” es lo que existe como la base de un futuro progreso (ej. prototipos y procesos organizacionales); lo “simbólico” es un conjunto de heurísticas sobre posibles direcciones de futuras investigaciones y desarrollos. Una distinción similar puede realizarse en el contexto de comunicar el potencial de innovación en el mercado. En las fases tempranas de un nuevo producto o paradigma, las narrativas visionarias sobre el futuro son producidas por inventores, emprendedores, científicos, periodistas, inversores y escritores que, al crear una imagen convincente de lo que se viene, atraen interés e inversión adicional. Aunque estas visiones son con frecuencia puramente aspiracionales, sus efectos pueden convertirse fácilmente en profecías autocumplidas. La misma dinámica está en juego en cripto. Ver: Deutschmann, C. (2019). Disembedded Markets: Economic Theology and Global Capitalism (pp. 108–109). Routledge.

[25] Para una introducción general a la digitalización del dinero, ver Brunnermeier, M. & James, H. (2019). ‘The Digitalization of Money’. Princeton University (disponible aquí). Para más información sobre CBDCs, ver BIS. (2020). ‘Central Bank Digital Currencies: Foundational Principles and Core Features’. Bank of International Settlements (disponible aquí). Para una discusión de los CBDCs en relación con los sistemas de pagos internacionales, ver: BIS. (2021). ‘Central Bank Digital Currencies for Cross-Border Payments’. Bank of International Settlements (disponible aquí). Para una discusión de los CBDCs en el contexto de Europa, y la geopolítica del dinero digital, ver IEF. (2021). ‘Establishing a Digital Euro: How to Ensure Financial Sovereignty in the Digital Realm’. Internet Economy Foundation (disponible aquí).

[26] La idea de que “el código es ley” está estrechamente vinculada con la administración burocrática, los sistemas de software como estructuras sociales semiautónomas, y el concepto de supervisión incorporada. Ver Laul, M. (2019). ‘Blockchain Networks Are Bureaucracies Par Excellence’. Medium (disponible aquí); Laul, M. (2020). ‘On Autonomous Software’. Medium (disponible aquí); y Auer, R. (2019). ‘Embedded Supervision: How to Build Regulation Into Blockchain Finance’. Bank of International Settlements (disponible aquí). Gavin Wood (ver aquí) recientemente propuso el término “autonomación”, definido como “el uso de incentivos criptoeconómicos para crear un servicio digital o estructura capaz de sostenerse a sí misma sin la necesidad de una intervención explícita ni el permiso de un humano o una organización de humanos”. El mismo término fue previamente utilizado en el contexto del sistema de producción de Toyota donde se refiere a la “automatización con un toque humano” — un proceso de control de calidad donde las máquinas se detienen automáticamente cuando encuentran una situación anormal, a lo que sigue la intervenición correctiva de un trabajador humano (ver aquí). El rol apropiado de la regulación y la intervención humana en cripto es un área de debate activo y una pregunta clave en la emergente economía política de la automatización (ver también [43]).

[27] En las economías desarrolladas, la normalización de estilos de vida y hábitos de trabajo más nativos digitales fue acelerado por la pandemia de COVID-19 en la que kas cuarentenas obligaron a muchas empresas e individuos a operar remotamente. Pero aunque algunas tecnologías digitales (ej. los smartphones e Internet) han ganado una significativa adopción global, en 2021, lo digital todavía está lejos de ser la norma en amplios segmentos de la población, especialmente en regiones menos desarrolladas (ver [15]). Aquí es importante recordar la geografía de las revoluciones tecnológicas y la distinción entre los países centrales y periféricos. Podría tomar significativamente más que 50–60 años para que un nuevo paradigma tecnoeconómico alcance esto último a escala y, en algunos casos, los países periféricos podrían beneficiarse de saltearse ciertas tecnologías y avanzar directamente hacia la siguiente oleada de innovación (lo que se conoce como “leapfrogging”).

[28] La gobernanza puede definirse como el proceso de aplicar cualquier mecanismo de control que mantenga y oriente a un sistema. Sobre gobernanza de cripto, ver: Laul, M. (2020). ‘Ten Theses on Decentralized Network Governance’. Medium (disponible aquí); y Schneider, N. (2021). ‘Cryptoeconomics as a Constraint on Governance’. OSF (disponible aquí). Schneider es crítico de los incentivos económicos y de la financialización como mecanismos de gobernanza (a la que asocia con el neoliberalismo), y destaca el rol de la política democrática como un mecanismo de contrapeso(ver también [30]). Para un comentario de Vitalik sobre el artículo de Schneider, ver Buterin, V. (2021). ‘On Nathan Schneider On the Limits of Cryptoeconomics’. Vitalik Buterin’s Personal Blog (disponible aquí).

