“Queremos tener un impacto real en la producción de comida dentro de la ciudad”

Loic (izquierda) y Guillaume (derecha) son Aquapioneers.

Aquapioneers es un proyecto nacido en Barcelona que pretende revolucionar la agricultura urbana con excrementos de pez. Esta semana finaliza la campaña de crowdfunding, que está a punto de cumplir su objetivo de 30k € para financiar el lanzamiento de los kits DIY de acuaponia en Barcelona y liberar los planos de fabricación de un invernadero en código abierto a nivel internacional. Quedamos con Guillaume, la mitad de Aquapioneers.

Guillaume, ¿qué es la acuaponía?

La acuaponía es la combinación de la hidroponía y de la acuicultura.

En la acuicultura, que es la cría de peces, necesitas una estación de tratamiento de agua y un sistema para la extracción de los excrementos generados por los peces; y en la hidroponía, el cultivo de plantas sin tierra, necesitas añadir nutrientes minerales para las plantas. Con la acuaponía transformamos los desechos de las dos industrias en un recurso del uno para el otro: la caca del pez como abono orgánico para las plantas, y las plantas para filtrar el agua de la pecera. Funciona en un círculo cerrado. En la naturaleza nada se pierde, la acuaponía es un copy-paste de la naturaleza.

Nunca lo había escuchado… es una gran innovación.

¡La acuaponía es muy antigua! Ya los aztecas hacían islas flotantes de tierra en los lagos, donde cultivaban. También se usó en China con el arroz: abrían los campos y dejaban pasar los peces durante unos meses para que abonaran.

En los años 60 el mundo académico volvió a interesarse por este sistema y desde entonces hay 3 países pioneros: EEUU, Israel y Australia, que nos llevan 10 años de ventaja. Pero esto va a cambiar en breve porque China se está poniendo otra vez y siempre que hacen algo es a lo grande. Hace un año la granja más grande estaba en EEUU, ahora está en China.

¿Y España?

España hasta ahora no ha tenido una necesidad. Quizás en nuestra cultura no resulta tan interesante, pero por ejemplo en países como Israel, donde tienen dificultad para acceder a proteínas y hay pocos recursos de agua, la acuaponía tiene mucho sentido. Es una técnica que te permite, en la misma superficie, producir verdura y proteína animal. Aquí en cambio la comida se tira: España ya es un país productor por excelencia.

Mal negocio para la acuaponía.

Donde la acuaponía puede ayudar es en ahorrar agua: ¡hasta un 90%! Por ejemplo, donde tenemos el huerto en Can Valldaura hemos consumido el total de la reserva fluvial del invierno en solo un mes. La única manera de expandir la actividad agrícola en estos momentos sería con acuaponía.

También es relevante en la agricultura ecológica…

La gente cada vez más quiere consumir productos locales y ecológicos.

La agricultura acuapónica es por definición orgánica porque no se puede trampear: si pones químicos matas a los peces. Por eso el sector de la cosmética trabaja mucho con el productor acuapónico, saben que la calidad del producto es la más pura.

¿Cómo empezó Aquapioneers?

Somos dos fundadores que nos hemos encontrado en Barcelona por casualidad: Loic, de Luxemburgo y yo (Guillaume), de Francia.

Loic colaboraba con en una iniciativa de acuaponía en Israel. En 2015 vino a Barcelona por razones personales y estudió Ingeniería en Biotecnología en la UAB. Hizo su tesis de máster sobre acuaponía e incluso acabó diseñando un sistema de acuaponía para el invernadero del edificio inteligente del ICTA (Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals).

Yo, en cambio, no tenía nada que ver con la acuaponia ni con la agricultura. Tengo un título de Ingeniería en Energías Renovables y trabajaba en una multinacional dentro del sector de las “ciudades inteligentes”. Barcelona, con el gobierno de Trías, era la ciudad más avanzada en este sentido y por eso me vine, pero con la llegada de Ada Colau se acabó.

¿Por eso decidiste cambiar de sector?

No. Hace 2 años sentí que ya no podía más, tenía que hacer algo diferente y reconectar con la naturaleza. De pequeño yo pasaba todos los fines de semana pescando a la mosca con mi padre en los ríos y lo abandoné con los estudios y el trabajo.

¿Dejaste el trabajo para reconectar con los peces a través de la acuaponía?

En mi trabajo, las municipalidades siempre hacían la misma pregunta: “¿teneis soluciones de agricultura urbana?” En mi empresa no existía nada. Hablando con mi tío me dijo “mírate la acuaponía: toca tema de agricultura urbana, toca tema de innovación tecnológica y además tiene peces.” Boom.

Lo tenía todo. ¿Cómo empezaste?

Quise montar un sistema en mi habitación de Gràcia siguiendo videos de Youtube, pero mis compañeros de piso no les gustaba la idea.

Entonces pensé en hacer mi doctorado en acuaponía, así que me puse a investigar y vi que no había nada al respecto en España. Yo quería quedarme en Barcelona y tampoco quería hacer un doctorado de 3 años en algo que no sabía si me gustaba. Fue durante este proceso de introspección cuando un amigo de Francia que vino una semana de visita me introdujo al mundo de los FabLabs. Barcelona es la meca de los FabLab, hay más de 70, así que nos pasamos la semana entera visitandolos.

