Atados 3

Sin magia


Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3 — Sin magia


Dile que la quieres. Leyó en la pantalla después de abrir los ojos y apagar la alarma del celular. “Buenos días” Escribió. Era lunes y ya no había hablado con Andrea, salvo por una llamada muy corta y un pseudomonólogo por whats. Se levantó, sacó una cerveza del refrigerador y encendió la computadora. Un mensaje de Miri. ¡Espero encontrarlo hoy! Le envió una foto de ella arreglada con un pantalón pegado y una chaqueta de cuero con una blusa de escote preciso debajo. Espero que sí. Te quiero. Revisó su correo. Ningún trabajo nuevo. Maldita sea. Abrió su cuaderno y se puso a transcribir el nuevo capítulo de su novela. Esa era una tarea casi mecanizada en la que transcribía y revisaba simultáneamente. Su proceso consistía en al menos tres revisiones. A mano, transcripción y lectura; por lo que podía estar trabajando en tres capítulos en un mismo día dependiendo la fase en la que estuviera. Cuando terminó su labor, abrió otra cerveza y salió a fumar al jardín. Era casi medio día. Se recostó en el pasto y miraba el cielo. Hacía mucho que no visitaba a sus amigos y decidió que esa tarde iría a verlos a la escuela. Y de paso a Andrea, tenía un presentimiento. Comenzó a desvestirse desde el jardín y cuando cerró la puerta, ya estaba en licra. Al terminar su ducha de agua fría, se vistió con un pantalón de corte slim, una playera beige, su blazer verde olivo y zapatos azules de gamuza. Se peinó, recortó la barba y puso un collar en forma de garra de jaguar junto con su rosario budista en la muñeca. Revisó los últimos detalles frente al espejo y practicó una vez más su gama de sonrisas. Perfecto. Cuando llegó a la escuela era la una y media. Se dirigió al patio techado, donde sabía que estarían sus amigos. — ¡Hey! — Seis chicos lo saludaron y se sentó con ellos a platicar. Bromeaban acerca de la mala suerte de uno de sus amigos a la hora de usar herramientas, cuando de reojo vio que Andrea que se acercaba. Ese día usaba una blusa rosa y tenis del mismo color. Dante se levantó y caminó hacia ella. — Buenos días, señorita. — E hizo una reverencia. — Hola. — Le contestó cortante. — ¿Estás ocupada?

-Un poco.

-Vamos a sentarnos.

-Sólo un rato.

Fueron a una mesa vacía para cuatro personas. Se posicionó en un asiento y esperó a ver dónde se sentaría ella. Se sentó frente a él. Dante tenía un hábito muy molesto para muchos: analizar el lenguaje corporal de las personas. No perdonaba ninguna mirada, ademán de manos o posición de pies. Y esta vez se desilusionó al verla elegir ese lugar. También se sentó.

-Aprendí un truco nuevo. — Le decía mientras sacaba su baraja de la mochila.

-Ya no juego contigo, siempre haces trampa.

-No es trampa, es magia. — Puso el abanico de cartas frente a ella y la miró a los ojos.

-Elige una.


