A un gran amigo
No me olvido, estás aquí.
No me acuerdo de cuándo te conocí,
de cuándo te toqué y te escurrías entre mis dedos,
de cuándo me sumergí en tu indomable cuerpo.
Sí me acuerdo de una contagiosa felicidad,
de nostálgicos momentos sin preocupaciones,
de esa majestuosidad que te caracteriza,
de esa bella flora de algas verdes, rojas y pardas,
de esa fauna de especies bentónicas y pelágicas,
de ese movimiento ondulante,
a veces calmado y otras bravo.
Me enamoraste de tal forma
que te quise estudiar,
te quise conocer.
Pero es tal tu magnitud
que se me hizo imposible.
Ahora, cuando más te necesito, te abandoné.
Tal vez por desidia.
Tal vez porque mi mente, imparable, no me deja hacer,
torturándome a cada segundo, sin dejarme respirar.
Sólo tú podrás hacer que no piense, sueñe,
Sólo tú podrás darme calma, calma en mi cabeza,
en ese día en que te apoderes de mi.
Mientras, desde mi ventana, te seguiré observando.