Desafiando lo Establecido: Transformando la forma de enseñar

Por Alejandra Amenábar F.

Decano Facultad de Diseño Universidad del Desarrollo


Esta es una larga historia; historia de emprendimiento, historia de innovación.

A mediados de 2009 se produjo una convergencia entre lo que estaban desarrollando las facultades de Diseño, Ingeniería y Economía y Negocios así como también el entonces Centro de Emprendimiento e Innovación de la Universidad del Desarrollo.

Cada una de estas unidades, influida por el modelo Stanford, específicamente d.school y STVP, y otros modelos como el de IDEO, veía que existía una oportunidad de desarrollo para la universidad centrada en la innovación, por lo tanto, la posibilidad de iniciar la construcción de un modelo propio que se ajustara a nuestras realidad local.

En el caso particular de la Facultad de Diseño, por esos años, estábamos trabajando fuertemente en un Modelo Educativo donde no podíamos dejar de considerar el contexto mundial y la clara tendencia hacia los temas de innovación y diseño. Los cambios eran cada vez más acelerados, lo cual nos obligaba a administrarlos y a buscar nuevas maneras de captar el interés de nuestros alumnos. Había que ser capaz entonces de canalizar estas nuevas oportunidades agregando valor a lo que veníamos haciendo, tomando posición de ventaja y liderazgo respecto de otras universidades nacionales y adelantándose a los cambios que se vislumbraban en la industria y la educación.

¿Cómo enseñábamos innovación?, ¿cómo lográbamos formar a alumnos que pudiesen insertarse en un mundo laboral donde las habilidades y destrezas que permiten ver “más allá” de lo convencional o simplemente de lo establecido, se convertían en un requisito primordial?

Lo que impulsó este proyecto fue el sueño de avanzar hacia una solución que no fuese simplemente “reactiva” a los nuevos escenarios, donde la universidad solo entregase herramientas de innovación. Soñamos con un proyecto que de alguna manera trajera la discusión externa al ámbito académico.

Bien lo expone el autor Miguel A. Zabalza, quien considera que la realidad universitaria debe ser entendida, necesariamente, a partir de su “espacio interno” y de su “espacio externo” entendiendo el primero como el mundo universitario y el segundo como las dinámicas de diverso tipo, externas a la universidad pero que afectan su funcionamiento. No podemos permanecer ajenos a nuestra realidad externa, no podemos desvincularnos ni de la realidad profesional ni de la investigación que pueda determinar nuestra influencia en esa realidad, sobre todo en nuestra disciplina.

“Trabajamos entonces con mucho optimismo y con el norte de querer transformar la forma convencional en que estábamos enseñando emprendimiento e innovación”

Gracias a una de las principales características de la Universidad del Desarrollo, que es la velocidad en las respuestas a demandas u oportunidades y el gran apoyo que inmediatamente nos dio el Rector Ernesto Silva, es que en agosto de 2009 se designó un equipo de trabajo multidisciplinario con miembros de las facultades de Diseño, Ingeniería, y Economía y Negocios, las que con la visión y soporte del Centro de Emprendimiento e Innovación, comenzaron el trabajo para concretar un proyecto específico.


El equipo designado fue:

Daniel Contesse cumplió el rol de liderar al equipo y organizar el trabajo, ocupando una metodología concreta que fue la del Design Thinking (pensamiento de diseño) “una metodología que impregna todo el espectro de actividades de innovación con una filosofía de diseño centrada en las personas”. Nos pareció interesante iniciar nuestra aventura trabajando radicalmente distinto a como lo veníamos haciendo, especialmente si buscábamos desafiarnos a nosotros mismos.

Es necesario precisar y recordar que nos encontrábamos en el año 2009, cuando escasamente en Chile se oía hablar de esta metodología, la cual hoy cinco años después, es ampliamente conocida, difundida y utilizada.

Se definieron la Misión y el Ámbito del Proyecto y partimos el desafío

Misión
Proveer a la udd de un espacio de interacción entre disciplinas y personas, espacio en el que se desarrollarán proyectos académicos que potencien e incentiven la generación de una cultura pro innovación y la formación profesional en torno a este tema.

Ámbito
Abordar iniciativas que tienen como límite inicial el ámbito académico, tales como programas que otorgan grado académico, espacios de colaboración entre carreras, programas que no otorgan grado académico y cualquier iniciativa específica en torno a innovación que tenga valor desde la perspectiva del incentivo de una cultura pro innovación y la formación profesional.

La propuesta de este proyecto estará también limitada por su objetivo, es decir la definición de una estrategia para la udd que permita tomar la oportunidad del cambio de tendencia.

Es importante aclarar que este ámbito intersecta con el accionar de distintas unidades de la udd y por lo tanto el trabajo de este equipo está planteado desde un principio como uno con un alto grado de coordinación con las áreas que por su naturaleza y su accionar están involucradas.


Iniciamos el trabajo sin ninguna certeza ni meta específica, ambas premisas básicas de un real innovador. Lo interesante es que los alcances de los cuatro meses durante los cuales trabajamos bajo presión, perduran hasta el día de hoy, ya que a partir de la conformación de este equipo se inició un cambio de mirada en cómo educamos en innovación en la UDD y fue el comienzo de muchos de los proyectos actuales que tiene la universidad en esta materia.

El gran problema que teníamos como punto de partida es que los alumnos, por lo general, solo aprenden lo que les enseñamos, ¡y eso no es suficiente! Por otro lado, la mayoría de los docentes ven a sus estudiantes solo como alumnos, lo cual determina que éstos no se vean a sí mismos de otra forma, es decir, no se vean como profesionales, como emprendedores, como diseñadores, como ingenieros, como innovadores.

