La rutina de la gente con éxito

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Estoy harta de las listas de “100 hábitos que tienen las personas exitosas/los genios/la gente a la que deberías querer parecerte antes del amanecer”. No solo nos culpabiliza por no levantarnos a las 04:30 para componer una ópera, sino que extiende la idea de que el descanso es algo innecesario y evitable. Y mira, si alguien quiere amanecer cuando se están acostando en China para cocinarse alguna movida que creen sana y posiblemente no lo sea (azúcares libres, hello), genial, pero que pare esta locura de vender esa idea insana de productividad como un modelo a seguir.

No dormir es una mierda, los días son un horror cuando no has descansado, la privación del sueño afecta directamente a la concentración y al estado de ánimo y es una tortura para el cuerpo. Lo primero, ¿qué es ese concepto de éxito donde el sacrificio por el trabajo despoja la vida de cualquier tiempo de ocio o placer? No todo el mundo tiene las mismas ambiciones, y alguien que no quiere “avanzar” en su carrera ha tomado una decisión perfectamente legítima.

Do What You Love los cojones

Además, ¡tenemos derecho a ser mediocres! No todos tenemos que ser extraordinarios, porque lo “extraordinario” es una etiqueta que a las clases no privilegiadas nos cuesta mucho perseguir. Un poco como cuando le quieres enseñar a tu hijo a ser emprendedor “en lugar de funcionario”, como si lo primero no fuera un engaño y lo segundo fuera diabólico. No todo el mundo puede acceder al “emprendimiento”, y hacernos creer que sí es de ser gentuza. Y de feos. ¿Cómo no se nos había ocurrido antes lo de enseñar a los niños pobres a ser ricos?

Si haces lo que amas, el dinero llegará. O lo que sea. Se nos ha dicho que si no estamos cambiando el mundo es porque no tenemos el arrojo necesario y no estamos persiguiendo nuestros sueños. Encima de pobres, apaleados. La búsqueda de una pasión, algo que mucha gente no tiene, puede ser una distracción, una frustración y un obstáculo para vivir el día a día. Y si la tienes, es posible que se convierta en un infierno en cuanto la transformes en un trabajo. Menuda trampa nos han puesto.

Total, que hagas lo que quieras, pero que no te sientas culpable si no madrugas, no eres persona hasta la hora de comer, no se te puede hablar hasta el tercer café, no tienes tres másters o lo único que hiciste ayer fue tender y encima te llovió. Tu vida es valiosa, decidas como decidas llevarla, y no tiene porqué ser una puta gymkana de ver quién hace más cosas. Que no te diga el Steve Jobs de turno cómo tienes que vivir. Bastante tenemos ya con Trump y con que Michael Fassbender esté con alguien que no soy yo como para sentirnos culpables por hacer lo que nos salga del coño.

Y una cosa os digo: Jane Austen se levantaba sobre las 08:00, sin prisas, y le fue bien excepto por la tuberculosis.