wetwebwork, “Quality and Value” vía Flickr (CC BY 2.0)

Agilidad por palabras: valor

El origen de la palabra valor tiene varias rutas y del enlace retomo dos que me llaman la atención. En Latín, valere que apela a ser “fuerte, bueno, ser de valor, valioso” y del Francés (dice la fuente antiguo) “valioso, precio, valía moral y reputación”. El valor trae consigo algunos términos poderosos: reputación, valía moral y bueno. Precio, ser de valor, etc. son las asociaciones normales y caben también ideas como valor percibido y otras variaciones. El valor es un interpretación, pero, sobre todo, es un concepto esencialmente impugnado.

El término concepto esencialmente impugnado le da nombre a una situación problemática que muchas personas reconocen: en ciertas conversaciones hay una variedad de significados para términos claves en un argumento, y hay una sensación de dogmatismo (“Mi respuesta es correcta y la todos los demás no”), escepticismo (“Todas las respuestas son igualmente verdaderas (o falsas); y todo el mundo tiene derecho a su propia verdad”), y eclecticismo (“Cada significado da una mirada parcial entonces mientras más significados mejor”) y ninguno de ellos es la actitud apropiada hacia la variedad de significados. (Garver, 1978 según cita de Rhodes, 2000)

Valor es uno de esos términos que merece una conversación previa. Valor que yo le doy, valor que usted cree que le doy, valor que yo creo que debería darse, valor que… y así hasta consumirnos en la debacle de presunciones. El baile de las dudas marcado por el compás del ego.

Walter Bryce Gallie acuñó el término “concepto esencialmente impugnado” (yo preferiría la palabra debatido pero me ciño a la traducción tradicional) “para facilitar la comprensión de nociones abstractas, cualitativas y evaluativas.” Y si algo sugiere el valor es una evaluación posterior: cotejar que realmente se le da valor a algo: puerta de entrada al debate.

La agilidad promueve, desde el primer principio consignado en el manifiesto ágil:

Nuestra prioridad más alta es satisfacer al cliente a través de entregas tempranas y continuas de valor en el software.

Se vale cambiar la palabra software por producto y servicio. Se vale porque la entrega de valor es un ideal. Sin embargo, el ideal en este caso está enmarcado en un contexto fundamental para ampliar el debate y delimitar el propósito: el cliente. Buscamos darle valor al usuario final, al que está al frente de eso que hacemos, de ese producto o servicio que pensamos puede generar beneficio, lucro y modelos de negocio. De otra forma el valor se convierte en un capricho del líder de turno.

La cantidad de veces que un proyecto ha sido retrasado, tomado un nuevo curso o cancelado por pasiones, gustos, y caprichos de quien sustenta el poder es una cifra que va de la mano de la historia de la civilización. Las compañías, muchas, van por ahí presentando sus visiones y misiones como un canto de sirenas que seduce pero hunde barcos cuando se debaten con los juegos de poder. El valor de las cosas se asigna desde la visión que una persona tiene pero no desde la negociación entre: el modelo de negocio, las metas y lo que el usuario final necesita/desea/merece.

Tanto es así, que se acuñaron términos para levantar banderas de paz y recordarle a las industrias, al manager, al que hace, que el diseño debe ser orientado al usuario. Tanto es así, que surgen metodologías y marcos de trabajo que promueven la experiencia de uso, la revisión constante de apropiación en ciclos cortos que permitan validación temprana, la prueba con experimentos livianos que confirmen las hipótesis que tenemos desde la visión y el buen deseo de crear.

El valor detrás de un emprendimiento no es buscar, por todos medios, tener la razón. Es saber adaptarse a la incertidumbre que tiene el asumir un diálogo con el otro porque nuestras visiones se encuentran, y esto no es motivo de lucha, es una oportunidad de transformación mutua. El hacedor héroe, ese luchador capaz de inventar de la nada no existe: crear es conectar, dice Kevin Ashton a quien ya le dedicaré muchos textos por venir.

Tomado de la Presentación #M30MX de Luis Mulato para la comunidad Ágiles México

Ese objeto de la imagen, ese clip con ojos no era una mala iniciativa ni tampoco el resultado de un plan por hacer aún peor un software. Era una hipótesis que merecía más validaciones. Para mi, carecía de valor, completamente. Es más, cada vez que aparecía en una suerte de desinteligencia artificial se tragaba recursos de mi equipo y auguraba un seguro colapso del programa. Y como ese caso, estamos rodeados por miles y cientos de miles de soluciones que no agregan valor. Defendemos iniciativas protegiendo el error que no queremos aceptar: le dedicamos horas de producción, pensamiento y desarrollo a algo sin valor.

El valor se consulta en equipo y se valida con el otro, no una, sino muchas veces. Siempre que pueda revise, ajuste, re-construya. La cantidad de productos y servicios diseñados necesitan, en aras de disminuir el desperdicio, de muchos encuentros en los que se confronten las ideas para identificar la ruta que las lleva a algo y le permita tener un ciclo de madurez y crecimiento.

No permita que valor lo cubra una nube oscura propia de las agendas ocultas. Si bien son parte del día a día esas agendas son planes que pueden hacerse visibles en distintos niveles reservando la privacidad que merecen, pero su equipo de trabajo debe reconocer a tiempo el valor real. La transparencia en la identificación del valor es necesaria para crear desde el propósito y las motivaciones intrínsecas. Nada queda oculto, eventualmente sale a flote.

Si usted cree que está protegiendo al usuario al imponer su versión de valor puede que le esté haciendo falta una conversación adicional. Pregunte no con el fin de tener otro estudio serio para disminuir el riesgo de crear. Pregunte para cotejar la noción del otro de valor. He oído citar constantemente la frase “el usuario no sabe lo que quiere” y aparentemente ha pasado por las voces de gurús y profetas digitales. Puede que ese usuario subestimado no sepa qué cosas nuevas van a llegar pero, de eso sí puede estar seguro, el usuario sabe lo que merece: que su idea de valor sea escuchada.

Ármese de valor.