Scott Schiller: The Yahoo! Billboard, San Francisco: (CC BY 2.0)

Yahoo, el día después

Hoy es un miércoles 27 de julio de 2016, es una mañana lluviosa en Bogotá y hace un par de días se hizo pública la venta de Yahoo. Finalmente se hizo pública para así dejar de lado los mitos urbanos de que pudo ser vendida hace más de una década en cifras astronómicas y que antes del colapso de inicio del milenio tenía un valor aún mayor. No quiero hacer un reporte del porqué Yahoo fue vendida al valor que reportaron. Para eso hay uno muy bueno publicado por Quincy Larson de modo que paso en esa tarea. Sin embargo, quisiera pensar en un par de cosas que van de la mano de la noticia:

  1. No recuerdo cuándo fue la última vez que pasé por Yahoo como sitio en internet. Lo tengo completamente borrado de mi mente y más allá de los errores o logros en gerencia y liderazgo, para mi no había valor en ese sitio. Cosa que no me pasa con Tumblr o hasta Flickr, marcas asociadas a Yahoo que visito con frecuencia.
  2. Hubo un momento en el que la propuesta de una indexación de contenidos realizada por humanos y editada por humanos tenía un valor importante y ese valor se perdió en la cotidianidad digital pero es necesario recuperarlo.

Long time no see

La primera idea puede estar sumada a la segunda pero el que no visitara desde hace años el sitio Yahoo significa que había algo en el valor asociado a ese producto. No tenía un valor para mi. ¡Y eso que lo vi nacer! Porque cuando salió al aire en 1994 el sitio “Jerry and David’s guide to the World Wide Web” tenía, para mi, un valor interesante, alguien estaba haciendo un trabajo importante: organizar la red. Desde entonces ya trabajaba en programación, diseño y desarrollo para la “web” y hacía “multimedia” y estaba al tanto de nuevos proyectos que confirmaran todas las cosas increíbles que iban a pasar con la tecnología.

En ese entonces tenía sentido ubicar los contenidos en un lugar para ser encontrados y recuperar la misión hermosa de personajes como Denis Diderot y Jean le Rond d’Alembert que pensaban que el conocimiento entero se podía editar en un sólo texto. Y entonces le di uso y entre las cosas que más me gustaba era encontrar categorías que no había pensado o que no sabía que existían. Lo veía como una forma de leer internet de una manera distinta, de recurrir al concepto antes que al texto. ¿En qué momento eso dejo de tener sentido para darle paso a una web semántica o al sueño de tenerla alguna vez? No sé. Porque en realidad esa promesa de una tecnología que asocia toda la información así como la concebimos (torpemente) en nuestras cabezas no pasa aún.

Alguna vez volví a pasar por Yahoo hace muchos años y me encontré con una cantidad absurda de texto regado en la pantalla como un recordatorio de “sí servimos de algo, vengan!” y ya la red era otra. No quiero dejar la sensación de pudieron, si hubieran, en vez de, etc. porque desde la orilla del tiempo toda decisión pasada se ve muy sencilla, pero hay una lección de fondo importante: revisar constantemente con el usuario si eso que hacemos realmente genera valor. El que sea. Pero revisarlo realmente, porque el ego y la vanidad de las mentes creativas hacen que sigan al aire productos y servicios que no hacen nada: generan desperdicio.

Lo que somos ahora

Los productos definen a las organizaciones. En realidad es una simbiosis misteriosa de un continuum donde el medio permite que las organizaciones crean que definen los productos y los productos puedan definir a las organizaciones. Es una relación circular pero cada vez confirmo que los productos definen a las organizaciones. Cuando una organización está preparada a liberar un producto que puede no ser el que se esperaba y aprende de esa experiencia, es una organización que ha sido definida, desde la vulnerabilidad, la honestidad, la valentía, y la experimentación. Cuando una organización cree que lo que son es suficiente para sacar buenos productos, pues pasan las cosas que pasan.

Hoy somos otros y los paradigmas que defendemos se van disolviendo y de pronto un día dejamos de usar un índice que no puede trabajar a la misma velocidad de los contenidos que se generan. Ahora buscamos la palabra y esperamos que entre las diez primeras opciones esté lo que necesitamos… ya no cavamos y las cavernas de Yahoo eran valiosas pero la idea de profundizar cambió. ¿Deberíamos proteger esa forma de identificación de conocimiento, una que le crea a las categorías indexadas? Claro que sí, pero para eso el producto debe ser consistente con la propuesta y no querer abarcar todo.

Nuestra cotidianidad hace que los productos tengan un ciclo de vida o por lo menos un ciclo de revisión de valor cada vez más corto. Heme aquí publicando en Medium a la par que edito un sitio web con un CMS (Content Management System) robusto y personalizado. No lo hago por moda o porque “se está usando”, lo hago porque reconozco el valor que me dan ambas plataformas y me adapto. Ese ajuste es el resultado de experimentos livianos, cortos, de mediciones propias que me permiten sacar conclusiones y crear una nueva versión en la siguiente iteración.

No sé si Yahoo hacía Scrum o trabajaban de una forma o de otra. Lo que aprendo de la lección es cómo construir productos que me permitan convertirme en la mejor versión de lo que quiero ser.

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