Espera… ¿Qué es un fablab?

Un fablab es un sitio que tiene máquinas de fabricación digital que solo podías encontrar en una fábrica (cortadora láser, impresora 3D, fresadora numérica) a la disposición de todo el mundo. De ahí ha nacido el movimiento maker.

¿Por qué Barcelona es especial dentro del sector maker?

Barcelona es la única ciudad del mundo que tiene hasta 3 fablabs públicos, como una biblioteca. Esto crea una diversidad que no todas las ciudades tienen. Además las iniciativas maker siempre han sido bottom-up, desde las bases. Con la entrada del gobierno de Ada Colau se ha dado un empuje top-down desde el mundo institucional.

Desde hace 2 años ha aparecido el concepto FabCity, al que se han apuntado 16 ciudades, y Poblenou fue el primer barrio FabCity del mundo.

Colau tumbó el proyecto Smart City de Barcelona. ¿Es una de cal y una de arena?

No, al contrario. El concepto Smart City está muy orientado al sector corporativo, grandes empresas. Lo que está haciendo Ada Colau es cambiar el concepto de Smart City a Smart Citizen. Se han redirigido los fondos que antes beneficiaban a grandes corporaciones a iniciativas como la nuestra.

Barcelona está dando un apoyo pionero a los nuevos creadores.

Así llegué a Can Valldaura, el “Green FabLab”. Imagínate, un FabLab en un edificio de 200 años con un gallinero dentro. Me dije: “este lugar tiene algo especial que no acabo de entender” y decidí descubrirlo apuntándome a un curso de formación de 6 meses llamado “Fab Academy” y montar mi kit acuapónico casero como proyecto de final de curso. Ahí es donde conocí a Loic.

Y entonces nació Aquapioneers.

Loic estaba haciendo un curso de permacultura. Se interesó por mi proyecto y yo me ofrecí para ayudarle con las máquinas del FabLab. De una forma muy orgánica vimos que había una conexión y las mismas ganas de emprender, así que acordamos que al acabar el curso montaríamos Aquapioneers.

Aquapioneers ofrece un kit DIY de acuaponía de interior.

¿Decidisteis convertir tu proyecto final en una producto?

En ese momento la única cosa tangible que teníamos era el kit: una pecera y 3 sensores. Nos dimos 3 meses para mejorar el concepto y convertirlo en un producto que se pudiera vender. Decidimos lanzarlo a través de una campaña de crowdfunding.

¿Por qué un crowdfunding?

La mayoría de las personas ven el crowdfunding como un medio para recaudar fondos pero para nosotros tenía 3 objetivos: recaudar fondos, estudio de mercado y posicionamiento de marca.

Hemos desarrollado un producto de innovación total, un producto donde no hay datos para hacer un estudio de mercado. El mejor estudio de mercado que puedes hacer es un crowdfunding: literalmente pedirle a la gente que pongan dinero antes de que salga el producto. Además, la campaña de crowdfunding es una forma de crear comunidad y extender el alcance de la marca.

¿Os ayudó el fablab a montar la campaña?

Sería estupendo, pero no. Fue el ayuntamiento de Barcelona, con Barcelona Activa, quien nos ayudó a través de La Comunificadora, una iniciativa del Departamento de Economía Social y Solidaria que ofrece un programa de asesoramiento para proyectos que desarrollan en código abierto. Ahí entramos en contacto con Goteo, una plataforma de crowdfunding que apoya únicamente proyectos de código abierto. Ellos nos ayudaron a consolidar la estrategia y nuestro modelo de negocio.

¿Cuál es vuestro modelo de negocio?

Al principio nosotros asociamos nuestro modelo a un producto: “hemos hecho un kit y ahora lo vamos a vender”. Pero queríamos seguir con nuestra filosofía de producción local y open source, por lo que los costes de producción lo convertían en un producto de lujo. No todo el mundo puede permitirse 800 € para cultivar aromáticas por mucho que tenga una bonita pecera. A no ser que cultives marihuana, claro.

Así que exploramos otros modelos y lo que surgió fue la idea de llevar la agricultura a los espacios de trabajo, a las oficinas. El modelo de negocio pasó a basarse en ofrecer el alquiler del kit con una serie de talleres de team building. Lo llamamos “Una temporada aromática”, y es un servicio que ayuda a resolver problemas asociados a las oficinas.

¿Cuales son esos problemas?

Trabajamos en espacios estériles. Estamos viviendo un ciclo de digitalización del trabajo que está haciendo que los empleados hayamos desconectado del mundo que nos rodea para conectarnos a los ordenadores, generando problemas de espalda, problemas de vista, problemas de estrés, etc. Hay estudios científicos que demuestran que un dia en la naturaleza ya te calma. Tenemos un reloj biológico que nos hace reaccionar al movimiento del viento, al verde de las plantas, generando una hormona llamada cortisona, la hormona antiestrés.

