El Primer Acto es Gratis IV: Querido Peter

"Querido Peter" es un cuento epistolar acerca de una sola cosa: el océano.

En esta oportunidad le pedí ayuda a Maca para que leyera por mí y quedé muy contento con el resultado. Una de las cosas que uno espera de un libro es que lo lean, más aún divertido es oír que lo leen en voz alta.

Esta historia no es solo el primer acto, es el cuento completo. Espero lo disfruten y los anime a comprar el libro. Ha sido para mí una alegría ver a la gente leer mi trabajo, disfrutarlo y recomendarlo.

Querido Peter

Querido Peter,
Hace semanas me preguntaste cómo era el océano. Hubo un momento de silencio, tartamudeé, pero más importante, fallé en darte una respuesta. La verdad es, es difícil de explicar a pesar que mis ojos no estén rotos como están los tuyos.
Para el momento que esta carta te sea leída, estarás de vuelta al hospital, a kilómetros del mar y estas palabras llegarán de una voz ajena. Lo siento, pero espero poder darte una respuesta digna ahora que ya he meditado al respecto.
La primera vez que vi el mar tenía 6 años. No te aburriré con detalles, pero yo era una niña muy enferma en los inicios de mi vida, como tú. Hasta esta edad nuestros padres siempre habían esquivado llevarme de vacaciones, más aún la playa. Pero luego de mucha consideración, tomaron el riesgo. Y luego de ese primer verano, el océano y yo nos hicimos inseparables.
Cada verano yo era testigo de su grandeza y me sumergía en ella, siempre ignorante de la complejidad del mar. Jamás traté de definirlo. Y es por eso que tu pregunta me vio fuera de guardia y solo pude tropezar con una vaga definición que nunca te hubiera preparado para tu primer baño. Peter, yo nunca me perdonaré por esto. Te vi caminar aterrorizado mar adentro contra las olas, incapaz de encontrar consuelo en el océano al cual te aventuraste, incapaz de reemplazar con mis palabras lo que tus ojos debieron haber visto si no fuera por tu condición.
No puedo sino pedirte perdón y rogar por una segunda oportunidad para responder tu pregunta para que puedas volver a darle carta blanca al mar.
Sé que no eres un joven religioso, que has abandonado tu fe. Estoy segura de que esta no fue una decisión que hayas tomado a la ligera y llevaste a cabo a plenitud. Es de mi conocimiento que eres un entendido de la fe.
El océano es fe, Peter.
La primera vez que ves el océano sabes de lo que es capaz, no sé de qué manera, pero lo sabes. solo con verlo sabes que si te adentras en lo profundo te ahogarás. Puedes entender cómo se moldean los acantilados. Temes su ira aun cuando nunca hayas navegado a través de una tormenta. ¿Cómo sabes todo esto? No lo sé. Yo no entiendo el océano, Peter. ¿Cómo puedo explicarte sus colores cuando no sé si su tinte azul viene del cielo o el cielo tiene su tinte azul por el mar? ¿Cómo puedo decirte dónde termina si no puedo ver más allá del horizonte? ¿Cómo puedo explicarte lo que es una ola cuando son tan diferentes una de la otra? A según la ola tienes que resistirla, sumergirte o atravesarla de un salto, y no es hasta que te encuentras envuelto en la marea que sabes que has tomado la decisión correcta.
En un caluroso día de verano, Madre fue golpeada por una ola alta y poderosa. La corriente la arrastró por el manto marino. Entre la conmoción, el agua llenó sus pulmones. Tuve suerte de verla y apresurarme a salvarla. Me clavé contra las olas y nadé hacia ella. Tiré de ella desde el fondo del mar e hice lo mejor para arrastrarla a la orilla. Pero las olas rompían estrepitosamente una tras otra delante de mí y cada brazada era en vano. El océano estuvo a punto de robar mi vida y la de Madre. Pero entonces, en el momento justo en el lugar adecuado, una ola nos cargó encima del punto de quiebre. Arrastré a Madre fuera del agua y purgué el agua de sus pulmones.
El océano trató de robarme y yo le robé de vuelta.
Aún así, al próximo minuto, ahí estaba, sin cambios, sin marcas. No habían rastros en la superficie. Nuestras huellas en la arena fueron borradas. El vaivén de las olas limpiaba la sangre de los arañazos en los brazos de Madre que le causé con mis uñas en medio de nuestra lucha contra el océano. A pesar que mi cuerpo tardaría semanas en recuperarse, y el miedo de Madre de volver al océano duraría por años, el mar había borrado y olvidado todo en un instante.
Cuando pienso en Dios pienso en el océano, Peter. Pienso en las arrugas en mis manos, pienso en el preludio y la expectativa que siento cuando mis pies se hunden en arena mojada al plegarse el mar para lanzar una nueva ola en su mecánica eterna. La verdad sobre el mar es que aquello que tú no puedes ver, yo tampoco puedo, Peter. La verdad sobre el mar es que no conozco la verdad sobre el mar. Cuando caminaste dentro del océano, ese día nadaste, sentiste y viste lo mismo que yo vi. Yo no entiendo las olas, no entiendo el color y no entiendo a dónde te puede llevar la corriente o dónde termina el mar.
Sentiste miedo, sin duda. Pero cuando aceptas el miedo, te vuelves más fuerte.
Me encantaría verte de nuevo el próximo verano. Y odiaría verte seco toda la temporada.
Sinceramente tuya, tu querida hermana.

“Bajo la Sombra de los Elefantes” es una obra llena de sentimientos reales en situaciones extraordinarias con personajes entrañables.

A la venta en Amazon en papeldigital.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.