Los próximos 10 años serán la hostia

Cuando surgen tendencias tecnológicas podemos ver detalles que dicen si simplemente estamos ante cambios circunstanciales o cambios de época.

En 1995, mientras algunos decían que internet y la web era sólo una moda, estuve seguro de estábamos ante un cambio de época. Sucedió cuando vi la presentación de una nueva aerolínea que sólo vendía por Internet: Easyjet.

Cada avión costaba $90 millones y los vuelos se vendían exclusivamente en el web, algo sobre lo cual sólo predicábamos con pasión cuatro ‘iluminados’. Nadie arriesgaría tantos millones si internet fuese una moda pasajera para geeks —viajamos, pero no tanto.

Supe que funcionaba porque cada día conocía más gente que hacía escapadas con Easyjet y explicaban la experiencia inaudita: “¡imprimes en casa la tarjeta de embarque!”.

La decisión de Easyjet me dio mucha confianza en el futuro: los próximos 10 años serán la hostia, pensé. Así fue.

Esta semana supe que un gran banco crea startups relacionadas con inteligencia artificial, Machine Learning, IoT, Big Data, Blockchain. Sus startup sirven para encontrar técnicos con talento que nunca ficharían por el banco.

Blockchain introduce un alto nivel de confianza a los valores intangibles digitales

El CEO de una startup explicó que en el banco saben que su negocio actual tiene los días contados. El futuro del banco es lo que han empezado a hacer esas empresas que funda con unos principios y mentalidades diferentes a las del banco. Han entendido una cuestión esencial para que la inmersión digital funcione: los líderes del negocio analógico no liderarán el negocio digital; casi nunca sucedió y las probabilidades de que tampoco suceda son muy altas. Tienen que trabajar en ambientes separados.

Felicidades.

Este detalle me dijo que estamos ante un cambio de época y que los próximos 10 años serán la hostia.

Los banqueros de la tercera revolución industrial se limitaron a informatizar lo que hacían a mano durante la segunda revolución. Funcionó porque siguieron trabajando con dinero. En la cuarta revolución industrial posiblemente no usaremos dinero; los bancos necesitan laboratorios que lo repiensen todo en digital.

“Ya te llamaremos”

Como “predicador iluminado” mi experiencia hasta 2015 fue un poco frustrante. Puedo destacar que BCN.CAT empezó a comprar el proyecto Suricata — entre otras ideas para el plan estratégico que me encargaron. Suricata consistía en colocar metadatos a la ciudad convirtiéndola en una interfaz; un servicio de datos abiertos que etiquetaría todos los elementos del entorno. Llegaron las elecciones y el nuevo gobierno paró el proyecto.

Eso fue casi todo en cuanto a transformación digital — me gusta más llamarle ‘inmersión digital’.

IBM Research

Cuando algunos empresarios valoraban contratarme para su inmersión digital, les decía que tendríamos que crear un laboratorio. Serviría para probar los elementos de la siguiente etapa mientras lo repensábamos todo en digital. Haría falta contratar gente. También necesitaríamos algunos empleados conocidos, pero posiblemente eran no los que pensaban: algún 'nerd' que ahora estaba desaprovechado. El primer paso era pasear por la empresa para conocerlos a todas y todos, saber qué hace cada cual, porqué lo hace.

A menudo decían que todo era mucho más de lo que imaginaban:

— ¿Y cuál es el retorno de la inversión en ese laboratorio?
 — Continuar abiertos dentro de 10 años.
 — ¡Qué chulo eres! Ya te llamaremos.

Esta semana he sabido que un gran banco hace exactamente eso. Bueno, todavía es más ambicioso que sólo un laboratorio: startups con laboratorio incluido.

(La mayoría de posibles clientes hizo su 'transformación digital’ contratando un Community Manager para conseguir muchos seguidores en las redes sociales)

Autor: José Alejandro Tropea

Ahora tengo la suerte de no trabajar para clientes con quienes no puedo ser claro o dirán “ya te llamaremos”. Mi cliente ahora es el país y no reprimo nada a la hora de conseguir lo mejor para la sociedad. Puedo equivocarme, pero en política es absurdo trabajar con temor porque sabemos qué día nos despedirán nos equivoquemos o no; hagamos lo que hagamos. Mientras tanto, ¿porqué no trabajar decididos en la dirección que honestamente creemos que van las cosas?

Hace falta ser claros y decididos porque los próximos 10 años serán la hostia.

(Y los próximos 25 también)