[29] Cada revolución tecnológica tiene diferentes características únicas, lo que significa que sólo es posible desarrollar un modelo de muy alto nivel de generalización que aplique a todos los casos históricos. A comienzos de los 2000s, cuando Pérez publicó [1], era por supuesto imposible realizar una descripción empírica de la segunda mitad de la Revolución ICT, y sólo era posible anticipar la naturaleza de la fase de despliegue a partir de comparaciones históricas. En 2009, Pérez estableció una distinción entre las grandes burbujas tecnológicas (Major Technology Bubbles, MTBs) que surgen como resultado de “una oportunidad de mercado”, y las burbujas de liquidez fácil (Easy Liquidity Bubble, ELBs) que son el resultado de una expansión del crédito. Según Pérez, la etapa intermedia de la Revolución ICT fue anunciada por la explosión de dos burbujas financieras. La burbuja de las acciones tecnológicas de los 1990s fue una MTB, pero su derrumbe eventual fue demasiado contenido como para disparar una respuesta de políticas públicas que favoreciera a la economía real sobre las finanzas. El boom de crédito de los 2000s fue una ELB, y la crisis de 2007–08 fue lo suficientemente profunda como para disparar una insatisfacción general con el sector financiero, abriendo las puertas para las reformas institucionales de la fase de despliegue. Ver: Perez, C. (2009). ‘The Double Bubble at the Turn of the Century: Technological Roots and Structural Implications’. Cambridge Journal of Economics, Vol. 33, №4, pp. 779–80 (disponible aquí). Entre 2001 y 2021, la economía digital atravesó una profunda reestructuración, que es algo que Pérez no reconoce en su artículo de 2009. Las compañías de tecnología digital (capital productivo) emergieron como algunas de las más poderosas organizaciones del mundo, aunque no a expensas del sector financiero, que es una de las características más importantes que distinguen a la era de la información respecto de revoluciones tecnológicas anteriores. Mientras tanto, las transformaciones sociales e institucionales disparadas por la Revolución ICT están altamente dispersas y es todavía demasiado pronto para juzgar cuáles de esas transformaciones serán considerada las de mayor impacto en retrospectiva. El uso del término “fase de despliegue” en este contexto, por lo tanto, debería entenderse en un sentido doble: primero, como se lo utiliza en descripciones de Pérez sobre las revoluciones tecnológicas anteriores, donde su significado está más establecido; y segundo, como el impacto de la ICT sobre la sociedad en las últimas par de décadas, en que su significado está aún abierto y en evolución.

[30] Un completo control democrático de las redes de blockchain por parte de instituciones gubernamentales es un oximoron, porque una de las propuestas de valor principales de las blockchains es la descentralización, lo que incluye independencia de la gobernanza centralizada. Sin embargo, las redes de blockchain no son completamente inmunes a los pesos y contrapesos democráticos. Por ejemplo, los gobiernos podrían establecer leyes o regulaciones que afecten directamente a la facilidad de operar y/o utilizar redes de blockchain, y los desarrolladores de software, administradores de red, y consumidores tienen la opción de coordinarse “democráticamente” de maneras que fortalezcan o debiliten una red particular. En la práctica, la mayoría de las redes de blockchain y las DAOs tienden a ser informalmente tecnocráticas por defect, lo que significa que las funciones más críticas son desarrolladas por expertos técnicos. Aunque existen fuertes objeciones ideológicas contra la implementación de mecanismos de gobierno más formales e inclusivos (que suelen verse como que abren las puertas a una captura política), las comunidades de muchas DAOs han implementado sistemas de votación formales (ej. para señalar apoyo a actualizaciones de software o asignar pools de recursos comunes) donde los votos son ponderados de acuerdo a la cantidad de monedas que cada votante controle. El sistema resultante se parece a una plutocracia. Hasta ahora, formas más democráticas de redes y de gobernanza de DAOs no han sido lo suficientemente exploradas y plantean algunas preguntas difíciles. ¿Quién o qué define a los miembros de la organización? ¿Existen soluciones de votación lo suficientemente seguras y que preservan la privacidad? ¿Qué decisiones deberían ser controladas por un voto popular? ¿Debería ser posible delegar votos? En caso de que así sea, ¿cómo deberían definirse los derechos y responsabilidades de los delegados (ver también [38])? Para los puristas de la descentralización y los proponentes de sistemas de decisiones con una mínima participación humana, estas preguntas son aberraciones, y nunca llegarán siquiera a plantearse en el contexto de ciertas redes de blockchain. Pero esto no significa que, en el largo plazo, pesos y contrapesos democráticos no vayan a tener un papel importante en muchas redes.

