Primer capítulo del podcast Cabalga el cometa

Cabalga el cometa es un podcast sobre tecnologías exponenciales dirigido y presentado por Ludo (Marc Alier).

Photo by Greg Rakozy on Unsplash

No sucede a menudo, pero con Marc sí. Cuando le explicas algo sabes que te entiende sin apenas explicarlo. Por eso te interrumpe — cosa que no es un bug sino una feature de Marc. A continuación suele decir algo que le da una nueva perspectiva a tu idea. O la pone a prueba con una objeción interesante, muy alejada del dunningkrugerismo.

Nueve meses atrás me preguntó, por teléfono, qué me parecía su nuevo proyecto para “analizar y explicar la importancia de las tecnologías exponenciales”. Le dije que era muy necesario, pero que algunos lo despreciarían llamándole ‘iluminado’. A Marc le da igual porque lleva gafas rosa-Barbie Dream.

Selfie: Marc Alier

Si trabajase — o trabajara — en una empresa le dirían que ese color es frívolo y está demasiado alejado del color corporativo azul-testosterona; si trabajara — o trabajase — para un gobierno toparía con haters que le dirían que “no le pagan para” llevar gafas rosa porque los altos cargos deben practicar el estreñimiento expresivo que la [vieja] política supone para una autoridad 24h / 365d.

Marc tiene la suerte de trabajar para el sector académico y estar protegido por su libertad de cátedra, un derecho que beneficia a la sociedad porque permite que personas como él vayan más allá de lo que puede ver la mayoría.

Que Marc me invitase al primer capítulo del Cabalga el cometa fue un privilegio para mi —’ invitase’ o ‘invitara’, es lo que tiene no olvidar la cosa imperfecta.

Al escuchar el podcast me di cuenta de muchos fallos; desde mi nariz tapada hasta mi poca flexibilidad intentado no salir del tema del momento. Mi maestro ante los micros, Jordi Vendrell, sólo tenía tres consejos pero muy certeros:

— Sonríe al micro.
 — No quieras salvar el mundo, la radio [el podcast] es sólo espectáculo.
 — Escucha los programas porque jamás te gustarás; eres tu crítico más cruel y sólo mejorarás.

Lo escuché.

En el primer Cabalga ignoré el feedback de Marc un par de veces — o más. Intentaba no irme por las ramas porque es un viaje que también me gusta demasiado y el capítulo no debía convertirse en un festival de bifurcaciones, bucles e intersecciones.

En el podcast hay una parte que ahora me doy cuenta que debo ampliar. Cuando hablamos de algoritmos de inteligencia artificial para la educación, Marc dice algo potente:

“¿Cómo podemos hacer algoritmos de algo que todavía no conocemos bien?”

Debí decir algo sobre eso, porque es muy interesante, pero algo me llevó hacia el tema predominante aquellos minutos: “¿en qué trabajaremos?”. Aprovecho éste medio escrito, más reposado y reflexivo, para decir que me parece que podemos conseguir, en inteligencia artificial, para problemas que todavía no sabemos cómo tratar bien. La educación es uno.

Tiene mucho a ver con un tema que no llegamos a tratar en el podcast por falta de tiempo: el internet de las cosas. Por ‘cosas’ me refiero a todo aquello que no tecleamos, que es lo que se hace con las herramientas de la tercera revolución industrial. Son las cosas que hacemos y decimos en nuestra vida cotidiana. Lo que ahora consideramos personal — e incluso aburrido e intrascendente — tiene un peso tremendo para ti y para mi, pero no está reflejado en las estadísticas que se nutren de datos tabulados consecuencia de encuestas.

Los detalles ínfimos personales tendrán su lugar en la cuarta revolución industrial porque tendremos la suficiente capacidad tecnológica para recogerlos y tratarlos. En el podcast digo que me impresiona la escena de la niña en la piscina de este vídeo promocional de Watson:

“Entiendo los eufemismos, las idiosincrasias y las metáforas complejas”

Cuando suceda, las estadísticas serán más precisas porque hablarán de nosotros, como humanos individuales, y no de masas. Sucederá porque las redes neuronales de la inteligencia artificial tendrán suficientes datos para identificar patrones exclusivos sobre cada persona humana. Esta novedad dará lugar a algoritmos que ahora nos parecen impensables. Servirán para satisfacer casi cualquier necesidad personal e íntima.

Todo ello será posible gracias a las tecnologías digitales exponenciales de las que trata el podcast.

Muchas gracias, Gordon Moore — sí, soy un bitólogo tecno-optimista.

En el podcast hablamos de Moore y muchas cosas más. Sobretodo de la revolución de las tecnologías exponenciales. Lo encontraréis en cabalgaelcometa.com. El lugar tiene los enlaces necesarios para suscribiros, cosa que hice inmediatamente porque la cosa promete.

Moltes gràcies, Marc!