La primera cita que tuvieron fue una ida al cine. Recién se habían conocido en el cumpleaños de un amigo y habían platicado lo suficiente para caerse bien. Aunque él ya la había visto antes en la escuela, compartían clase de biología, nunca le había llamado la atención, pues no era precisamente su tipo. Físicamente era una chica promedio callada y seria que caminaba de puntitas y parecía saltar al correr, como si fuera cantando “Voy, por la vereda tropical…” Y ella, con lo despistada que era, no lo recordaba de antes de la fiesta, cosa que ciertamente hería el ego de Dante. Fue hasta después de madrugadas de chateo y pláticas esporádicas en los pasillos, que decidieron salir. Andrea le había picado las costillas para evitar que pagara los boletos y de ese modo ella pagar. “Tengo cupones” Había dicho bajo la mirada sorprendida y estúpida de Dante. ¿Cada cuánto una chica te pica las costillas para evitar que pagues? En su experiencia, nunca. Esperaron en una mesa fuera de la sala a que fuera hora de la función y, para hacer tiempo, Dante había sacado su baraja. — Te enseñaré un juego, elige una carta. — Ella lo miró escéptica. ¿Qué intenta hacer? Se preguntaba. Eligió una carta que memorizó y regresó al mazo. — Quiero que pienses en esa carta, ¿vale? Tu energía estará en ella y yo la encontraré. Es importante que no hables, ni siquiera si la ves pasar. — Sí, claro. Seguía pensando al tiempo que el juego se desarrollaba. Él dio vuelta a las cartas del mazo pausadamente. Una por una fueron apareciendo y, eventualmente, vio su carta, pero se calló. Sacó otras dos cartas. — ¿Sabes…? — Decía Dante todavía con cartas en la mano. — siento que la próxima carta a la que dé vuelta es la tuya. Te apuesto un beso. — Sonrió maliciosamente y su mirada penetró hasta su mente. Se sintió un poco incómoda, pero divertida por una apuesta fácil y la picardía del chico, se cruzó de brazos y siguió su juego. — ¿Y si yo gano? — Él se recargó en el respaldo y alzó el mentón, divertido. — No vas a ganar.


-No volveré a caer.

-Vamos, toma una. — Los chicos seguían sentados en el patio de la universidad. Andrea suspiró y obedeció. Dante la miraba y, a dos mesas de distancia, vio cómo un chico se acercaba a ellos, pero al verlo, a Dante, retrocedió hacia otra mesa. Había sacado su celular y se lo llevó a la oreja. Dante lo recordaba e hizo una sencilla predicción que se cumplió de inmediato. El celular de Andrea sonó y dejó la carta en la mesa para contestar. — Hola… sí, estoy en el patio… — Lo ignoraba en cada frase. — Va, ahorita te veo. — Colgó. — Me tengo que ir, te veo luego ¿vale? — Dante recogió su carta de la mesa. — Claro, ya debía irme de todos modos. — La miró levantarse y alejarse de espaldas, directo hacia el que había llamado y lo saludó con un beso en los labios. Sintió un golpe en el estómago y evitó golpear la mesa sólo por su capacidad de autocontrol. Por dentro sentía reventar su cabeza y quería ir y darle aunque fuera un solo golpe. Rió amargamente. ¿Neta? Es un maricón. El chico sonreía y Dante quería meterle una silla en la boca. Se levantó y con un ademán se despidió de sus amigos. Cerró los ojos un segundo y respiró lo más profundamente que pudo. Los abrió y caminó firmemente mientras exhalaba. Andrea lo vio acercarse y Dante estaba consciente de que se vería sonrojado, intentó relajar la mirada y el resto del cuerpo, pues bien sabía que los ojos son lo primero en delatar las verdaderas emociones. — Andy, me dio mucho gusto volver a platicar contigo. — Se despidió intentando besarla en la comisura de los labios, pero ella se giró y lo evitó. Sonrió aún más, en un intento por suprimir su rabia. — Nos vemos. — Le extendió la mano a al chico.

-Adiós. — Le estrechó la mano dubitativo, sólo con los dedos y sin palma. Dante se odió a si mismo por haberse roto la mano meses atrás y no poder apretar con más fuerza. El apretón de manos, en el mundo de Dante, equivalía a una lucha de fuerza entre los hombres Alfa y los Beta. Y él estaba decidido a ser el Alfa. Necesitó menos de un segundo para analizar al tipo que tenía enfrente. No tenía ninguna característica que lo hiciera sobresalir. Cabello normal, barba aburrida, playeras sosas, apretón de manos deprimente. Lo único que tenía era una voz amigable de gordo y ojos demasiado claros. Es decir, transparentes. Como si no tuviera nada que ocultar. Vaya, honesto. Lo odió aún más. No mames que eres de esas buenas personas.


Aleksei Mora


#PalabrasDeAireYTierra

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Aquí el Capítulo 4

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