[31] A lo largo de la Revolución ICT, la gobernanza digital (“el uso de herramientas digitales para orientar y gestionar vidas personales, organizaciones, mercados y sociedades… [y] el control y gestión de sistemas de tecnología de la información”) ha empezado a superponerse cada vez más con la gobernanza de las sociedades en sentido más general. Para una taxonomía de alto nivel de gobernanza digital, ver Laul, M. (2021). ‘The Evolving Landscape of Digital Governance’. Medium (disponible aquí).

[33] Los smart contracts son programas de computadora que se ejecutan automáticamente bajo ciertas condiciones predefinidas. En el contexto del cripto, estos programas de computadora son almacenados y procesados en redes de blockchain.

[34] En algunos casos, especialmente en el terreno del desarrollo de aplicaciones de blockchain, la coordinación puede estar distribuida sólo en un sentido muy limitado (ej. a través de confiar en infraestructura externa descentralizada y por tercerizar las contribuciones en una fuerza de trabajo o comunidad geográficamente distribuida) con muchos mecanismos de gobierno críticos concentrados en manos de un pequeño grupo de trabajadores núcleo. Para reducir dicha concentración de poder, muchos equipos formalizaron planes para “descentralizar progresivamente” — un concepto popularizado por Jesse Walden. Ver: Walden, J. (2020). ‘Progressive Decentralization: A Playbook for Building Crypto Applications’. Andreessen Horowitz (disponible aquí). Pero más allá de dónde una red particular o DAO caiga en el espectro de descentralización, es innegable que el cripto abre nuevas posibilidades para vivir, trabajar, y organizarse online. Para una discusión de cripto y de arreglos de trabajo nativos digitales (autodirigidos, remotos, seudónimos), ver Hoffman, D. (2021). ‘The Future of Work’. Bankless (disponible aquí). Para una discusión de cómo la estructura y gobernanza de las DAOs se relacionada con formas anteriores de comunidades online, como asociaciones de gamers, ver Kreutler, K. (2021). ‘A Prehistory of DAOs’. Mirror (disponible aquí).

[36] Como ocurre frecuentemente en casos de innovación rápida, las DAOs actualmente existen en un “gris legal”. Es posible distinguir tres perspectivas sobre el estatus legal de las DAOs. La primera presenta a las DAOs como organizaciones puras del ciberespacio que son capaces de hacer crowdsourcing de contribuciones y entregar servicios por Internet sin tener que depender en los sistemas financieros y legales tradicionales. De acuerdo a esta visión, cualquier intento de crear un marco regulatorio para las DAOs socava su propósito fundamental de evitar las reglas e instituciones tradicionales. El segundo enfoque recomienda categorizar a las DAOs como asociaciones sin incorporar o cooperativas digitales, haciendo que sea posible usar categorías legales existentes como un punto de partida para regular a las DAOs. La tercera visión acepta que las DAOs son una forma radicalmente nueva de organización, pero recomienda crear una categoría separada dentro de los marcos legales existentes, abriendo las puertas para regular las DAOs a través de instituciones tradicionales pero seguramente de una manera tal que nunca se había hecho antes. El ejemplo más prominente del tercer enfoque es el Wyoming DAO bill (disponible aquí). Para una discusión de las DAOs como cooperativas, ver Walden, J. (2019). ‘Past, Present, Future: From Co-ops to Cryptonetworks’. Andreessen Horowitz (disponible aquí); y Walden, J. & Spelliscy, C. (2020). ‘Leadership in The Ownership Economy — Scaling Decision Making while Minimizing Securities Risk’. Variant Fund (disponible aquí). Para una visión general de las ventajas de las DAOs sobre formas tradicionales de organización y sus desafíos legales, ver Wright, A. (2021). ‘The Rise of Decentralized Autonomous Organizations: Opportunities and Challenges’. Stanford Journal of Blockchain Law & Policy (disponible aquí). Para una lista de las preguntas más urgentes que enfrentan las DAOs ver Spelliscy, C. (2021). ‘Scaling DAOs Won’t Be Easy: Five Major Challenges to Overcome’. The Defiant (disponible aquí). En septiembre 2021, la firma de capital de riesgo Andreessen Horowitz publicó una propuesta detallada al Comité de Bancos del Senado de Estados Unidos, sobre cómo regular el cripto, incluyendo las DAOs (ver aquí).

