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Bibliofilia 10
El pathos del titán
Este siglo cinematográfico ha contado con una tabla de salvación que cuenta con más de 70 años de antigüedad: el cómic. Esos dibujos secuenciados que cuentan historias, son la tendencia imperante de la industria después de muchos ensayos y errores. Así ha pasado con todos los géneros que han sido devorados por el cine en sus más de cien años de historia: saturan al mercado hasta el punto del agotamiento, para luego caer en el olvido de la cartelera y las repeticiones nocturnas de la televisión paga.
Sin embargo, el cine superheróico, pese a estar inserto en la misma dinámica, no muestra por el momento signos de agotamiento en sus casi veinte años de esplendor. Marvel, dueña absoluta de la cartelera global, entrega calendarios de estrenos a cinco años vista con una clara línea argumental en la que todos los héroes de su universo cruzan sus caminos en distintas películas; DC Comics apuesta por mantener un tono de drama en sus salidas, distribuyendo sus acciones entre los videojuegos, la televisión y dos o tres producciones taquilleras.
Tan solo hace unas horas, MillarWorld, el sello de Mark Millar, ha sido adquirido por Netflix para trasladar todo su contenido en dos dimensiones al formato de series. Se avizora un estreno de Spawn, y la gente espera la llegada de otra entrega de Star Wars.
Sin contar con que cada año el fenómeno de la Comic Con, tanto la original como las franquicias, son el punto de encuentro de fanáticos e industria. El raudal de información es vertiginoso. Miles de millones en taquilla y derivados muestran que el público está ávido de evasión con mallas.
Sin embargo, el cómic, esa magia sucesiva de paneles, bocadillos y color, vive otra historia. Restringido al campo de lo extravagante hasta hace poco tiempo, leer cómics de superhéroes todavía es visto como un exceso de infantilismo por amplias franjas del público lector, el mismo que aplaude cada novela gráfica en la que el súperpoder sea una larga reflexión sobre la impotencia masculina.
La entrega siguiente de Bibliofilia se suma a la ola de apreciación que hay por el cómic de superhéroes presentando un clásico marvelita: El guantalete del infinito, la siguiente adaptación cinematográfica del MCU en 2018.
Concebido como una serie limitada de 6 números escrita por Jim Starlin y dibujada por George Perez, fue publicada en el albor de la década de los noventa. Es una respuesta al hito de DC Comics, Crisis en las tierras infinitas, pero con un cariz siniestro: la aparición de Thanos, el antagonista no solo de los héroes marvelitas sino de todo el universo concebido.
También es una obra que consolida los denominados “Eventos”, esas extensas series en las que todos y cada uno de los miembros del catálogo aparecen para resolver una crisis que pueda terminar con el universo. El guantalete, a diferencia de los “eventos” que la continuaron, no es una serie abstrusa que promueva la confusión de los lectores. Todo lo contrario, es de una linealidad pasmosa, con pocos retruécanos temporales, personajes muy bien definidos, una tensión en aumento que concluye en la última viñeta y un espléndido manejo “lisérgico” de las secuencias de acción.
Desconociendo el tratamiento cinematográfico por venir, reseñar El guantalete supone una forma de comprender un fenómeno cotidiano, el del adulto que acepta la lectura del noveno arte como una parte estricta de su dieta cultural.

