greeblie “After the K-T Event…” vía Flickr (CC BY 2.0)

Los expertos, especie en vía de extinción

Reportan que conexionistas y ahoristas gozan más: noticia en desarrollo

En rigor el estado de maestría no se alcanza jamás. Se llega a una búsqueda constante de una idea de nuestro mejor nivel, eso sí se alcanza. Un cambio beneficioso. O por lo menos ésta puede ser una primera lectura de una idea tan poderosa como misteriosa detrás del término Kaizen. La perfección es un ideal al que no se llega pero procuramos alcanzar: y no es un juego de “gato vs. ratón” porque no hay una persecución, se trata de querer seguir mejorando porque es lo que debemos hacer cuando asumimos un oficio.

Sin embargo, la idea de experto flirtea con la posibilidad de estar por encima de la media. Una persona que ha alcanzado, por cuenta de su esfuerzo y trabajo y probablemente conocimiento, un estado en el que sobresale y puede responder a cualquier reto. Es un experto al que acudimos por respuestas y ayuda. Esta categoría resalta el tiempo y probablemente la llegada temprana a soluciones anteriores y por eso, no todo experto tiene que ser una persona mayor: un niño puede ser experto en resolver problemas en la interfaz del control remoto, saber que elude a un adulto. Pero su experticia es, en todos los casos, pericia.

Por otro lado, está el que tiene experiencias o el que experimenta. Esos no tienen un halo de conocimiento: les precede el mismo acto, hacer. Pero asumen una postura distinta frente al problema: no es un “sé qué se debe hacer en este caso porque soy un experto…”; se enfrentan a la misma situación desde la curiosidad, el reto, la oportunidad y el reconocimiento de la falla. Cuando un experto se equivoca casi siempre se le oye decir “no sé qué pudo haber pasado, no me había pasado antes”. Y cuando me refiero a hacer no es para alimentar el debate de las ciencias aplicadas, porque hacer no implica liberar un producto o servicio, hacer también es identificar, investigar, de hecho es el hacer por excelencia.

Sobre expertos y experiencias, Aldus Huxley, citado por Kevin Ashton, escribe en su libro Texts and pretexts de 1932:

"La experiencia es una forma de sensibilidad e intuición, de sentir y oír las cosas importantes, de prestar atención al momento adecuado de comprensión y conexión."

El experimentado no reposa en la tranquilidad temporal del conocimiento. Mientras que el experto tiene la presión externa de ser el que ya ha validado un conocimiento y lo ha domado. Richard Saul Wurman, un mentor heredado por los lazos con otra conexionista tiene un par de lecciones a la hora de avanzar en un conocimiento:

"Estoy terriblemente fascinado por las cosas que no entiendo."

… y en ese sentido, reconocemos en el experto a alguien que dice entender las cosas, cuando realmente debemos apelar a experimentadores que los convoca la búsqueda. Agrega Wurman:

"Usted sólo entiende información relacionada con lo que usted ya entiende."

… y es una zona de comodidad que debemos evitar a todo costa. Forzarnos a terrenos incómodos donde lo que no entendemos implica revisar, releer, reescribir. Repasar heridas antiguas del conocimiento donde encontramos muros elevados que no sabíamos sortear en ese momento. Wurman piensa justamente en esos espacios de aprendizaje cuando dice:

"La educación es al aprendizaje lo que el turismo por grupos es a la aventura."

Porque buscamos expertos que enseñen y no compañeros de la aventura de aprender. Es aparentemente más sencillo contratar a alguien que pasa información, a crear espacios de aprendizaje con una persona que enseña a preguntar. No son los expertos los que cuentan las derrotas o las fallas: los que se narran desde lo que no saben. Y Wurman es el ignorante por excelencia:

"Acepta la ignorancia; pon más atención en la pregunta que en la respuesta; no tengas miedo de ir en la dirección opuesta."

Yo descubro nuevas cosas a diario de Wurman pero la primera que me llevó a ubicarlo con atención fue el crédito de crear TED: su visión, que puede estar aún vigente ahora que está en otras manos, era la de crear un momento para oír a otros que hacen y que puede que no se declaren expertos, o los mejores, pero sí los que hacen. Oír a los que hacen para encontrar entre sus historias los intentos que los llevan a querer seguir haciendo. En saber contar para comprender está el saber del que experimenta porque casi siempre el experto encripta. Finalmente dice Wurman:

"La clave para hacer que las cosas sean comprensibles, es entender cómo será el no entender."

Estamos persiguiendo el fantasma de ser expertos y nos perdemos la oportunidad de reflejarnos en el que no entiende. Por eso ando buscando camisetas para imprimir un lema que por ahora me sirve de guía: “Sentir, Hacer, Aprender, Repetir.” Y en algún lado esteremos conciliando la ignorancia como un motor y no un enemigo.

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