[38] An important recent development in DAO governance is the growing popularity of vote delegation, whereby token holders who don’t have the desire or resources to participate in the day-to-day governance of a DAO (which usually involves tracking and voting on governance proposals) can delegate their voting power to other individuals, groups, or organizations. See Amico, J. (2021). ‘Open Sourcing Our Token Delegate Program’. Andreessen Horowitz (available here).

[40] Profesionalización, imitación, estándares técnicos y presiones regulatorias son todos factores que conducen al isomorfismo institucional, es decir, a crecientes similitudes entre organizaciones independientes que trabajan dentro de un mismo campo. Ver Laul, M. (2021) ‘Isomorphism in DAO Governance’. Medium (disponible aquí).

[41] El historial social y económico del cripto aún no es lo suficientemente largo como para evaluar las dificultades y las causas posibles de falla asociadas con diferentes conjuntos de reglas o estructuras de gobierno, ni para determinar si el cripto sólo representa una mejora técnica o un cambio mucho más profundo sobre las instituciones tradicionales. Ver Atzori, M. (2017). ‘Blockchain Technology and Decentralized Governance: Is the State Still Necessary?’ Journal of Governance and Regulation, Vol. 6, №1, pp. 45–62 (disponible aquí); Laul, M. (2018). ‘Resource Distribution and Power Dynamics in Decentralized Networks’. Medium (disponible aquí); and Laul, M. (2019). ‘The Full Circle Hypothesis’. Medium (disponible aquí). Ver también [28].

[42] Max Weber famosamente identificó el ascenso de la organización burocrática como parte del proceso de racionalización de la sociedad moderna. La adopción de ICT puede verse como la evolución de la burocracia hacia una forma más digital, global, resiliente, y automatizada. Sin embargo, no sería completamente correcto identificarla con una continuación del proceso de “desencantamiento del mundo” porque, para usar la famosa frase de Arthur C. Clarke, “cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Aunque las “cajas de hierro” de la burocracia nacionales están siendo reemplazadas por una “caja de silicio”, el progreso digital al mismo tiempo produce un mundo que, incluso para los estándares del siglo XX, es mágico desde un punto de vista tecnológico. Ver Laul, M. (2019). ‘Blockchain Networks Are Bureaucracies Par Excellence’. Medium (disponible aquí); Weber, M. (1922). ‘Bureaucracy’. From Gerth, H. H. and Mills, C. W. (eds.), Max Weber: Essays in Sociology (pp. 196‐266). Oxford University Press (disponible aquí); y Weber, M. (1946). ‘Politics as a Vocation’. From Gerth, H. H. and Mills, C. W. (eds.), From Max Weber: Essays in Sociology (pp. 77‐128). Oxford University Press (disponible aquí).

[43] Al habilitar instituciones y formas de gobierno nativas de ICT, el cripto representa un tema central en la economía política emergente de la automatización, lo que incluye la pregunta sobre si la gobernanza de blockchain es compatible con conceptos como los pesos y contrapesos democráticos y la responsabilidad pública. Ver Laul, M. (2021). ‘The Great Automaton’. Medium (disponible aquí).

--

--

Un blog sobre tecnología, innovación y transformación digital. Fintech, legaltech, blockchain e inteligencia artificial. Cómo los emprendedores utilizan las nuevas tecnologías para transformar las viejas industrias.

Get the Medium app

A button that says 'Download on the App Store', and if clicked it will lead you to the iOS App store
A button that says 'Get it on, Google Play', and if clicked it will lead you to the Google Play store
Federico Ast

Federico Ast

Ph.D. Blockchain & Legaltech Entrepreneur. Singularity University Alumnus. Founder at Kleros. Building the Future of Law. @federicoast / federicoast.com