Alex Negranza “DSC_9732” vía Flickr (CC BY 2.0)

Proteja el secreto encanto de la individualidad

Liderazgo ágil desde las diferencias

Mi computador, que no está viejo, tiene una maña curiosa: si no está prendida la antena de Wi-Fi no funciona la antena de Bluetooth. No son la misma tecnología y no deberían estar atadas pero así es. Eso es lo que pasa. Lo he probado una y otra vez y una vez los periféricos de Bluetooth están andando puedo apagar la antena de Wi-Fi y hacer uso del cable (RJ–45, soy de la vieja escuela). Y sé que con un día dedicado a reinstalar y revisar algunos tutoriales y quejas en foros podría resolverlo pero no lo voy a hacer, quiero pensar que mi equipo es especial. Esa diferencia no es una debilidad. No lo hace un equipo con problemas. Nos da una posibilidad distinta de trabajo en el que reconozco que en cada reinicio tengo que espera un poco más que los demás: ya sabré yo que hacer con ese tiempo.

Cuando las fórmulas de una oficina eficiente o un lugar de trabajo productivo se imponen sobre las oportunidades de auto-descubrimiento de las personas que trabajan allí, es hora de hacer una pausa y revisar el entorno. No dudo del poder de la ergonomía y de las mejores prácticas de seguridad: bienvenidas cuando son herramientas de protección y de prevención; también me tomo un tiempo para hacer ejercicios en mis manos, muñecas y brazos según las recomendaciones del seguro de trabajo que me cobija (ARP se llama ese tipo de instituciones en Colombia); espero a que el ascensor llegue y no uso los controles como si fueran un timbre: le creo a la interface así esté mal diseñada. En pocas palabras trabajo dentro de las normas que alguien pensó para mi bienestar.

Pero, peeero, cuando me dicen que esta es la forma de hacer las cosas mis alarmas internas se prenden: ¿Quién dijo eso? ¿Acaso un consultor que vino y les cobró una cifra grande y dejó pavimentado el camino hacia el futuro en esa tarea? ¿Cómo es que ese procedimiento/tarea/rutina no ha sido actualizada a los comportamientos de la cultura de la organización? ¿Acaso venía en un manual? La prescripción de las tareas es necesaria para comprender de qué manera se puede hacer mejor: lea el manual para resolver un problema pero no crea que todos los problemas están descritos en el manual.

¿Qué pasa si en su equipo de trabajo hay alguien con sinestesia? ¿Si los colores los percibe de otra forma o los sonidos le generan sensaciones en lugares que no están asociados al oído? Eso que puede ser visto como una diferencia positiva y no una interferencia. Sé de casos de talentos que se descubren por esa vía en el mundo de la programación, el arte, los medios, etc. Talentos que descubrieron cómo hacer uso de esa “condición”. Si usted quiere que esa persona sienta como usted siente, que tenga una percepción normal, que su “asimilación conjunta” sea otra, el problema está en usted. Y eso pasa con las fórmulas del trabajo: prescriben bajo un modelo la idea de productividad. En aras de encontrar un rasero para la calidad bloquean las oportunidades de innovación, descubrimiento y conexiones inéditas.

También es posible que en esa cultura el control esté asociado con poder; yde inseguridades y trastornos emocionales está lleno el mundo del liderazgo, pero esa es otra historia. Me interesa encontrar formas de generar valor, sacar producto, liberar soluciones que sirvan y he visto que se puede construir sobre las cosas que tenemos y que son positivas. Martin Seligman y Christopher Peterson reunieron a los investigadores con mayor experiencia en temas de virtud y carácter para entregar un texto increíble con procesos de investigación rigurosos (“evidencia psicométrica, definición conductual, mediciones consistentes”) y que se convirtió en la piedra de toque de la Psicología Positiva: El Manual de Virtudes y Fortalezas del Carácter.

Este manual no es para seguirlo. Es un manual para repasar y encontrar asociaciones que le permiten girar una condición adversa al descubrir la fortaleza que reposa en la fortaleza que cada persona tiene. Imaginemos un caso: una persona que tiene dificultades en entregar producto y duda de su rol en la organización porque no está satisfecha nunca, siente que algo falta, se frena, le preocupa que no todo está ahí… la pieza que arma el patrón no aparece. No es que esté presta a responder la línea trillada de “mi mayor defecto es la perfección”, es que realmente no puede conciliar consigo misma el estado de las cosas y eso le impacta en su vida, en sus emociones, en su cerebro. Puede que debajo de ese comportamiento estén buscando salir fortalezas como: curiosidad, amor por aprender, trascendencia, humor, apreciación de la belleza…

El líder que trabaja con una persona así no puede pedirle que sea como otros: esa es la visión homogénea del rendimiento, eso es ser parte de una maquinaria, eso es ser un recurso intercambiable; el líder tiene en frente a un individuo con unas combinaciones de virtudes y carácter que pide ser oído. Protéjalo. Cultive sus fortalezas. Ayúdele a encontrar la forma de que sus capacidades y las combinaciones de sus condiciones puedan aportar a un sistema que necesita de entrega de producto, de facturación. Ese líder no puede estar esperando a que sus instrucciones sean cumplidas sino que su equipo de lo mejor de sí a partir de un contexto que ha preparado con atención.

El individuo es producto de la modernidad. Y desde otras miradas el individualismo metodológico puede ser una lectura que va en contravía del bienestar colectivo. Pero cada vez el individuo impacta más en fenómenos sociales desde motivaciones y acciones individuales. Puede que la cara oscura de eso sea el Youtuberismo pero para una primera lectura es necesario recuperar el encanto oculto en las cosas que nos hacen únicos, a veces insoportables, pero que claramente llenan de matices hermosos la realidad. La mirada exclusiva del otro es la posibilidad de una mirada nueva para todos.