Nuestra propuesta de valor es el bienestar: cuando sales de tu reunión hueles las plantas aromáticas, te pones a cuidar el acuario y te desconectas. Cuando las plantas han crecido hacemos un taller de cocina.

¿El ecosistema empresarial y de startups de Barcelona es un buen mercado?

¡Tenemos un proyecto piloto precisamente en la empresa de la que me fui para montar esto!

Nosotros diferenciamos 3 segmentos. Primero, grandes corporaciones de más de 500 personas, y aquí hay bastantes: HP, Sanofi, Cisco, Schneider, La Caixa… todas desarrollan programas de bienestar a través del mindfulness, el yoga, etc. En paralelo están las startups con grandes inversiones, tipo Glovo, Wallapop o Typeform, que tienen un montón de pasta y quieren sí o sí un espacio creativo. Y por último los espacios de coworking para autónomos y microempresas. Barcelona es la ciudad del mundo con más espacios de coworking por número de habitantes, hay mas de 200.

¿La campaña de crowdfunding a quien va dirigida?

¡A todos! Una de las recompensas que ofrecemos que ha tenido más éxito es la de “Ayúdanos a convencer a tu jefe”, que cuesta 20 €. Es un mecanismo de creación de leads muy interesante. Y funciona, a la gente le ha gustado. Las empresas, la primera pregunta que hacen es: “¿esto va a funcionar?” El primer paso es saber explicar bien qué es y cómo funciona.

¿Qué haréis cuando acabe la campaña?

Estamos construyendo un invernadero acuapónico.

No os vais a quedar en los kits, ¿verdad?

La idea del kit empezó hace dos años y ahora está saliendo al mercado. Nuestra visión va más allá: queremos tener un impacto real en la producción de comida dentro de la ciudad. Esto solo pasa a través de proyectos de gran escala, y no podemos pasar de un kit a una granja urbana en dos días. Por eso la siguiente fase del proyecto pasa por la creación de un invernadero experimental que nos permita aprender. A nivel de ingeniería no tiene nada que ver.

Ahora tenemos una pecera de 1000 litros y 3 sistemas de cultivo diferentes: en torre vertical, en torre horizontal y con bolas de arcilla. Esto nos permite experimentar y ver qué funciona mejor. Y también lo ofrecemos como open source.

¿Cuál será el modelo de negocio entonces?

Ya nos han comisionado para un primer proyecto de farm-to-table: montaremos un sistema de acuaponía dentro del futuro espacio The Nest de Poblenou. Será un espacio de coworking de 2000 m2 con restaurante, enorme, con 300 m2 dedicados al cultivo dividido en 3 técnicas: tierra, hidroponía y acuaponía. Los otros sistemas serán un servicio para los usuarios, pero el de acuaponía pretende ser un un showcase de lo que se puede hacer a nivel de agricultura urbana.

Parece que la acuaponía no se libra de ser un showcase…

En dos años, el proyecto de Barcelona Food Hub está proyectando un espacio de 600 m2 de cultivo. Ahí habrá oportunidad de construir sistema de acuaponía más grande. Eso ya sería producción de verdad.

Se está creando una simbiosis entre los proyectos de la ciudad relacionados con la innovación y la comida.

Así es. Es muy difícil ser el primero, porque no tienes competencia pero tampoco tienes demanda. La idea es poner los kits en mini sociedad, y poco a poco desarrollar esta cultura que genere con el tiempo una demanda.

¿Cuál es la visión de futuro?

Con los recursos que obtengamos, si todo va bien, vamos a intentar introducir la acuaponía en la comunidades de vecinos. Ahora mismo tenemos este lado B2B porque es donde están los recursos que nos ayudarán a estructurarnos y conocer lo que hacemos y así poder bajar los precios de los servicios para ofrecérselos a las comunidades.

Yo vengo del mundo del business y creo que si quieres tener un impacto de verdad tiene que ser una actividad sostenible, que no dependa de factores externos como las subvenciones.

Tenéis una visión muy clara de lo que queréis hacer.

Piensa que somos dos ingenieros, ¡no hacemos nada si no ha sido antes planificado! Ahora te lo cuento con mucha facilidad pero esto viene de dos años de pensar, de probar, de reiterar.

Llevamos dos años tirando de ahorros, no tenemos paro, no tenemos nada. Mi padre me dice “estás tonto”… pero es el camino más lógico que hemos encontrado.

Y cuando tengáis esta estructura comercial ¿se acabó el open source?

¡Para nada! Queremos seguir ofreciendo nuestros diseños como open source. Una de las grandes ventajas del open source es que es un centro de investigación descentralizado a coste cero. Cuando tienes 1000 fablabs en todo el mundo iterando sobre los mismos diseños, son horas que nosotros no pasamos investigando… esta es la magia del open source y de internet. Tiene un potencial enorme.
No pasa nada si el invernadero está accesible en código abierto, nuestro valor añadido es el servicio.Si en 5 años tenemos una cooperativa de 5 o 10 personas, llevando proyectos en Barcelona y consultoría internacional, yo firmo ya. Lo importante es tener calidad de vida.


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