Entonces imaginamos una nueva realidad basándonos en el trabajo colaborativo, es decir, aportando desde la experiencia y profesión de cada uno de los que integrábamos este equipo así como también teniendo siempre presente a los usuarios finales: nuestros alumnos.

Trabajamos con mucho optimismo y con el norte de querer cambiar la forma convencional en que estábamos enseñando emprendimiento e innovación. Como todo era eventualmente posible, no desechamos ninguna idea sino que más bien las fuimos potenciando colaborativamente para avanzar hacia la formulación de los prototipos finales, que serían uno por cada integrante del equipo.

En mi caso, lo primero que hice fue tratar de repasar en mi cabeza cada una de las reuniones de los tres meses durante los cuales nos juntamos: las discusiones, lo que consideraba aciertos, lo que veía como posibles caminos, las dificultades…. ¿qué podía proponer en base a las cientos de ideas y temas que trabajamos? ¡La misión parecía imposible!

Recordé que al inicio de cada reunión sentía una incómoda sensación, en el sentido de no saber exactamente a lo que iba, ni cómo me relacionaría con personas que eran muy diferentes a mí. Recordé que muchas veces estuvimos a la defensiva, tratando de imponer nuestros puntos de vista o haciendo prevalecer los conocimientos propios.

Sin embargo, no podía dejar de pensar en la experiencia que había significado para mí esos tres meses y en cómo fuimos capaces, todos, de traspasar las fronteras de cada disciplina y generar un lenguaje común basado en la sumatoria de las experiencias propias de cada uno.

Y surgió la idea de “frontera”, de aprovechar y franquear las fronteras.

“…la frontera es la amenaza que fascina pero inquieta”

En el libro “La Comunidad Ilusoria” de Marc Augé se trata de explicar como ningún individuo puede permanecer ajeno a lo que sucede a su alrededor y como las diferentes “fronteras” entre nosotros no son diques, sino umbrales a partir de los cuales podemos reconocernos y potenciarnos.

“El lenguaje no es una barrera infranqueable, es una frontera. Su aprendizaje, antes de llegar a la traducción y a la comprensión recíproca completa, pasa por signos, esfuerzos, intercambios: en suma, por un esfuerzo sutil de reconocimiento del otro como otro, del otro reconocido a la vez como diferente y semejante. Aprender la lengua del otro y, más aún, comprender el lenguaje del otro, es establecer con él una relación simbólica elemental, respetarlo y reunirse con él, franquear la frontera. El aprendizaje de una lengua obliga a prestar atención al otro, a compartir algo con él….”.

Ahí estaba entonces la clave: reconocernos los unos a los otros para fortalecernos. Por lo tanto el paso que había que dar sin querer ya lo habíamos dado: trabajar interdisciplinariamente como oportunidad para generar innovación.

El entorno aislado no es representativo del real mundo del trabajo. Por otro lado la educación limitada exclusivamente en las propias disciplinas evita que los alumnos encuentren soluciones innovadoras.

Y esa fue la columna vertebral de mi propuesta: realizar un año en común para Diseño, Ingeniería y Economía y Negocios, donde los cursos que lo integraran fuesen todos orientados hacia el real aprendizaje de la innovación. De esta manera no sólo estaríamos entregando contenidos sino que también estaríamos produciendo la construcción del conocimiento conjunto, además la propuesta para los alumnos debía ser sumamente concreta y específica, con una oferta de valor clara y atractiva para ellos y donde la experiencia del aprendizaje debía ser fundamental. Todo lo anterior centrándose en el pensamiento de Diseño como eje del programa.

“Ahí estaba entonces la clave: reconocernos los unos a los otros para fortalecernos. Por lo tanto, el paso que había que dar sin querer ya lo habíamos dado: trabajar interdisciplinariamente como oportunidad para generar innovación”

¿Cómo hacerlo?

Entregando las herramientas o competencias necesarias a los alumnos para que logren producir un cambio en su forma de mirar el diseño, la ingeniería, los negocios y proyectos específicos.

Por lo tanto, este quinto año, a mi parecer, debía ser teórico práctico, donde la práctica no solo se desarrollara en los talleres sino que también en empresas o industrias que estuviesen interesadas en sumarse al proyecto. Es decir, mucho trabajo en terreno y prototipos realizados a partir de las tres miradas constituyentes del nuevo programa.

Esto fue el germen de lo que hoy conocemos como dLab y todas las ideas generadas durante estos tres meses dieron origen a nuestro iCubo, el Instituto de Innovación Interdisciplinaria de la Universidad del Desarrollo.

Lo interesante de esta experiencia es que la metodología de trabajo y el entusiasmo de un equipo de docentes determinó una nueva forma de enseñar en pregrado y el inicio del ecosistema de innovación de la Universidad. Creo que si hoy, cinco años después, nos preguntaran si sospechábamos el alcance que esas reuniones iban a tener, todos diríamos que no. Y tampoco se trata de afirmar que esas seis personas fuimos las responsables de todos los cambios. Lo que hoy existe en términos de innovación en la Universidad es fruto del gran trabajo de muchos. Sin embargo, esta historia me parece que es un ejemplo de determinación y, de incluso, una cierta obstinación respecto de una idea inicial que todos compartimos y que potenciamos en base a nuestras experiencias.

Sin duda, es un reflejo de la forma de trabajo en la UDD.